Jueves 13 de junio de 2024

Mons. García Cuerva animó a la esperanza tras el incendio en Santa Catalina de Siena

  • 30 de abril, 2024
  • Buenos Aires (AICA)
"No nos quedemos adorando cenizas o llorando por el retablo quemado. Dejémonos encender por el fuego del espíritu", pidió el arzobispo porteño, y destacó que la imagen de santa Inés se haya salvado.
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“Hay dos fuegos, uno que encendió el retablo, y otro fuego que nos tiene que encender a nosotros, a volver a apostar por el futuro, no solamente del retablo sino de la comunidad”, dijo el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, en una homilía en la iglesia de Santa Catalina de Siena, afectada recientemente por un incendio.

En ese templo histórico del año 1745 -ubicado en San Martín y Viamonte, en el microcentro porteño, donde un incendio destruyó un altar lateral-, el arzobispo presidió las fiestas patronales y animó a dejarse encender por el fuego del espíritu, como santa Catalina, que se consumió por amor a Dios, por amor a la Iglesia, a los pobres, a su tiempo.

El martes 23 a la madrugada, las llamas, producidas por un accidente eléctrico, destruyeron un altar, incluidas una imagen del Sagrado Corazón de Jesús y otra de Santa Catalina, y, a pesar de estar cerca, no afectaron una imagen de santa Inés, que permaneció intacta.

“Estamos paralizados por el shock que significó enterarnos de ese incendio, por la bronca de tener un retablo destruido, por la decepción que nos provoca”, admitió el arzobispo.

Pero, citando una de las lecturas que él había leído más temprano, antes de celebrar la misa en Santa Catalina, esa mañana en que San Pablo le dice a un paralítico: "Levántate", el prelado afirmó que “hoy también escuchamos la Palabra de Dios que nos dice: 'Levántense y permanezcan erguidos sobre sus pies. No pueden quedarse paralizados, no pueden quedarse destruidos anímicamente, por el piso. No. Levantarnos y mantenernos erguidos'".

“En ese sentido, creo que estamos siendo testigos de un hecho sorprendente: que es tener a santa Inés erguida y de pie a pesar del incendio. Igual que ella, nosotros también, a pesar del incendio, erguidos y de pie. A pesar del incendio, nosotros no nos quedamos paralíticos”, planteó.

El arzobispo concelebró la misa con el rector de la iglesia, presbítero Gustavo Antico, y con el presbítero Oscar Alonso.

Monseñor García Cuerva habló de ese fuego “que nos tiene que encender interiormente, en cuanto a lo que significa el valor del patrimonio histórico en una ciudad, que a veces parece querer olvidarse  del pasado y creer que todo empieza conmigo. No todo lo viejo hay que tirarlo abajo. Al contrario, tiene que ver con la historia, tiene que ver con nuestros antepasados, con nuestras raíces”.

La primera iglesia en la que entró caminando
El primado argentino comentó que esa mañana, “cuando hablaba por teléfono con mi mamá, me dijo: 'Esa es la primera iglesia en la que entraste caminando'. Nosotros vivíamos en un edificio alto, en la calle Viamonte”.

“La historia es maestra de vida, decía Cicerón -continuó-. Y también este incendio nos ayuda a tomar conciencia de lo que significa la tradición, los antepasados, la historia, los años... No nacimos de un repollo...”

Asimismo, puso como ejemplo a santa Catalina: "El fuego de amor que le tenía a Jesús, un amor profundo que la llevó a ser una de las grandes místicas. Y que se reflejaba no solamente en la oración, sino en su amor al prójimo, a los más pobres, a los que sufrían".

Y el fuego de su amor por la Iglesia: “Se consumió por amor a la Iglesia, que estaba viviendo el cisma de Occidente, una Iglesia dividida, y que, más allá de las debilidades y pecados, era la Iglesia de Cristo”.

El arzobispo pidió a los presentes comprometerse "a consumirse por la comunidad parroquial y, por supuesto, por toda la Iglesia".

Por último, mencionó su amor al tiempo que le tocó vivir a la santa, afectado, entre otras cosas por la peste negra. El arzobispo invitó también a no estar como en el tango, creyendo que todo tiempo pasado fue mejor, ni a vivir esperando tiempos futuros. O pensando que el mundo fue y será una porquería.

“Tenemos un único tiempo que nos tocó vivir, un  tiempo maravilloso, en el cual nos toca a nosotros comprometernos con la Iglesia, con el Evangelio, con la fe, con la vida, como le tocó a santa Catalina”, ejemplificó.

Al final, citó al compositor austríaco Gustav Mahler, quien decía que “la tradición es  la transmisión del fuego, no la adoración de las cenizas”; y señaló: “No nos quedemos adorando cenizas o llorando por el retablo quemado. Dejémonos encender por el fuego del Espíritu. Y, entre todos, reconstruyamos; y de pie, como esa imagen de santa Inés, démonos otra oportunidad. Santa Catalina, intercede por nosotros".

Bendito incendio
Antes de terminar el oficio, el padre Antico agradeció mucho por lo vivido en estos días y a todos los que, desde el momento del incendio, se solidarizaron y se acercaron a la iglesia, al arzobispo y a las autoridades de la ciudad. Agradeció especialmente a dos vecinos –Franco y Francisco, que fueron aplaudidos-, que llamaron a los bomberos en la madrugada del martes último, al advertir el humo. “Fue providencial que estuvieran despiertos y alertaran a los bomberos”.

“Me animo a decir 'bendito incendio', que nos permite renovarnos, que trae a nuestro corazón preguntas sobre la misión de la iglesia Santa Catalina en el microcentro”, agregó. Animó también a acudir a santa Catalina, constructora de vínculos, y a santa Inés, “para apagar fogatas en nuestras vidas que nos generan broncas, enojos y distanciamientos”.  Y, ante ello, no hay nada mejor, dijo, que la vida interior, la unión con el Señor. “Ojalá que acompañemos a tantos que hoy caminan en torno a Santa Catalina, que buscan a Dios con sinceridad; que podamos ayudarlos, ser lugar de unidad y de comunión.”

El sacerdote agradeció el movimiento de acompañamiento desplegado por los Amigos de Santa Catalina, por Casa Común (estaba su titular, José Ignacio López, académico de Periodismo, ex vocero presidencial) y por el Club Gente de Prensa (del cual López fue fundador y del que estaban también presentes Jorge Rouillon, Sergio Rubin, Marta Noce, Florencia Uriburu y Vilma Nora Alí).  

Y al final, en lugar de un abrazo simbólico a la iglesia, el sacerdote pidió a todos coincidir en un aplauso, “celebrando la comunidad que somos y a la que estamos llamados”.

Por su parte, el arzobispo concluyó: “Encendidos por el fuego del espíritu de Jesús, nos podemos ir en paz”.

Concurrencia variada
Asistieron también varias personas ligadas al periodismo y medios de comunicación: el director de relaciones Institucionales del diario La Nación, Norberto Frigerio; José Antonio Aranda, directivo del Grupo Clarín, con su esposa; María Amalia Caballero, directora de la publicación Sembrar Valores; Lucas Schaerer, conductor del programa Rezá x mí, en Radio Grote, y colaborador del suplemento Alfa y Omega, del diario ABC de Madrid; Matías Bocca, de los canales Orbe 21 y EWTN; Jesús Allende, joven abogado y periodista de La Nación, entre otros.

Además, estuvieron presentes el director del Archivo General de la Nación, Emilio Perina (h); Mariano Caucino, designado embajador en la India; Teresa González Fernández, de la asociación ALPI; María Alejandra Muchart, presidente del Partido Demócrata Cristiano de la Ciudad; Mariano Tomatis, coordinador de la Legión de María; Federico Galiana, fundador del legendario cuarteto vocal Opus Cuatro; Roberto Bosca, Héctor Pérez Bourbon, Virginia Elizalde, Alberto Usietto Blanco, etc.+ (Jorge Rouillon)