Miércoles 22 de septiembre de 2021

Mons. Castagna: "Hay que reflotar todos los valores cristianos"

  • 30 de junio, 2017
  • Corrientes (AICA)
El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, destacó que el Evangelio es el "fermento para la vida moderna", al advertir que la enseñanza evangélica se debilita "cuando se la lee fuera de su contexto propio: la persona de Jesucristo". "Éste es un momento en el que debemos reflotar todos los valores cristianos, para que la realidad personal y social encuentre en ellos la necesaria virtud renovadora. Trasciende la práctica de un culto religioso", aseveró en su sugerencia para la homilía dominical.
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El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, destacó que el Evangelio es el "fermento para la vida moderna", al advertir que la enseñanza evangélica se debilita "cuando se la lee fuera de su contexto propio: la persona de Jesucristo".

"Cuando la escuchamos debemos prestar toda nuestra atención a Jesús y al don de su Espíritu", sugirió, y sostuvo: "De otra manera corremos el riesgo de ideologizar o politizar su Mensaje".

"Éste es un momento en el que debemos reflotar todos los valores cristianos, para que la realidad personal y social encuentre en ellos la necesaria virtud renovadora. Trasciende la práctica de un culto religioso", aseveró en su sugerencia para la homilía dominical.

El prelado afirmó que "la imagen evangélica del fermento ayuda a entender la verdadera y amplia proyección de quienes están adheridos a la Palabra de Dios. De esta manera, la Redención produce una enérgica animación de la vida humana; de sus culturas y del orden legislativo adoptado por los diversos pueblos y naciones".

"Animar es orientar e impulsar, evitando encerrarse en estructuras rígidas o blandengues que no logren contener la sustancia de ´lo único necesario´. El mundo necesita encontrarse con el autor y referente de la fe: Jesucristo", concluyó.

Texto de la sugerencia
1.- Cristo Dios, nuestro absoluto. Nos hemos referido a la centralidad de Jesucristo en la historia de la humanidad, y en la de cada ser humano. De sus labios divinos nace la inspiración de este texto del Apóstol y evangelista San Mateo: "El que ama a su padre y a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí" (Mateo 10, 37). Solamente amando a Dios "sobre todas las cosas" podremos amar de verdad a nuestros seres más queridos. El "no ser dignos de Él" es constituirse en incapaces de amar a los demás: a los padres, a los hijos, a los amigos y a la Patria. No es fácil aprender esta verdad, esencia de toda verdad. Para ello será preciso dejar de ser auto referente para que Dios, visualizado en Cristo, sea el referente principal de nuestra vida. Detrás de expresiones, que observaríamos con desconfianza si las formulara cualquier otra persona, está la revelación de Dios, como Ser necesario, único Absoluto de la vida del mundo y de cada persona.

2.- Reconocer nuestra necesidad de Dios. Inevitablemente nos es urgente desmontar una falsa estructura de la personalidad, basada en la "soberbia de la vida". Sin caer en la llamada "baja estima" será preciso no sobrevalorar nuestras capacidades, al emprender un sendero que conduce inevitable y continuamente al fracaso. Reconociéndonos imperfectos y necesitados de Dios es como nos ponemos en camino a la auténtica perfección. ¡Qué lejos estamos de esa situación prudente y sabia! Parece normal - por su práctica generalización - simular virtudes y ambicionar alguna prestigiosa función, para montar un espectáculo engañoso en el escenario del mundo. Para identificarnos por lo que somos es preciso partir de nuestra pobreza sustancial y necesidad de Dios. El pecado es un autoengaño inspirado por el Maligno: "No, no morirán. Dios sabe que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal". (Génesis 3, 5) Quienes ceden a la sutil tentación de hacer las cosas a su manera - excluyendo referir su existencia y comportamiento al Creador y Padre - desfiguran su identidad de criaturas e hijos de Dios. Al rechazar esa propuesta diabólica, se posibilita el orden intentado, hasta ahora sin éxito, consumiendo el fruto tramposo de la personal y solitaria "realización". El ideal no es otro que el propuesto por Quien nos ha creado y redimido. Procede de la "idea" - de verdad y de belleza - que Él propone a nuestra libertad para lograr la realización de la identidad humana que nos corresponde. Cristo vino a reconducirnos al cumplimiento de la voluntad del Padre, que Él muestra realizada en Sí, Modelo perfecto de todo ser humano. La primera Encíclica del Papa San Juan Pablo II (Redemptor Hominis " 4 de marzo de 1979) expone extensamente esta indeformable verdad.

3.- Dios es necesario a la Creación. La urgencia por lograr un encuentro con Cristo, mediante la palabra apostólica administrada por la Iglesia, responde a la extrema necesidad del hombre contemporáneo. Los hombres - todos - necesitamos a Dios. Dios es necesario a la vida humana y a toda la creación. Sin ÉL todo perdería su consistencia, nada existiría. ¡Cómo cometemos la insensatez de prescindir de Él, aún con la mente! Recorro la galería de los empeñosos ateos y de quienes, ante la dificultad de creer, se declaran agnósticos. Estuve leyendo las conclusiones de un genial científico, aún viviente - Stephen Hawkins - y no dudo que su ciencia le enseñará lo que aún no conoce: la existencia de Dios, su Creador. La creación, humildemente observada, guarda un mensaje inocultable del Creador para los sabios, a quienes la ciencia ejercita en la humildad. A la fe acceden los humildes: sabios e indoctos; grandes y pequeños. La humildad es condición indispensable para llegar a la verdad y vivir en ella. Jesús lo afirma con firmeza, muy lejos de pretender atraer la simpatía del pueblo. No pretende que lo aplauda la muchedumbre, ni arrancarle, demagógicamente, una entusiasta e interesada adhesión.

4.- El Evangelio, fermento para la vida moderna. Es debilitada la enseñanza evangélica cuando se la lee fuera de su contexto propio: la persona de Jesucristo. Cuando la escuchamos debemos prestar toda nuestra atención a Jesús y al don de su Espíritu. De otra manera corremos el riesgo de ideologizar o politizar su Mensaje. Éste es un momento en el que debemos reflotar todos los valores cristianos, para que la realidad personal y social encuentre en ellos la necesaria virtud renovadora. Trasciende la práctica de un culto religioso. La imagen evangélica del fermento ayuda a entender la verdadera y amplia proyección de quienes están adheridos a la Palabra de Dios. De esta manera, la Redención produce una enérgica animación de la vida humana; de sus culturas y del orden legislativo adoptado por los diversos pueblos y naciones. Animar es orientar e impulsar, evitando encerrarse en estructuras rígidas o blandengues que no logren contener la sustancia de "lo único necesario". El mundo necesita encontrarse con el autor y referente de la fe: Jesucristo.