Jueves 22 de octubre de 2020

Los "sueños" de la arquidiócesis de Bahía Blanca

  • 4 de marzo, 2020
  • Bahía Blanca (Buenos Aires) (AICA)
El arzobispo de Bahía Blanca, monseñor Carlos Alfonso Azpiroz Costa OP, y su obispo auxiliar, monseñor Jorge Luis Wagner, compartieron algunas líneas pastorales para la arquidiócesis. Con el título "Soñando Juntos", detallaron algunas palabras claves surgidas como conclusión del Encuentro Pastoral Arquidiocesano celebrado en 2019: La escucha, el trabajo en red, el sentido de pertenencia y la oración. Además, enumeró las características pastorales que constituyen los "sueños" de la arquidiócesis y las propuestas para cumplirlos.

Con el título “Soñando Juntos”, el arzobispo de Bahía Blanca, monseñor Carlos Alfonso Azpiroz Costa OP, y su obispo auxiliar, monseñor Jorge Luis Wagner, compartieron algunas líneas pastorales para la arquidiócesis.



Para empezar, los prelados recordaron la exhortación postsinodal “Querida Amazonía”, del papa Francisco, en la que comparte algunos sueños: un sueño social; un sueño cultural; un sueño ecológico y un sueño eclesial, que se despliegan en los capítulos del documento.



En ese sentido, plantearon: “¿Qué soñamos para nuestra arquidiócesis?”, y señalaron que “tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento encontramos diversos hombres y mujeres que sueñan cosas inspiradas por Dios”.



Luego de enumerar algunos ejemplos, incluyendo el célebre discurso de Martin Luther King “Tengo un sueño” y una cita del discurso del papa Francisco a los jóvenes de La Habana en la que los exhortaba especialmente a soñar, los obispos reconocieron que “soñar es desear, buscar horizontes, abrirse a cosas grandes”.



“Compartir con otros sus sueños implica acoger y aceptar al que piensa diferente ¡o tiene otros sueños! Los sueños que se comparten nos ayudan a tener el corazón y la mente abierta. Sueños que se comparten y apertura de corazón alimentan la esperanza. La esperanza, lo sabemos, no es un estado de ánimo (como el optimismo); la esperanza es sufrida, sabe sufrir para llevar adelante un proyecto, la esperanza sabe sacrificarse, es fecunda y se da en el trabajo. Esto se relaciona con la cultura del encuentro”.



Esos sueños para la arquidiócesis se engloban en algunas palabras clave: la escucha, frente a la realidad particular y concreta de la aceptación del otro como camino para avanzar en la integración de la comunidad; el trabajo en red, expresado como necesidad de una mejor comunicación y concertación de la comunión eclesial; el sentido de pertenencia, para “sentirnos familia en el crecimiento de vínculos sanos y sinceros nacidos de la experiencia y el encuentro con Dios”; y la oración, entendida como “camino para fortalecer una corriente de gracia a nivel personal, parroquial y diocesano”.



Además, enumeraron algunas notas características que son “sueños” para la arquidiócesis: una evangelización “multidimensionada” que tenga en cuenta la cultura, la comunidad, lo emocional y lo ético; una formación integral, entendida como capacitación para confiar en las propuestas y en las orientaciones que la Iglesia local propone; la administración de los sacramentos, porque “una comunidad que siente la urgencia de escuchar, de ser escuchada y de escucharse, pide la presencia y el acompañamiento de los ministros en la administración de los sacramentos”.



Para animar esos sueños, los prelados propusieron algunas acciones, “pensadas desde lo que nuestro pueblo fiel viene compartiendo en los encuentros arriba mencionados”.



En primer lugar, fortalecer los consejos pastorales parroquiales “para que las conclusiones puedan reflexionarse en ese ámbito y surjan las propuestas concretas cada comunidad”.



En segundo lugar, animar las áreas pastorales en las parroquias desde los equipos diocesanos y zonales, para compartir recursos y colaborar en la formación de los agentes pastorales.



Por otra parte, proponer una formación integral, totalizante de la conciencia y el corazón de los fieles; educar la fe de los adultos y jóvenes en todos los ambientes, sin descuidar a los niños, ancianos y sufrientes.



Finalmente, incentivar a las distintas áreas de pastorales específicas a que elaboren un plan de acción anual o de largo plazo, determinando objetivos concretos y que sepa también comunicarlos; y mejorar la comunicación, la accesibilidad de datos e información y sortear la información unidireccional.



Entre las propuestas concretas para encarnar esos sueños (tanto las palabras claves como a los ejes de posibles lineamientos pastorales), se sugiere incorporar los docentes de las escuelas católicas de la diócesis a los espacios de trabajo de la Pastoral Juvenil en los sucesivos EPA; la realización de encuentros pastorales zonales; generar actividades transversales que comprometan a toda la comunidad parroquial y acerquen a la parroquia las distintas franjas etarias teniendo en cuenta las particularidades, dones y talentos de cada una.



Además, se propone promover una actitud de acogida cordial en las comunidades parroquiales; y que la comunidad se comprometa en pos de un cambio social. Esto último implica establecer algún tipo de relación con las instancias políticas y sociales que tienen poder de decisión y programarse como “comunidad en salida”, aprender a “bajar el Evangelio a la calle”.



A modo de conclusión de su carta, monseñor Azpiroz Costa y monseñor Wagner citaron las palabras del papa Francisco en su exhortación “Querida Amazonía” como expresión de comunión en la arquidiócesis.



“A todos los cristianos nos une la fe en Dios, el Padre que nos da la vida y nos ama tanto. Nos une la fe en Jesucristo, el único Redentor, que nos liberó con su bendita sangre y con su resurrección gloriosa. Nos une el deseo de su Palabra que guía nuestros pasos. Nos une el fuego del Espíritu que nos impulsa a la misión. Nos une el mandamiento nuevo que Jesús nos dejó, la búsqueda de una civilización del amor, la pasión por el Reino que el Señor nos llama a construir con Él. Nos une la lucha por la paz y la justicia. Nos une la convicción de que no todo se termina en esta vida, sino que estamos llamados a la fiesta celestial donde Dios secará todas las lágrimas y recogerá lo que hicimos por los que sufren”.



“Que nuestra Madre y maestra, Señora de la Merced, nos ayude también a soñar, soplando al oído del corazón de cada parroquia, comunidad y movimiento, de cada uno de nosotros, aquellas palabras que dieron lugar al primero de los signos de Jesús, en Caná de Galilea: «Hagan todo lo que él les diga»”, concluyeron.+