Viernes 23 de julio de 2021

Mons. Sánchez en el tedeum: "Sin leyes no hay Patria, no hay verdadera libertad"

  • 9 de julio, 2021
  • San Miguel de Tucumán (AICA)
El arzobispo tucumano llamó al diálogo que "acrecienta la fraternidad y la amistad social", citó un sermón de Fray Mamerto Esquiú y abogó por una verdadera "Patria de hermanos, todos argentinos".
Doná a AICA.org

El arzobispo de Tucumán, monseñor Carlos Sánchez, presidió el tradicional tedeum en la catedral local en el marco de los actos por el 205° aniversario de la Declaración de la Independencia Nacional.

La ceremonia comenzó con la llegada de la imagen de la Virgen de la Merced desde la basílica tucumana y la recepción de las autoridades encabezadas por el gobernador provincial Juan Manzur. Al finalizar, se rezó una oración interreligiosa, con representantes de los credos de Tucumán.

En su homilía, el arzobispo tucumano llamó al diálogo que "acrecienta la fraternidad y la amistad social", y alertó: "No hay ninguna diferencia entre ser el dueño del mundo o el último de los miserables de la tierra".

El arzobispo dio gracias “a estos hermanos que así construyen la Patria”, pero aseguró que “todavía nos falta mucho por crecer en auténtica libertad, justicia y fraternidad”.

“Nuestro pueblo argentino tiene su identidad, valores y tradiciones, no sucumbamos ante estas nuevas esclavitudes”, pidió, y advirtió: “Un modo eficaz de licuar la conciencia histórica, el pensamiento crítico, la lucha por la justicia y los caminos de integración es vaciar de sentido o manipular las grandes palabras”.

“¿Qué significan hoy algunas expresiones como democracia, libertad, justicia, unidad? Han sido manoseadas y desfiguradas para utilizarlas como instrumento de dominación, como títulos vacíos de contenido que pueden servir para justificar cualquier acción”, sostuvo, y agregó: “La forma de dominar es sembrando desconfianza, desesperanza, negando el derecho a existir, a opinar e imponiéndose con la agresión y la división. No hay proyectos a largo plazo pensando en el bien común, sino recetas inmediatistas que destruyen. ¿Somos un pueblo independiente? ¿Qué es lo que nos domina y no nos deja crecer en fraternidad?”.

Monseñor Sánchez señaló que “en este tiempo de pandemia, así como se evidenciaron las mezquindades, el atropello y la injusticia; también han salido a la luz muchos argentinos que se han jugado la vida y la siguen gastando en los diversos servicios esenciales. Cuántos se han reinventado y han hecho esfuerzos de adaptación y, con creatividad generosa, no claudicaron ante tanto dolor, sufrimiento y muerte”.

“Hemos descubierto más evidentemente que necesitamos del otro y que el otro necesita de nosotros. Caminemos juntos por una Patria de hermanos, como hijos de esta misma tierra que nos cobija a todos, cada uno con la riqueza de su fe y de sus convicciones, de sus capacidades y potencialidades”, indicó, y subrayó: “Todos hermanos, todos necesitados, todos servidores. Todos argentinos”.

El arzobispo puso el acento en la necesidad de dialogar y, tras detallar sus múltiples significados, lamentó que muchas veces se convierta en “monólogo disfrazado de debate que responde a intereses particulares, y no al bien común”.

“El diálogo acrecienta la fraternidad y la amistad social”, aseveró y concluyó citando dos párrafos del sermón del 9 de julio de 1953 de Fray Mamerto Esquiú, el orador de la Constitución que será beatificado el 4 de septiembre:

¡República Argentina! ¡Noble patria! ¡Cuarenta y tres años has gemido en el destierro! medio siglo te ha dominado su eterno enemigo en sus dos fases de anarquía y despotismo! ¡Qué de ruinas, qué de escombros, ocupan tu sagrado suelo! ¡Todos tus hijos te consagramos nuestros sudores, y nuestras manos no descansarán, hasta que te veamos en posesión de tus derechos, rebosando orden, vida y prosperidad! regaremos, cultivaremos el árbol sagrado, hasta su entero desarrollo; y entonces, sentados a su sombra, comeremos sus frutos. Los hombres, las cosas, el tiempo, todo es de la patria...

Sumisión universal que abrace todos los puntos de la ley sin exceptuar ninguno. No hay un hombre, que no tenga que hacer el sacrificio de algún interés; y si cada uno adopta la Constitución, eliminando el artículo que está en oposición a su fortuna, a su opinión, o a cualquiera otro interés, ¿piensan que quedaría uno sólo? ¿Quedaría fuerza ninguna, si cada uno retira la suya? ¿Quedaría en la carta constitucional la idea de soberanía que supone, si cada individuo, hombre, o pueblo fuese árbitro sobre un punto cualquiera que sea?...

Obedezcan señores, sin sumisión no hay ley; sin leyes no hay patria, no hay verdadera libertad; existen sólo pasiones, desorden, anarquía, disolución, guerra y males de que Dios libre eternamente a la República Argentina; y concediéndonos vivir en paz, y en orden sobre la tierra, nos dé a todos gozar en el cielo de la bienaventuranza en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, por quien y para quien viven todas las cosas. Amén.+

» Texto completo de la homlía