Viernes 7 de agosto de 2020

Mons. Azpiroz Costa: "Seremos medidos de acuerdo a la misericordia que hemos tenido".

  • 28 de julio, 2020
  • Bahía Blanca (Buenos Aires) (AICA)
El arzobispo de Bahía Blanca celebró el 26 de julio, fiesta de los Santos Ana y Joaquín, la misa del 17° domingo durante el año en la catedral Nuestra Señora de la Merced.

El arzobispo de Bahía Blanca, monseñor Carlos Alfonso Azpiroz Costa, el 26 de julio, fiesta de los Santos Ana y Joaquín, la misa del 17° domingo durante el año en la catedral Nuestra Señora de la Merced.

Al comenzar recordó que era el día de los abuelos, e hizo referencia a los abuelos de Jesús, “un tesoro para nosotros, sobre todo para los que cuentan con la presencia de sus abuelos, y los abuelos encuentran en sus nietos un tesoro precioso ". 

Refiriéndose a las lecturas del día dijo que "el Evangelio nos trae tres parábolas sencillas pero a la vez completas, fáciles de entender, son tres pinceladas: tesoro, perla y arrojo de la red". "Son parábolas pequeñas que apuntan a un valor único: el Reino". 

Recordando la frase “allí donde está tu tesoro, estará tu corazón”, expresó: “Saber que tenemos el tesoro en el cielo, nos lleva a una exigencia radical, porque nos damos cuenta de que no depende del sacrificio de uno, sino que es don gratuito". Las parábolas del Evangelio de este domingo se presentan como algo inesperado, sorpresivo, pero que se hace urgente. "Así nuestro corazón se encuentra con sorpresas, pero también pide rienda, busca la totalidad, vende todo lo que tiene y, lleno de alegría, muestra su hallazgo ”, sostuvo. 

“Animarse a dejar las seguridades -señaló monseñor Azpiroz Costa- implica un discernimiento. Lo inesperado, lo sorpresivo, lo urgente hay que usarlo, porque implica y lleva un empeño absoluto, un desprendimiento total ”. Y aclaró que este Evangelio no es solo “para los políticos”, sino “para todos”, porque “todos nos relacionamos y nos hacemos cargo de otros aun en la familia”. 

El desafío es “saber discernir el bien del mal, y no hacer como el de la cizaña y el trigo”, sino “lo que está en conformidad con la justicia”. A Dios le pertenece el tiempo y la eternidad, nosotros somos hechos a imagen y semejanza suya, nos ha dado inteligencia, voluntad, y libertad. Y ahí viene la responsabilidad personal. Disponibilidad ante lo que Dios, y la exigencia de la coherencia entre lo que pensás, lo que decís, y lo que obrás”, expresó el arzobispo de Bahía Blanca. 

“Seremos medidos de acuerdo a la misericordia que hemos tenido”, dijo el prelado haciendo referencia a la carta de San Pablo a los Romanos, “y Jesús mismo nos advierte que habrá juicio sin misericordia para el que no usó misericordia”,

En la parte final de su homilía el arzobispo de Bahía Blanca señaló "la sabiduría de los abuelos" y cómo "se llevan tan bien con los nietos, con esa sabiduría de poder interpretar lo más nuevo, con el bagaje de lo más antiguo, porque la novedad nos ayuda a discernir e interpretar la tradición".

Al finalizar, dijo: "Ser simples no es simplificar indebidamente, sino aceptar la complejidad del mundo, lo que se da, lo real". Y rogó, "que seamos como esos abuelos que saben de lo viejo y de lo nuevo, para ayudar a crecer, y cada uno con su libertad decida". +