Miércoles 28 de septiembre de 2022

La arquidiócesis de Paraná tiene un nuevo sacerdote

  • 23 de septiembre, 2022
  • Paraná (Entre Ríos) (AICA)
"Que la Eucaristía llegue a ser para vos una escuela de vida", le deseó el arzobispo Juan Puiggari al conferir el orden del presbiterado al diácono Julián Rodríguez en la catedral paranaense.
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Con una celebración presidida por el arzobispo de Paraná, monseñor Juan Alberto Puiggari, el miércoles 21 de septiembre fue ordenado sacerdote el diácono Julián Rodríguez.

La ordenación tuvo lugar en la catedral Nuestra Señora del Rosario, hasta donde llegaron familiares, amigos y miembros de las comunidades parroquiales de Santa Rosa, de Villaguay, donde el flamante sacerdote está ejerciendo su ministerio pastoral y también de Santa Lucia, su comunidad de origen. 

En su homilía, el prelado dio gracias a Dios porque "una vez más ha cumplido Su promesa. Con inmensa alegría estamos participando de la Eucaristía en la que este hermano nuestro va a recibir el sacramento del Orden que lo configurara con Cristo Cabeza, Pastor, Siervo y Esposo de la Iglesia".

El arzobispo planteó luego: "¿Qué significa ser sacerdote? ¿Tiene validez en un mundo secularizado como el nuestro? ¿Vale la pena?"

"El sacerdote se ubica en la misma consagración y misión de Cristo: «Como el Padre me envió, también yo los envío a ustedes». «Como el Padre me ama, Yo también los he amado». Solo así se comprende lo radical del llamado y lo irreversible de la respuesta que va a dar Julián. Cristo tiene derecho a elegirlo y a enviarlo, de una manera original y única. Cuando se lo piensa en la fe, se comprende algo de lo misterioso y maravilloso que estamos viviendo…", señaló.

"El sacerdocio es un don, es una elección, es una gracia inmerecida, porque no está basada en nuestros propios méritos o capacidades, sino en el  puro amor de predilección de Dios".

El sacerdote, agregó, "recibe de Cristo nada menos que los tesoros de la salvación para distribuirlos entre sus hermanos a los cuales es enviado. Se trata de los bienes de la fe. Es, por tanto, el hombre de la Palabra, el hombre de los sacramentos, el hombre del «misterio de la fe». Nadie puede considerarse «propietario» de estos bienes. Todos somos sus destinatarios. El sacerdote, sin embargo, tiene la tarea de administrarlos en virtud de lo que Cristo ha establecido".

"La vocación sacerdotal es un misterio. Es el misterio de un «maravilloso intercambio» entre Dios y el hombre. Éste ofrece a Cristo su humanidad para que Él pueda servirse de ella como instrumento de salvación, casi haciendo de este hombre otro sí mismo. Si no se percibe el misterio de este «intercambio», no se logra entender cómo puede suceder que un hombre joven, escuchando la palabra ‘‘¡Sígueme!», llegue a renunciar a todo por Cristo, con la certeza de que por este camino su personalidad humana se realizará plenamente", consideró.

"El Espíritu Santo quiere servirse de Julián, de su boca, de sus manos, de su cuerpo para proclamar incesantemente la Palabra; traducirla de tal modo que toque los corazones, pero sin alterarla ni rebajarla, sin acomodarla a sus criterios; y repetir el gesto de ofrecimiento de Jesús en la Última Cena, sus gestos de perdón a los pecadores", afirmó.

Dirigiéndose al nuevo sacerdote, expresó: "Querido Julián: ¡Qué grande y maravilloso es proclamar la Buena Nueva!, hacer conocer a Jesucristo; poner a nuestros hermanos en relación personal, viva con Él; velar por la autenticidad y la fidelidad de la fe, para que no decaiga, para que no sea alterada ni esclerotizada. Ser maestro de fe y predicador incansable de la misma; testigo de quien vive lo que anuncia y ayuda a descubrir, con gestos cotidianos, la verdad de lo que dice y lo que cree y así mantener en la Iglesia el impulso misionero, como nos insiste Francisco, formando comunidades santas, evangelizadoras y servidoras".

"¡Que noble misión es dispensar los misterios de Dios!, ser canal transparente de la gracia de Cristo, hacerlo presente de modo sublime en el misterio pascual a través de la Eucaristía, y en su gesto misericordioso del perdón".

"¡Qué extraordinario es ser pastor! construir y mantener la comunión entre los cristianos, en el lugar que se te confíe, corresponsable de las otras comunidades de la Arquidiócesis, todas en unión con el sucesor de Pedro. ¡Qué desafiante buscar las ovejas perdidas!", exclamó.

"En ese pastoreo tendrás que presidir la caridad de tu comunidad especialmente entre los más pobres y los que más sufren", exhortó monseñor Puiggari, señalando: "Sólo podrás servir eficazmente al hombre si te sientes «encadenado a Cristo por el Espíritu”. Somos humildes servidores de los hombres; pero nuestra capacidad de servicio la engendra en nosotros la absoluta y gozosa inmolación a Cristo".

"Que la Eucaristía llegue a ser para vos una escuela de vida, en la que aprendas a entregarla. La vida no se da sólo en el momento de la muerte, y no solamente en el modo del martirio. Debes darla día a día. Debes aprender a desprenderte, a estar a disposición del Señor para lo que te necesite  en cada momento. Dar la vida, no tomarla. Sólo quien da su vida la encuentra", anheló.

"Marianizá tu sacerdocio. Como san Juan, introdúcela en el dinamismo de tu existencia y de tu misión. Vas a comenzar a ser su hijo predilecto porque te asemejarás más a Jesús, y también porque como Ella, vas a estar comprometido en la misión de proclamar, testimoniar y dar a Cristo al mundo", anticipó el arzobispo. "Que Ella te conceda la gracia de la generosidad en la entrega, la fidelidad en el compromiso, una vida pobre y un amor ardiente y misericordioso", rezó.

Y tomando el lema sacerdotal elegido por Julián: “Por Cristo, con Él y en Él”, expresó: "Con Él, que siempre nos acompaña; que siempre dirige nuestros pasos; que jamás nos niega su Gracia. ¡Siempre con Él!, rechazando cuanto nos aparte de Él…En Él, ¡en el Señor! Ya comamos, bebamos, o hagamos cualquier otra cosa, siempre en Él, en el Señor, para Gloria del Padre. Cuanto hacemos, lo hacemos en Cristo, movidos por su Espíritu Santo; con Él y por Él para la Gloria del Padre y para el bien de nuestros hermanos".

Finalmente, el prelado extendió su bendición a la familia del nuevo sacerdote, a los formadores del Seminario, especialmente a las comunidades parroquiales de Santa Lucía en donde nació su vocación, y de Santa Rosa que lo acompañó con tanto cariño en esta última etapa. "Demos gracias a Dios y pidamos con insistencia y confianza por el aumento de las vocaciones sacerdotales y consagradas", concluyó.

La primera misa del presbítero Rodríguez será el sábado 24 a las 20 en la parroquia Santa Lucía.+