La unidad del género humano no significa uniformidad, sino diversidad de riquezas
- 18 de mayo, 2013
- Santa Fe
El arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, monseñor José María Arancedo, explicó que en la solemnidad de Pentecostés se celebra "el nacimiento visible de la Iglesia, que tuvo su origen en la Pascua de Cristo. No podemos separar la Pascua de Pentecostés". El prelado subrayó que el Concilio Vaticano II señala que la misión de la Iglesia al servicio de la unidad de toda la familia humana es "en Cristo como un sacramento o señal e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano", pero aclaró que esto "no significa uniformidad sino reconocimiento de la diversidad de riquezas de todos los pueblos, pero desde la unidad de origen que es la obra y el amor de Dios". "Esta unidad, sabemos, no se construye por la fuerza de las armas, sino con la fuerza moral de los valores que reconocen que la unidad y dignidad de los hombres y de los pueblos, se apoyan en la conciencia de: ?pertenecer como miembros vivos a la gran comunidad mundial?", concluyó.
"La misión del Espíritu Santo es convertir en gracia, interiorizar en nosotros, la obra de Jesucristo. No nos revela nada nuevo, todo nos ha sido revelado por Jesucristo, pero a él le corresponde iluminar, profundizar el conocimiento del evangelio y fortalecer la vida del cristiano. Su obra da plenitud a la obra de Jesucristo. Por ello el tiempo propio del Espíritu Santo es el tiempo de la Iglesia, él es como el alma que la anima y la guía. Esta verdad de nuestra fe es la que nos lleva a elevar nuestra oración a él para que nos asista e ilumine", subrayó en su reflexión semanal.
Tras señalar que "el Espíritu Santo actúa interiormente para transformarnos a imagen de Jesucristo", indicó que "cuando San Pablo les dice a los cristianos: "tengan los mismo sentimientos de Cristo Jesús", lo que hace es decirles déjense guiar por el Espíritu Santo".
El arzobispo explicó que "si bien la obra del Espíritu Santo es un don personal ella tiene, sin embargo, una función que me trasciende, porque tiene horizontes de humanidad. Gracias a él, conocemos el designio de Dios que alcanza a toda la humanidad. Esto fundamenta no sólo la dimensión y exigencia personal de ser misioneros, sino que nos hace descubrir la misión de la Iglesia al servicio de la unidad de toda la familia humana".
Asimismo, precisó que el "Concilio Vaticano II nos habla de esta misión, diciendo que la Iglesia: ?es en Cristo como un sacramento o señal e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano?. Esto no significa uniformidad sino reconocimiento de la diversidad de riquezas de todos los pueblos, pero desde la unidad de origen que es la obra y el amor de Dios".
El arzobispo santafesino citó luego el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia Católica para afirmar que "el mensaje cristiano ofrece una visión universal de la vida de los hombres y de los pueblos de la tierra, que hace comprender la unidad de la familia humana?. Esta unidad, sabemos, no se construye por la fuerza de las armas, sino con la fuerza moral de los valores que reconocen que la unidad y dignidad de los hombres y de los pueblos, se apoyan en la conciencia de: ?pertenecer como miembros vivos a la gran comunidad mundial?".
"Esto no es ajeno a las consecuencias morales y políticas de la fe en Dios, que se nos ha manifestado en Jesucristo y se convierte en fuerza interior por obra del Espíritu Santo", puntualizó.
Monseñor Arancedo afirmó que al decir esto "no puedo olvidarme de la escena que viví en Roma el día que asumió el papa Francisco. Había en la Plaza San Pedro más de 170 delegaciones de todo el mundo, incluso de países que estaban en guerra, pero todos reconocían en los valores que predicaba Francisco una verdad y una esperanza para la humanidad, y concluyó con una cita de Juan XVIII: "Ninguna época podrá borrar la unidad social de los hombres, puesto que consta de individuos que poseen con igual derecho una misma dignidad natural".+
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