Sábado 25 de septiembre de 2021

En la fiesta del Milagro, Mons. Martín llamó a dar la vida por nuestros hermanos

  • 15 de septiembre, 2021
  • Salta (AICA)
En la Solemnidad del Señor del Milagro, el arzobispo de Rosario, monseñor Eduardo Eliseo Martín, presidió una misa en la catedral del Señor y Virgen del Milagro, de Salta.
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En el último día del Triduo del Milagro en Salta, el arzobispo de Rosario, monseñor Eduardo Eliseo Martín, presidió en la catedral la misa en honor del Señor del Milagro.

La Eucaristía estuvo concelebrada por el arzobispo de Salta, monseñor Mario Antonio Cargnello; el obispo de San Justo, monseñor Eduardo García; y el obispo emérito de Puerto Iguazú, monseñor Marcelo Martorell, junto con sacerdotes del clero local. 

En la homilía, expresó: "Vengo a tomar gracia, como un peregrino más, para renovar mi vida de fe, renovar mi ministerio como pastor, viendo también por la Iglesia que presido en Rosario, ante el Señor y la Virgen".

"En estos pocos días que estuve aquí compartiendo con ustedes el Triduo del Señor y la Virgen del Milagro, he quedado muy reconfortado al ver la fe de todos ustedes. Es impresionante ver la plaza en silencio. Era impresionante ver a tantos con su librito rezando la novena, sobre todo en algunas horas que estuve confesando. En la confesión, más que quedarse asombrado por los pecados, que la mayoría de las veces son todos los mismos; lo novedoso, lo reconfortante es el espíritu de fe que yo percibí, especialmente en los más humildes, que viniendo aquí con todo su sufrimiento y su dolor, vienen confiando plenamente en el Señor y la Virgen y en su infinita Misericordia", relató.

"Realmente uno queda edificado y renovado en la fe, por eso, ciertamente que cuando me vaya de aquí, voy a volver con una esperanza renovada para seguir ejerciendo el Ministerio allí donde el Señor me ha puesto, llevando a mis fieles y sacerdotes, todo esto que he podido comprobar, tocar con mis manos y ver con mis ojos", reconoció. 

"Es hermoso que hoy podamos renovar este Pacto de Fidelidad, que ustedes desde ya hace siglos vienen realizando al Señor, que: 'Tú dulce Jesús, serás siempre nuestro y nosotros seremos tuyos'. Pertenecer, esto es  lo importante, decir que 'el Señor es nuestro y nosotros somos suyos', es este sentido de pertenencia, lo que nos da la identidad como personas y como pueblo es la pertenencia", consideró.

"La cultura moderna, contemporánea siempre ha querido arrancarnos nuestras raíces, siempre nos ha hecho creer que uno renunciando a las raíces, olvidándose de dónde viene, va a ser más uno mismo, va a tener más libertad y, en realidad, cuando nos desprendemos de nuestra historia y olvidamos a nuestros antepasados por los cuales hoy estamos aquí, somos como una hoja de un árbol que se corta, se seca y el viento la lleva de un lado para el otro. Es así cuando no tenemos sentido de pertenencia. Por eso que bueno, que importante es que cada año se renueve este Pacto y que cada día renovemos nuestra fidelidad al Señor, diciéndole que somos de Él y Él es nuestro", sostuvo.

El prelado remarcó que "sólo la constancia salva nuestras vidas, sólo la perseverancia, sólo renovar cada día el sí al Señor es lo que nos hace estar de pie, nos hace caminar con esperanza aún en medio de las grandes dificultades que atravesamos en este tiempo de sufrimiento por la pandemia, la falta del trabajo, la pobreza, la violencia, la drogadicción y el narcotráfico y tantos otros males que padecemos".

"Este Pacto, esta alianza, esta renovación de la alianza es ante el Señor Crucificado. Esta es la gran paradoja, que dando la vida, perdiendo la vida se la salva, es lo que el Señor Jesús hizo por nosotros. Tanto amó Dios al mundo que nos envió para que fuéramos salvados por medio de Él", valoró. "¡Cuánto amor, cuánta misericordia, cuanta compasión del Señor por todos y cada uno de nosotros! por esta humanidad menesterosa, humanidad pobre, humanidad pecadora", exclamó.

"Hoy le pedimos al Señor la gracia que también nosotros, como Él, nos animemos a dar la vida, a perder la vida por nuestros hermanos, a ser servidores de nuestros hermanos y no a querernos servir de ellos. Cuánto necesita nuestra patria de este amor para zanjar las grietas que nos dividen y nos enfrentan, para descubrir que el otro es mi hermano, que el otro es un don para mí y no es un cero a la izquierda, que aunque el otro no piense como yo o sea  distinto es un bien para mí, por el cual estoy llamado a dar la vida", admitió.

"Si nosotros amamos al crucificado y somos de Él también somos invencibles. Y también, si ofrecemos la vida como Él, estamos contribuyendo al bien tan precioso que nuestra patria necesita, para poder salir de su estado de postración y poder iniciar un rumbo de progreso, no sólo material sino espiritual, de fraternidad, de respeto por el otro, que sea realmente digno de la persona humana", aseguró. "A eso nos llama el Señor: a dar la vida, a esa locura del amor, a despojarnos de todo, sabiendo que el amor vence al mundo", concluyó.

Con esta jornada de celebración culmina el Triduo del Milagro que cada año reúne a miles de salteños, pero que en esta oportunidad y debido a la pandemia, tuvo que ajustarse a los protocolos sanitarios de la provincia, llevándose a cabo presencialmente pero con un límite de aforo. Por la tarde, la procesión con las imágenes será sin acompañamiento de fieles, que podrán saludarla a su paso durante un recorrido que realizará por la capital durante cuatro horas.

La procesión culminará en el Monumento 20 de febrero, donde a las 17 se profesará el pacto de fidelidad.+

» Texto completo de la homilía