Jueves 30 de junio de 2022

Mons. Schevchuk: "No hay que acostumbrarse a la guerra"

  • 14 de junio, 2022
  • Kiev (Ucrania) (AICA)
El primado greco católico ucraniano agradeció al Papa que haya hecho un llamado en ese sentido. Asimismo, convocó a no callar los "crímenes de guerra" perpetrados por el ejército ruso.
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El primado de la Iglesia Greco Católica Ucraniana, Su Beatitud Sviatoslav Schevchuk, expresó un agradecimiento especial al papa Francisco en su mensaje del lunes 13 de junio, al cumplirse 110 días en los que Ucrania vive una “guerra sangrienta” y de “enfrentamiento a nivel nacional contra la agresión rusa”.

“Quiero hacer un agradecimiento especial a Su Santidad el papa Francisco porque el domingo, cuando celebramos Pentecostés, hizo un llamamiento a la conciencia de los pueblos de todo el mundo pidiendo: ‘¡No se acostumbren a la guerra!’”, valoró en su reflexión diaria desde la invasión del ejército ruso a ese país.

Monseñor Schevchuk sostuvo, subrayando la petición del pontífice, que “no hay que acostumbrarse a la guerra”.

“Porque ese acostumbramiento nos lleva a callar los crímenes de guerra y esa inercia mata”, advirtió, y lamentó: “Hoy sabemos que lo que está sucediendo durante esta guerra en Ucrania, deja ya de ser noticia y desaparece de las columnas de los periódicos y de otros medios de comunicación”.

Texto del mensaje diario
¡Alabado sea Jesucristo! Queridos hermanos y hermanas en Cristo, hoy es lunes 13 de junio de 2022 y Ucrania vive ya 110 días de esta sangrienta guerra, 110 días de enfrentamiento a nivel nacional contra la agresión rusa.

Agradecemos a Dios, a las Fuerzas Armadas de Ucrania, por poder ver la luz de la mañana de un nuevo día. Esta noche de nuevo, todo el este de nuestra Patria ardió en llamas. Hay fuertes combates a lo largo de todo el frente. Lo más duro, de nuevo, así como estos últimos días, se está llevando a cabo en la región de Luhansk. El enemigo está lanzando el resto de todas sus fuerzas en la región ucraniana de Luhansk para conseguir al menos una aparente victoria. Gracias a la valentía de los hijos e hijas de Ucrania, a 110 días de esta guerra el enemigo no ha logrado ninguno de los objetivos que se había propuesto.

Pero sobre todo me duele el corazón por las vidas humanas perdidas, por los inocentes civiles muertos, por las mujeres y los niños, por todos aquellos que están sufriendo tanto por esta agresión rusa, están sufriendo la crueldad, la inhumanidad, están sufriendo por una guerra que siembra y trae muerte.

Quiero hacer un agradecimiento especial a Su Santidad el Papa Francisco porque ayer, cuando celebramos Pentecostés, hizo un llamamiento a la conciencia de los pueblos de todo el mundo pidiendo: “¡No os acostumbréis a la guerra!” No hay que acostumbrarse a la guerra. Porque ese acostumbramiento nos lleva a callar los crímenes de guerra y esa inercia mata. Hoy sabemos que lo que está sucediendo durante esta guerra en Ucrania, deja ya de ser noticia y desaparece de las columnas de los periódicos y de otros medios de comunicación.

Pero que todo el mundo oiga: ¡Ucrania se mantiene en pie! ¡Ucrania lucha! Y al recibir la gracia del Espíritu Santo, su presencia renovada entre nosotros, Ucrania reza por la paz como nunca lo había hecho antes. Rezamos al Espíritu Santo como a Aquel que es el Portador de paz.

Hoy, en este segundo día de las “Fiestas del verdor”, el día que sigue a la Fiesta de Pentecostés, nuestra tradición Litúrgica dirige nuestra atención a la persona del Espíritu Santo, a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Porque, en cierto sentido podemos decir que el Espíritu Santo, de las tres Personas Divinas, es la que más cerca de nosotros está. Como cristianos, vivimos y actuamos en Él. No podemos hacer nada digno si no cooperamos con la acción del Espíritu Santo Divino y, por otra parte… sabemos tan poco de Él. Sólo podemos conocerlo, como Persona, a través de la experiencia de su presencia en nosotros. Sabemos que el Espíritu Santo, en primer lugar, es el Espíritu que da vida.

Justamente por eso, en nuestra tradición litúrgica, sobre todo en Ucrania, utilizamos el color verde para celebrar Pentecostés y popularmente a esta fiesta se la llama “la fiesta del verdor”. Decoramos nuestros templos con hierba verde, brotes de tilo en flor y el sacerdote lleva una casulla verde para mostrar que el Espíritu Santo es el aliento vital de Dios, es el poder que nos sostiene en la vida. El Espíritu Santo es el Espíritu de la Paz, el Espíritu de la Paz de Dios, porque revela a la persona el designio de Dios para con ella. Ese plan de Dios que es siempre un plan de paz, de armonía, de belleza y de vida eterna. En cambio, aquel que inicia una guerra, se rebela contra ese plan de Dios. Y ese poder divino y vivificante con el que los Apóstoles fueron revestidos desde lo alto en Jerusalén, sigue viviendo hoy en el cuerpo de nuestra Iglesia y de nuestro pueblo.

Por eso hoy rogamos: Oh Espíritu Santo, desde las alturas reviste de tu poder a los defensores y protectores de Ucrania, porque son defensores de paz. Oh Dios, Espíritu Santo, haznos portadores, constructores de Tu paz, de la paz que Tú nos traes. Oh Espíritu Santo, desciende y en medio de este mar de muerte que fue traído a Ucrania por el invasor ruso, danos un mar de vida, de la vida que sólo viene de Ti. Exhala tu aliento vivificante sobre Ucrania y sobre el mundo entero. Y renueva oh Espíritu Santo en Ti la faz de la tierra de nuestros días.

La bendición del Señor y su misericordia descienda sobre ustedes por su divina gracia y amor y permanezcan ahora y siempre y por los siglos de los siglos, amén.+