Jueves 29 de septiembre de 2022

Mons. Rossi afirmó que el desafío es "no consentir el desencanto"

  • 6 de septiembre, 2022
  • Córdoba (AICA)
El arzobispo de Córdoba recordó que una cosa es experimentarlo y otra consentirlo. "Esto no lo podemos permitir", porque consentirlo "es instalarlo en el corazón y empezar a vivir del desencanto".
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El arzobispo de Córdoba, monseñor Ángel Sixto Rossi SJ, explicó que el discernimiento –tal el tema elegido por el papa Francisco para su catequesis de los miércoles- “es poder distinguir en nuestra vida, para poder elegir y ver qué es lo que me acerca a Dios y qué es lo que me aleja; lo que me ayuda y no me ayuda”.

“Así de complicado a veces es en la vida, porque no es tan fácil como discernir entre la gracia y el pecado, que es más evidente; sino que a veces tenemos que elegir entre dos cosas buenas”, planteó en su homilía dominical.

El arzobispo cordobés recordó que “el sabio es el que elige entre una vida arrastrada o una viva vivida plenamente” y detalló: “Elegir entre vivir despiertos o vegetar, elegir realizar nuestros mejores sueños o, a veces, como andar rumiando nuestros peores deseos”.

“Elegir pasar los años envejeciendo; pero sin madurar, o esforzarnos en madurar sin envejecer”, graficó, y agregó: “Elegir ir sacrificando las ilusiones o levantar tercamente la bandera de las ilusiones y saber que podemos perder todo, menos el entusiasmo”.

Monseñor Rossi advirtió que “en estos tiempos jorobados es importante tener cuidado al desencanto” y lamentó que “el desencanto se nos ha instalado. Cada vez cuesta más creer en la gente, cuesta creer en quienes nos gobiernan, cuesta creer en quienes nos cuidan y, a veces, hasta cuesta creen en nosotros mismos”.

“Y se instala el desencanto. Dice algún autor: ‘es inevitable el desencanto’” y afirmó: “A lo largo de vida no todo es desencanto, pero a lo largo de la vida nos visitan unos cuantos desencantos, justamente uno madura a partir de ir superándolo”.

El arzobispo insistió en diferenciar que “una cosa es experimentar el desencanto; otra cosa es –y este es el desafío- consentir al desencanto. Eso no lo podemos permitir” y explicó: “Consentir el desencanto es instalarlo en el corazón y empezás a vivir del desencanto”.

“Lo contrario a consentir el desencanto es poner la mirada en el Señor, Él nunca nos va a desencantar”, concluyó.+