Jueves 30 de junio de 2022

Regina Coeli: "Jesús es el Señor de las otras oportunidades", afirmó el Papa

  • 24 de abril, 2022
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
En el último día de la Octava de Pascua, y luego de presidir la misa del Domingo de la Divina Misericordia, el Papa compartió con los fieles el rezo del Regina Coeli.
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El papa Francisco se asomó esta mañana, luego de celebrar la misa del Domingo de la Divina Misericordia, a la ventana del palacio apostólico, para rezar el Regina Coeli junto a los fieles reunidos en la Plaza San Pedro.

Jesús, el Resucitado, “sólo espera que lo busquemos, que lo invoquemos, incluso que protestemos, como Tomás, llevándole nuestras necesidades y nuestra incredulidad”, reflexionó el Santo Padre, llamando a cada uno a prometernos "volver a buscar a Jesús".

El Evangelio de hoy, señaló el Papa, nos muestra la “crisis” de Tomás para decirnos que no debemos temer las crisis de la vida y la fe. 

“En primer lugar, el apóstol Tomás representa a todos nosotros, que no estábamos presentes en el cenáculo cuando el Señor se apareció y no hemos tenido otras señales o apariciones físicas de Él. También a nosotros, como aquel discípulo, a veces nos resulta difícil”, reconoció: “¿Cómo podemos creer que Jesús ha resucitado, que nos acompaña y es el Señor de nuestras vidas sin haberlo visto ni tocado? ¿Cómo se hace para creer en esto? ¿Por qué no nos da algún signo más evidente de su presencia y de su amor? Algún signo que yo pueda ver mejor”, planteó. “He aquí que nosotros también somos como Tomás, con las mismas dudas, los mismos razonamientos”, admitió.

Al contarnos la historia de Tomás, explicó el Papa, el Evangelio nos dice que el Señor no busca cristianos perfectos, que nunca duden y siempre hagan alarde de una fe segura, sino que “la aventura de la fe, como para Tomás, está hecha de luces y sombras”, ya que “conoce momentos de consuelo, impulso y entusiasmo, pero también de cansancio, pérdida, dudas y oscuridad”. 

“El Señor no busca cristianos perfectos. Les digo: tengo miedo cuando veo a algunos cristianos, a alguna asociación de cristianos que se creen los perfectos. El Señor no busca cristianos perfectos; el Señor no busca cristianos que nunca duden y siempre hagan alarde de una fe segura. Cuando un cristiano es así, hay algo que no va bien”, aseguró.

Las crisis de la vida y la fe, consideró Francisco, muchas veces nos hacen humildes “porque nos despojan de la idea de tener razón, de ser mejores que los demás”. Las crisis "no son pecado, son camino, no debemos temerles", aseguró. Ellas nos ayudan a reconocer nuestra necesidad, aquella de Dios, de volver al Señor para experimentar su amor: por eso “es mejor una fe imperfecta pero humilde, que siempre vuelve a Jesús, que una fe fuerte pero presuntuosa, que nos hace orgullosos y arrogantes”. 

El Señor “no se rinde, no se cansa de nosotros, no tiene miedo de nuestras crisis y debilidades”, sostuvo Francisco. “Él siempre vuelve: cuando se cierran las puertas, vuelve; cuando dudamos, vuelve; cuando, como Tomás, necesitamos encontrarlo y tocarlo más de cerca, vuelve”.

“Siempre vuelve, toca a la puerta siempre, y no con signos poderosos que nos harían sentir pequeños e inadecuados, también vergonzosos, sino con sus llagas, vuelve mostrándonos sus llagas que son signos de su amor que ha desposado nuestras fragilidades”, insistió.

Jesús, el Resucitado, “sólo espera que lo busquemos, que lo invoquemos, incluso que protestemos, como Tomás”, afirmó el Papa. “Él vuelve, porque es paciente y misericordioso. Viene a abrir los cenáculos de nuestros miedos y de nuestra incredulidad, porque siempre quiere darnos otra oportunidad", Jesús "es el Señor de las otras oportunidades".

Pensemos, instó el Santo Padre, en la última vez que, durante un momento difícil o un período de crisis, nos hemos encerrado en nosotros mismos, “atrincherándonos en nuestros problemas y dejando a Jesús fuera de casa”, y llamó a prometernos que la próxima vez, en nuestro cansancio, vamos a buscar a Jesús, “volver a Él, a su perdón, a esas llagas que nos han curado”. Porque así seremos capaces también de compasión, “de acercarnos sin rigidez ni prejuicios a las llagas de los demás”.+