Viernes 24 de mayo de 2024

Papa Francisco: Cuaresma, tiempo para 'romper las cadenas del individualismo'

  • 22 de febrero, 2023
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
El Santo Padre presidió la misa del miércoles de ceniza, marcando el inicio de la Cuaresma. Cuarenta días para "volver a la verdad de nosotros mismos, volver a Dios y a los hermanos"
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Como cada año, la misa del miércoles de ceniza tuvo lugar en la Basílica de Santa Sabina, en la colina romana del Aventino, tras una procesión penitencial que partió de la vecina basílica de San Anselmo.

En su homilía, Francisco recordó el sentido del rito de imposición de las cenizas, viendo en él una invitación a “volver a la verdad de nosotros mismos y volver a Dios y a los hermanos”, “volver a lo esencial, que es el Señor”.

Volver a la verdad de nosotros mismos, primero, porque las cenizas nos llevan a “la verdad fundamental de la vida: sólo el Señor es Dios y nosotros somos obra de sus manos”. “Somos del Señor, le pertenecemos”, insistió el sucesor de Pedro.

Con su criatura, el Creador "vive también la Cuaresma, porque espera nuestro regreso" y "nos alienta siempre a no desesperar, incluso cuando caemos en el polvo de nuestra fragilidad y de nuestro pecado".

La Cuaresma es, por tanto, el tiempo de “despojarnos de la pretensión de ser autosuficientes y de la sed de ponernos en el centro”. Es también un tiempo de introspección, y de verdad, “de dejar caer las máscaras que usamos todos los días para parecer perfectos a los ojos del mundo”, es decir, de hipocresía, advirtió el obispo de Roma.

“Cuántas superficialidades nos distraen de lo importante, cuántas veces nos centramos en nuestras ansias o en lo que nos falta, alejándonos del centro de nuestro corazón”, lamentó el papa.

Las cenizas nos recuerdan que "la idolatría del yo es destructiva y nos encierra en la prisión de la soledad". La Cuaresma es un tiempo para “revitalizar” estas relaciones, “para abrirnos en silencio a la oración y salir de la fortaleza de nuestro ego cerrado, para romper las cadenas del individualismo”, reflexionó Francisco.

Para realizar este camino, la Palabra de Dios recomienda la limosna, la oración y el ayuno. Pero no se trata de “ritos externos”, de “limpiar la conciencia” o de quedar bien, advirtió el pontífice. “En la vida personal, como en la vida de la Iglesia, no cuentan las apariencias, los juicios humanos y los gustos mundanos; sólo cuenta la mirada de Dios que lee en ella amor y verdad”, subrayó.

El desafío es, pues, ponernos “humildemente” bajo la mirada de Dios, donde somos “hijos de Dios” y “hermanos entre nosotros”. Los gestos y sacrificios de Cuaresma encuentran entonces un sentido profundo.

Finalmente, el Santo Padre hizo una triple invitación a salir “en la caridad”, “en la oración” y “en el ayuno”. Alcanzar un horizonte de compartir y de atención, “devolver a Dios el primado en nuestra vida”, frenar las “pretensiones de un ego cada vez más superficial y engorroso”.

“No perdamos la gracia de este tiempo santo: miremos el crucifijo y caminemos, respondamos con generosidad a las fuertes llamadas de Cuaresma, para encontrar “con mayor alegría al Señor de la vida”, concluyó Francisco.+

» Texto completo de la homilía