Martes 29 de noviembre de 2022

Villa María tiene un nuevo sacerdote

  • 23 de agosto, 2022
  • Villa María (Córdoba) (AICA)
En una celebración presidida por el obispo de Villa María, monseñor Samuel Jofré Giraudo, el 13 de agosto fue ordenado sacerdote el diácono Franco Vleminchx.
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La catedral Inmaculada Concepción, de Villa María, se colmó de fieles que el 13 de agosto acompañaron al diácono Franco Vleminchx en su ordenación sacerdotal.

La misa estuvo presidida por el obispo de Villa María, monseñor Samuel Jofré Giraudo, y el nuevo sacerdote, oriundo de Los Cóndores, estuvo acompañado por sus familiares y amigos.

En su homilía, monseñor Jofré señaló que “Cristo nos da las luces ciertas de la fe. Gracias a esas luces, nosotros sabemos por qué vivimos y para qué vivimos”. 

“Sabemos que Dios nos ha dado la vida por amor para compartir con Él ese amor para siempre. Por la fe nosotros sabemos que toda persona es digna desde su concepción hasta su muerte natural, que la sexualidad es una maravilla fuerza para el amor y la complementariedad del varón y la mujer”, agregó. 

Y aclaró que aunque la fe “no nos da respuesta a todos los interrogantes y cuestiones que la vida en este mundo nos plantea”, sabemos “que no estamos a oscuras, que nuestra vida tiene un sentido y orientación precisos, que nuestro pecado ensucia la bondad con la que fuimos creados, pero que la ley de Dios es ley de libertad y su misericordia vence al egoísmo”. 

Así, “la mentira, la injusticia, la violencia, la traición no tienen la última palabra sino el amor, la comprensión, el perdón y la paz”, aseguró.

“¿Cómo vence Cristo la tristeza y el egoísmo? Con su amor crucificado por nosotros, con su resurrección gloriosa y la efusión del Espíritu Santo a su Iglesia. Este amor de Dios tiene su fuente y máxima expresión en el misterio inefable de la santa misa. Franco hoy recibirá el poder de renovar en el altar la entrega amorosa de Jesús. Es tan grande el misterio de la Eucaristía que no acabamos de comprenderlo nunca y menos aún de aprovecharlo totalmente”, reconoció el obispo. 

“Franco, se te irá toda la vida en aprender a celebrar la santa misa. No dejes de celebrarla diariamente, para gloria de Dios y salvación de los hombres. Muchas veces te sentirás feliz de presidir una gran asamblea, otras estarás con un pequeño grupito de fieles y en ocasiones totalmente solo. Pero no dejes nunca de celebrarla, prestándole tus manos, tu boca y tu libertad al amor de Cristo”, exhortó. “Su eficacia es infinita, aunque ahora no veamos todos sus frutos. Celébrala diariamente por amor a Cristo y a su Iglesia. Allí está la fuente y el culmen de tu vida sacerdotal, en esa íntima unión con Cristo que se ofrece al Padre y a sus hermanos”.

“No dejes que la amargura o el desaliento se adueñen de tu alma. Es el momento de crecer en el amor misericordioso de Dios. La experiencia honda de nuestra propia e inmerecida salvación será estímulo para tener toda la paciencia del mundo con nuestros hermanos. Ese amor misericordioso tuyo hoy se verá enriquecido con la fuerza de la misericordia divina, que perdona los pecados de quien se arrepiente y los confiesa”, sostuvo el prelado. 

“Franco, junto a la celebración de la Eucaristía, la dedicación a perdonar los pecados de los fieles es lo más característico de la vida sacerdotal. Que la generosa atención del confesonario sea el modo principal que tengas de lavar los pies a tus hermanos. Allí encontrarás mucha motivación para crucificarte con Cristo y una de las fuentes genuinas de los más profundos gozos sacerdotales. ¡Cuánta paciencia y cuánta bondad necesitarás! No dejes de buscarlas acudiendo tú mismo a esa fuente de misericordia para el perdón de tus pecados”, animó. 

“Nuestra patria vive desde hace años tiempos tristes, que en nuestros días son también agitados. Quizás te preguntes muchas veces si tu acción sacerdotal es útil para la vida social. Franco, nuestra consagración y misión sacerdotal están muy por encima de las circunstancias culturales, políticas o económicas de cada época, sean favorables o adversas. No las menosprecian, al contrario, las asumen con la fuerza del profundo amor a nuestros hermanos que Cristo quiere renovar por medio nuestro”, advirtió monseñor Jofré. “Pero el valor de nuestro sacerdocio no consiste en la utilidad que el mundo encuentre en nuestras acciones, por grande que sea”. 

“Se trata de que le demos a nuestros hermanos la verdadera felicidad, la que no pasa, la que nada ni nadie nos puede quitar, que es la felicidad de sabernos queridos por Dios. Tu sacerdocio será siempre necesario, más que nunca cuando no te lo valoren”, insistió. 

“¡Qué hondas motivaciones necesitamos para sostener esa entrega! Nadie podrá dártelas si no mantienes tu diaria conversación íntima con Jesús y la Virgen”, afirmó. “Por el contrario, caldeado tu corazón en el fuego del Espíritu Santo, todas las dificultades te resultarán llevaderas y unirás generoso tus esfuerzos a los de toda la Iglesia mediante la obediencia pronta a las disposiciones del Santo Padre, hoy Francisco, y del obispo que la providencia te conceda”.

Finalmente, dirigiéndose a los fieles, el obispo llamó a pedir a la bondad divina “que nos conceda las vocaciones sacerdotales que necesitamos”. 

“La Virgen, madre y consuelo de los sacerdotes, nos alcanzará este don del Corazón sacerdotal de Jesús. Pidámosle también que nos conceda la conversión pastoral, a la que el papa Francisco nos llama, y podamos así acoger y formar adecuadamente las nuevas vocaciones que confiamos nos dará”, rezó.

El padre Franco realizó su formación en el seminario “Jesús Buen Pastor”, de Río Cuarto. Celebró sus primeras misas en la parroquia Nuestra Señora del Carmen, de Río Tercero, y en la parroquia Sagrado Corazón, de su natal Los Cóndores.+