Viernes 12 de agosto de 2022

El Opus Dei explica su visión sobre la controversia suscitada por la herencia de Elina Gianoli

  • 18 de febrero, 2022
  • Buenos Aires (AICA)
Ante las acusaciones presentadas por los sobrinos de Gianoli y la trascendencia del caso en los medios, el vicario regional del Opus Dei conversó con AICA sobre los detalles del caso.
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El padre Juan Llavallol, vicario regional del Opus Dei, conversó con AICA sobre el caso de Elina Gianoli Gainza, numeraria del Opus Dei, nacida en Chile, que falleció de cáncer en el Hospital Austral de Pilar, en noviembre pasado a los 80 años y que ahora su muerte es objeto de una investigación judicial pedida por los sobrinos de Gianoli Gainza, que arguyen que se les ocultó la enfermedad de Elina. Sus sobrinos desde hace años pelean por la herencia familiar.

-Un medio argentino publicó recientemente unas acusaciones contra el Opus Dei, y la oficina de comunicación de la Prelatura emitió un contundente comunicado de desmentido, como no suele ser habitual en su institución. ¿Por qué le han dado importancia particular a este caso? ¿Qué pasó?
-Tiene razón, pero es que las acusaciones son graves. Se atribuía a las personas de la casa del Opus Dei donde vivía Elina Gianoli, una numeraria, de haberla mantenido incomunicada respecto a su familia, manipulado su voluntad, y luego, acelerado su muerte para quedarse con sus bienes. Una verdadera barbaridad, que no podía quedar sin respuesta.

-¿Quién afirmó eso?
-Un grupo pequeño de sus muchos sobrinos. Con la excusa de que Elina no los había querido ver en la última fase de su enfermedad, solicitaron al juez la exhumación de su cadáver para hacerle una autopsia y un análisis toxicológico, poniendo en duda que hubiera muerto por causas naturales. Ese mismo día se presentaron ante la justicia para ser reconocidos como sus herederos.

-Pero el juez aceptó la denuncia y encargó esas pruebas forenses. ¿Por qué?
-No tengo ninguna objeción a la intervención del juez. Es sabido que, desde hace algunos años, en nuestro país la justicia se inclina a favor de investigar hasta el fondo cuando alguien presenta un requerimiento de autopsia por averiguación de la causa de muerte. Lo que resulta doloroso es que quienes la habían maltratado en vida con acusaciones desgastantes, en cuanto falleció se presentaron como sobrinos afectuosos, y cuestionaron la buena conducta de las personas que cuidaron a Elina con dedicación y cariño durante toda su larga enfermedad. 

-Entonces, ¿de qué murió Elina?
-Elina falleció con casi 81 años de edad, después de un cáncer que se le había diagnosticado por primera vez en 2009. Luchó contra él durante años, aunque sabía que no tenía cura. Cuando se extendió a otros órganos, se le indicaron las líneas de tratamiento adecuadas al tipo de tumor, el estadio y su edad. Elina era una luchadora, y cumplió esos tratamientos al pie de la letra. De hecho, gracias a su fortaleza y a los cuidados de las personas que la atendieron, vivió casi tres años más, cuando la expectativa de vida inicial era de 1 año sin tratamiento y 2 con tratamiento. En ese último periodo de su vida pude saludarla cuando iba a predicar retiros espirituales en el centro del Opus Dei donde ella vivía. Recuerdo que, en una ocasión, me recibió con una sonrisa y comentó: "padre, me estoy haciendo muy amiga de Jesús, porque me estoy haciendo también muy amiga de la cruz”, refiriéndose a su larga y dolorosa enfermedad.

-¿Cuándo se sabrá la decisión del juez? 
-No lo sé. No tengo ninguna duda de que la autopsia confirmará la causa natural de fallecimiento: simplemente me pregunto si era necesario exponer el cuerpo de Elina a ese maltrato. Cuando fallece una persona querida, procuramos rodearla de atenciones, darle cristiana sepultura, ponerle flores, etc.: lo contrario de exhumar su cuerpo y hacerle una autopsia sin necesidad alguna.

-¿Y a qué viene ese ensañamiento contra Elina?
-La verdad, tampoco lo sé. Las relaciones familiares se estropearon por una disputa sucesoria. Esa discordia pasó a un plano personal, y de hecho sus sobrinos presentaron contra Elina varias denuncias civiles y penales ante tribunales uruguayos por su tarea como curadora de una de sus hermanas, incapacitada legalmente. Tuvo que ser muy duro para ella ese acoso ante los tribunales. Por eso no quiso verlos. El resto de su familia siguió en contacto, y la acompañaron en sus últimos momentos.

-Entonces, ¿no toda su familia estaba contra Elina?
-Al contrario. Elina siempre quiso mucho a sus hermanos y a sus sobrinos, daba mucha importancia a la unidad familiar. De hecho, algunas de las donaciones que hizo en vida a distintas instituciones –siempre con total libertad– no llevan su nombre sino el de su madre, Elina Gainza de Gianoli: por ejemplo, el aula magna de la Universidad de Los Andes de Chile. También dotó una cátedra para el estudio de temas familiares en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz en Roma, donde se forman sacerdotes de medio mundo. Supongo que habrán tenido desavenencias, como en cualquier familia, pero se llevaba muy bien con sus hermanos. En sus últimos días de vida, una de sus hermanas mayores la acompañó –también una de sus sobrinas–, a pesar de que tuvieron que viajar desde Uruguay. Y ni siquiera todos los sobrinos de la parte que se considera dañada patrimonialmente ha participado en esos ataques personales a su tía: unos lo han hecho y otros se han mantenido al margen.

-¿Qué reclaman esos sobrinos?
-Lo que está en discusión es la herencia de los papás de Elina, que quisieron dejar su patrimonio a los cinco hijos, de los que Elina era la menor. Una rama de la familia piensa que el reparto no fue justo, y han estado disputando ante los tribunales durante años. Mire: son cuestiones de su familia, en las que no corresponde que entre. Cada uno es muy libre de defender legítimamente sus derechos. Pero con las acusaciones a las personas de la Prelatura de que “aceleraron” su muerte, han cruzado una línea roja y la situación ha entrado en otro terreno, muy distinto y muy grave.

-¿Ha tomado el Opus Dei partido en esa disputa sucesoria?
-Por supuesto que no, lo cual es normal porque la atención espiritual que ofrece la Prelatura no interfiere en su actividad familiar o profesional. Mientras se haga civilizadamente, todos están legitimados para reclamar lo que piensen que es suyo. Los jueces son los que tienen la última palabra. Ni entramos ni salimos en esa cuestión.

-Se ha publicado que estamos hablando de una herencia millonaria. ¿De dónde sale esa fortuna? 
-El origen del patrimonio de Elina está en las inversiones que sus padres hicieron en Chile, cuando vivieron allí. Gracias a una buena administración, y a que los hermanos reinvertían los beneficios, ese patrimonio se multiplicó.

-¿No es extraño que una numeraria tenga un patrimonio de esas dimensiones?
-Los fieles del Opus Dei son ciudadanos como los demás. Unos tienen mucho (y procuran dar un sentido social a sus bienes), y la mayoría pasa dificultades para llegar a fin de mes. Elina fue ejemplar en eso: vivió siempre sobriamente, como bien saben quienes la conocieron, y no usaba su capital para ella, sino para hacer el bien a tanta gente. 

-¿Está usted defendiendo el derecho del Opus Dei a esos bienes?
-El Opus Dei no reclama nada. Lo que quiero aquí es defender el derecho de cualquier fiel de la Prelatura para dejar sus bienes a quien le parezca oportuno; y a que nadie interfiera con ese deseo. 

-¿A favor de quién ha testado Elina?
-El testamento de Elina ha sido presentado ya al juez, y es un documento público. La institución heredera es la Fundación Chilena de Cultura, que apoya dos iniciativas de evangelización y de promoción social inspiradas por el Opus Dei: la escuela agraria Las Garzas y una casa de retiros espirituales.

-¿Por qué a una fundación chilena, y no a una institución argentina?
-Porque, aunque vivió muchos años en la Argentina, Elina nació en Chile, tenía pasaporte chileno y uruguayo, y tenía un cariño especial a Chile. Pero en vida, Elina ayudó a muchas iniciativas en la Argentina y en Uruguay: a Cáritas, a hospitales, a escuelas, a personas necesitadas… Realmente era feliz ayudando a otros. 

-¿Por qué no ha testado en favor de sus hermanos y sobrinos?
-Porque así lo ha querido, y estaba en su perfecto derecho. Además, es lo más normal del mundo dejar los bienes a las personas queridas. De hecho, un hermano y una hermana de Elina ya fallecieron, y testaron a favor de sus hijos. Elina no se casó, era numeraria, por lo que no debería sorprender que testara a favor de instituciones vinculadas con el Opus Dei. 

-¿Da el Opus Dei a sus fieles alguna indicación sobre cómo redactar su testamento? 
-Solo una: que los fieles célibes (que no tienen descendencia) decidan con libertad a quién quieren dejar sus bienes y que, en la medida de lo posible, hagan su testamento y sus disposiciones para los funerales. Si desean destinar sus bienes a iniciativas apostólicas inspiradas por el Opus Dei, solicitan sugerencias o preguntan sobre las necesidades más urgentes o prioritarias, y deciden. Luego, los numerarios y agregados habitualmente lo ponen en conocimiento de los directores de la Prelatura.

-¿Cuánto tiempo fue Elina del Opus Dei?
-Elina pidió la admisión el 2 de octubre de 1960: el Opus Dei fue su familia durante más de sesenta años. Fue una de las primeras vocaciones en Uruguay y, como enseguida se trasladó a la Argentina, ayudó a abrir y gestionar centros y formar personas en varias ciudades: Buenos Aires, Mendoza, Rosario… Le debemos mucho a su trabajo y a su dedicación. Los comienzos de una institución de la Iglesia en un país son siempre tiempos difíciles, duros, y ella estuvo allí, gracias a su fortaleza de carácter y a su constancia. Pensar que se podía manipular a Elina es no conocerla para nada.

-El Opus Dei salió en la prensa también en ocasión de una denuncia de un abogado con un reclamo laboral por 43 mujeres que fueron del Opus Dei y alegan que no se realizaron los correspondientes aportes previsionales por su trabajo en centros culturales y residencias universitarias que tienen convenio con el Opus Dei. ¿Tiene algo que ver con este caso?
-Son cosas independientes. En ambas hemos respondido públicamente. Lo único que tienen en común es la periodista que está haciéndose eco de las acusaciones de ese abogado y que ha difundido las insinuaciones de algunos sobrinos de Elina. No es sorprendente, porque como ella misma declaró, “combate a la Iglesia igual que a la astrología”, y “está obsesionada con el Opus Dei”. De ordinario no solemos salir a rebatir los ataques que recibimos, no nos gustan las polémicas. Pero cuando es tan grave, como en este caso, sentimos el deber, como miembros de la Iglesia, de explicar la verdad a los miles de personas del Opus Dei, a quienes participan de algún modo en sus actividades, o son parte de las instituciones educativas y sociales que se inspiran en el mensaje de san Josemaría.+