Sábado 13 de abril de 2024

Francisco: 'El sacramento de la Reconciliación es un encuentro festivo que sana el corazón'

  • 17 de marzo, 2023
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
El Papa acudió este viernes a una parroquia de Roma para presidir una celebración penitencial, en el marco de la décima edición de "24 horas para el Señor", que se celebra en todo el mundo
Doná a AICA.org

En su primera salida a una parroquia romana después de una larga interrupción, Francisco se dirigió este viernes 17 de marzo a Santa María de Gracias, una iglesia en el centro-oeste de Roma, a solo unas decenas de metros de los muros del Vaticano.

En esta parroquia construida a principios de la década de 1940, sin ningún atractivo particular para los visitantes de la Ciudad Eterna, se guarda un tesoro querido por los fieles romanos: el icono de Nuestra Señora de las Gracias (Madonna delle Grazie).

Colocado ahora sobre el altar, se venera en Roma desde 1587, cuando el venerable Fray Albenzio de Rossi lo trajo de Tierra Santa. Permaneció en una pequeña iglesia en Borgo Angelico -una calle no lejos de la Basílica de San Pedro- hasta la década de 1940. En 1924, el cardenal Merry del Val la coronó en la Plaza de San Pedro ante una multitud de doscientos mil romanos, según crónicas de la época.

Luego, en diciembre de 1984, San Juan Pablo II acudió a la iglesia de Santa María de Gracias para coronarla nuevamente. El icono representa a una Virgen amamantando al Niño Jesús. “Una imagen de ternura femenina y maternal. Por lo tanto, puede ser realmente el icono de este día dedicado a las confesiones”, confía al diario italiano Avvenire don Antonio Fois, párroco.

En efecto, este 17 de marzo marca el inicio de las 24 horas para el Señor, una iniciativa instaurada por Francisco hace diez años, y que tiene lugar en las diócesis de todo el mundo en la víspera del 4º domingo de Cuaresma –Domingo de Laetare-, para invitar a los católicos a vivir el Sacramento de la Reconciliación y un tiempo de oración.

La celebración penitencial presidida por el obispo de Roma en la iglesia Santa María de Gracias comenzó con una Liturgia de la Palabra –con el Evangelio donde Jesús narra la parábola del fariseo y el publicano–, seguido de la homilía del Santo Padre, luego el ritual de la reconciliación, con adoración al Santísimo Sacramento y confesiones individuales de 25 sacerdotes y del mismo papa.

En su homilía, el Sumo Pontífice advirtió contra la actitud del fariseo, el que “se levanta”, “recto y triunfante”, para orar a Dios en apariencia, mientras él “se celebra a sí mismo”. El fariseo es el hombre de la impostura: “oculta sus debilidades en la hipocresía. No espera del Señor la salvación como un don, sino que la exige casi como recompensa por sus méritos”.

Menos jactancioso, el publicano “se mantiene a distancia”. Pero esta distancia, enfatizó Francisco, es lo que “le permite experimentar la bendición y el abrazo misericordioso del Padre”. El papa señala que esta distancia, signo de humildad, es bienvenida en otras circunstancias: "Hay un verdadero diálogo cuando sabemos conservar un espacio entre los demás y nosotros, un espacio sano que permita a todos respirar sin ser aspirados o cancelado". También deploró la actitud crítica de algunos cristianos, que son más rápidos en reconocer el pecado del prójimo que el propio.

El publicano “se reconoce en verdad tal como es ante Dios”, “lejano”. Ahora el Señor, por su amor misericordioso, viene a salvar esta distancia. “Él nos tiende la mano para levantarnos cuando sabemos 'tocar fondo' y cuando nos encomendamos a Él con la sinceridad de nuestro corazón”, añadió el papa.

Dios, prosiguió, “no tiene miedo de descender a lo más profundo que habita en nosotros, de tocar las heridas de nuestra carne, de acoger nuestra pobreza, los fracasos de nuestra vida, los errores que cometemos por debilidad o negligencia”. Viene a nosotros “cuando nos alejamos de nuestro ego pretencioso”, y “nos espera sobre todo (...) en el sacramento de la Confesión”.

El obispo de Roma también elogió la oración del "pobre de espíritu, (...) que necesita la salvación y pide la gracia, se presenta ante Dios sin ostentar sus méritos, sin pretensión, sin presunción: no tiene nada y por eso no encuentra todo, porque encuentra al Señor”.

El Santo Padre animó entonces a los fieles a hacer un "examen de conciencia", sin esconderse "detrás de la hipocresía de las apariencias", ni ocultar lo que "por vergüenza no somos capaces de compartir", sino reconociendo como publican "la distancia que nos separa entre lo que Dios ha soñado para nuestra vida y lo que realmente somos cada día”.

El Sacramento de la Reconciliación, aseguró, es “un encuentro festivo, que sana el corazón y deja paz interior; no un tribunal humano al que temer, sino un abrazo divino del que se sale consolado”. También instó a los sacerdotes a conceder el perdón con generosidad y gentileza. “Por favor, el sacramento de la confesión no es para torturar, sino para dar paz. Perdonen todo, como Dios les perdonará todo a ustedes. Todo, todo, todo”, les pidió.+