Miércoles 27 de enero de 2021

"El Señor mirándote con amor te dijo: Deja todo y sígueme"

  • 25 de noviembre, 2020
  • Ituzaingó (Corrientes) (AICA)
Monseñor Santiago Olivera ordenó un nuevo sacerdote para el clero castrense en la ciudad de Ituzaningó, Corrientes.

El obispo castrense de la Argentina, monseñor Santiago Olivera, ordenó sacerdote al diácono Darío Joaquín Verón en una ceremonia que tuvo lugar en la mañana del sábado 21 de noviembre, en la parroquia Nuestra Señora del Loreto de la ciudad de Ituzaningó, Corrientes.

Presidió la misa el obispo castrense y concelebraron el obispo de Santo Tomé, monseñor Gustavo Alejandro Montini, el vicario general de Santo Tomé, monseñor Gustavo Acuña, los capellanes mayores de la Fuerza Aérea Argentina, presbítero César Tauro, Gendarmería Nacional Argentina, presbítero Jorge Massut, Prefectura Naval Argentina (PNA), presbítero Diego Tibaldo; el rector de la Catedral Castrense, presbítero Diego Pereyra; y los capellanes castrenses, presbíteros Daniel Díaz Ramos, Padre Guillermo Conti, Pedro Ferrari, Epifanio Barrios, Jorge Noguera, Roque Franco, Marcelo Szyszkowsky, Andrés Rojas; y los presbíteros Nahuel Esmoris y Leonardo Barrios de la diócesis de Santo Tomé.

Asimismo, estuvieron presentes, el Jefe Región Norte de PNA, Prefecto General, Osvaldo Daporta, el intendente de Ituzaingó, Corrientes, Eduardo Bruna, integrantes de Prefectura Naval Argentina (PNA), Gendarmería Nacional Argentina (GNA). Acompañaron, familiares y amigos de Darío Verón y fieles de la zona. Los fieles diocesanos siguieron en vivo la transmisión de la celebración a través de las redes sociales.

En su homilía, monseñor Olivera expresó: “Hoy es un día de mucha alegría para la Iglesia, y sin duda particularmente para la Iglesia diocesana castrense, porque un hijo suyo, y un hijo de esta ciudad, Darío, será ordenado sacerdote para siempre. Para un obispo y en esto sé que me repito y no me cansa hacerlo, la ordenación de un sacerdote significa un gozo muy grande, que renueva en la fe y en la esperanza. Es dar al pueblo que se me ha encomendado pastores para que los sirvan según el corazón de Jesús. Es prolongar mi vida y ministerio por medio de los ministros consagrados, en este caso es prolongar mi ministerio por medio del padre Darío”.

Más adelante, se dirigió al neopresbítero y le dijo: “Estoy seguro de que lo has rezado y que en tu camino de formación lo has trabajado, pero es bueno tener presente y compartir con todos que este sacerdocio, este ministerio que recibís no es un don meramente personal, sino que recibís el sacerdocio para los demás. Para apacentar, guiar, para conducir”.

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“Por Cristo has sido capaz de dejar todo para seguirlo a Él. Y te fuiste preparando para seguirlo en la espiritualidad propia de un sacerdote diocesano. Pero diocesano castrense, por tanto, no limitado a un territorio, sino abiertos a una realidad personal, ya que se nos confían los miembros de las Fuerzas Armadas y Fuerzas Federales de Seguridad de nuestra Patria”, añadió.

En otro tramo de su homilía, manifestó: “El amor a Cristo es la primera condición para ser pastor en la Iglesia, pero el amor a Cristo se manifiesta en el amor a los hermanos”; y de este modo lo animó a tener claro “durante toda tu vida, que el Señor que te miró amándote, y te eligió, porque quiso, te envía. La fidelidad de Dios en la elección debe acompañarte todo tu ministerio sacerdotal. Cuando experimentes el cansancio, los aparentes fracasos y algunas desilusiones de la vida, acordate que es el Señor el que te llamó, es el Señor, que te prometió su Presencia siempre, hasta el fin, es el Señor que mirándote con amor te dijo: Deja todo…y sígueme”.

Al concluir, encomendó al joven a los patronos del clero castrense, San Juan de Capistrano y del clero argentino, San José Gabriel del Rosario Brochero; y a la Virgen María “en sus variadas advocaciones, como Loreto, en su año Jubilar Lauretano, patrona de esta parroquia en la que hoy recibís este regalo y en la de Nuestra Señora de Luján, patrona de nuestra Patria y de nuestra diócesis, te dé siempre un corazón dócil para dejarte conducir por el Espíritu, un oído atento para saber escuchar al Señor y una disponibilidad pronta dar la vida”.+

» Texto completo de la homilía