Viernes 3 de febrero de 2023

A 100 años de su muerte Charles de Foucauld sigue siendo una figura ejemplar de nuestro tiempo

  • 17 de marzo, 2016
  • Argel (Argelia) (AICA)
"Charles de Foucauld sigue siendo una figura ejemplar para nuestro mundo y un testigo del Evangelio", subrayan los obispos de Argelia en una carta que recuerda el centenario de la muerte de Charles de Foucauld, que se celebrará el 1 de diciembre de 2016, y motivo por el cual se le dedicará un año entero, conjuntamente con el Jubileo de la Misericordia. Las celebraciones comenzaron el 4 de diciembre de 2015, en El Meniaa, donde descansa su cuerpo desde 1929, y culminarán el 1 de diciembre de 2016. Durante este tiempo, "todos estamos invitados, en cada diócesis, a celebrar su memoria y a aprender más acerca de su vida y de su testimonio".
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"Charles de Foucauld sigue siendo una figura ejemplar para nuestro mundo y un testigo del Evangelio", subrayan los obispos de Argelia en una carta que recuerda el centenario de la muerte de Charles de Foucauld, que se celebrará el 1 de diciembre de 2016, y motivo por el cual se le dedicará un año entero, conjuntamente con el Jubileo de la Misericordia.

Las celebraciones comenzaron el 4 de diciembre de 2015, en El Meniaa, donde descansa su cuerpo desde 1929, y culminarán el 1 de diciembre de 2016. Durante este tiempo, "todos estamos invitados, en cada diócesis, a celebrar su memoria y a aprender más acerca de su vida y de su testimonio".

"Su vida estuvo marcada por la oración, la adoración, el sentido profundo de la Eucaristía, pero también por la presencia de Jesús en los más pobres. Superó las barreras de la afiliación religiosa, se hizo hombre para todo el mundo", explican los prelados argelinos.

Habrá una exposición permanente durante todo el año en la iglesia de El Meniaa, cerca del cementerio donde está enterrado, y otra exposición itinerante pasará por diferentes localidades.

En la carta, los obispos recorren la vida de Charles de Foucauld, los frutos de su trabajo, hasta llegar a su beatificación, en 2005, así como mencionan "su deseo de ser el "hermano universal", siguiendo el ejemplo de Jesús, abierto a la acogida de todos, de cualquier sector social, religión o etnia". Los obispos terminan con esta pregunta: "¿Lo seguiremos en su arduo camino de imitación de Jesús, como uno de los testimonios por excelencia de la misericordia de Dios más allá de todas las fronteras?".

Charles de Foucauld nació en Francia, en Estrasburgo, el 15 de septiembre de 1858. Huérfano a los 6 años, creció con su hermana María, bajo los cuidados de su abuelo, orientándose hacia la carrera militar. Durante la adolescencia, perdió la fe.

Durante una peligrosa exploración a Marruecos, el testimonio de fe de los musulmanes despierta en él la pregunta sobre la existencia de Dios. Al regresar a Francia, comienza una búsqueda encontrando la fe a los 28 años. En una peregrinación a Tierra Santa descubre su vocación: seguir e imitar a Jesús en su vida de Nazaret.

Vive durante 7 años en la Trapa, primero en Nuestra Señora de las Nieves, después en Akbes, en Siria. Tras esta etapa vive solo en la oración y adoración, con gran pobreza, cerca de las Clarisas de Nazaret. Ordenado sacerdote a los 43 años parte al desierto del Sáhara, en Argelia, viviendo una vida de oración con el incesante deseo de ser, para cada persona "el hermano universal", imagen viva del Amor de Jesús.

El 1 de diciembre de 1916, Carlos de Foucauld fue asesinado por una banda de forajidos en la puerta de su ermita en el Sahara argelino. Pronto se estableció una verdadera devoción en torno a su figura: nuevas congregaciones religiosas, familias espirituales y una renovación del eremitismo y de la «espiritualidad del desierto» en pleno siglo XX se inspiraron en sus escritos y en su vida.

El 13 de noviembre de 2005 fue proclamado beato por Benedicto XVI. Las contribuciones de Foucauld alcanzan campos tan variados como la geografía y la geología, la geopolítica, la lexicografía, y el diálogo interreligioso, en tanto que su conversión, su búsqueda espiritual y su mística del desierto fueron su mayor legado al cristianismo contemporáneo.+