Jueves 26 de mayo de 2022

Mons. Mestre: "No somos biblicistas. Somos discípulos de un Dios que es Palabra"

  • 26 de enero, 2022
  • Mar del Plata (Buenos Aires) (AICA)
Este domingo de la Palabra de Dios, el obispo de Mar del Plata reflexionó en tres puntitos sobre la centralidad de la Escritura.
Doná a AICA.org

En el domingo de la Palabra de Dios, monseñor Gabriel Antonio Mestre, obispo de Mar del Plata, resaltó la centralidad de la Escritura, la Palabra como Dios Vivo, y el cuerpo con miembros que se valoran entre sí. 

La Biblia: Palabra de Dios escrita
Para comenzar, el obispo explicó que “en la espiritualidad cristiana, con diversos acentos a través de los siglos, la Biblia ocupa un lugar central. Es el mismo Dios que habla a su Pueblo a través del texto sagrado”.

“Desde el Concilio Vaticano II, esta centralidad de la Escritura se ha incrementado a nivel pastoral y en la reflexión magisterial y teológica. Hoy en día se ha recuperado la lectio divina como ejercicio semicotidiano de lectura orante de la Biblia para todos los fieles, no solo para consagrados y ministros”. Por eso, afirmó que “la centralidad de la Biblia en la vida comunitaria de los discípulos misioneros del Señor ha llevado a acuñar en la Iglesia la expresión y el desafío de la ‘Animación Bíblica de la Pastoral (ABP)’”, y detalló: “Se trata de entender la pastoral bíblica no como una pastoral yuxtapuesta a las otras sino como un elemento esencial de toda vida espiritual y pastoral de la Iglesia”.

Jesucristo: Palabra eterna de Dios
En segundo lugar, monseñor Mestre aclaró que “el concepto de Palabra de Dios no se reduce solo a la Biblia. Como dice el prólogo del Evangelio de Juan, Jesucristo es la revelación plena de la Palabra viviente de Dios que nos habla en su Persona”. 

En ese sentido, profundizó: “Él es el Ungido, la Buena Noticia para los pobres, el liberador de los cautivos y oprimidos, la luz de los ciegos, Él es la misma gracia de Dios. Esta es la 'solidez' de nuestra fe: Jesucristo, segunda persona de la Santísima Trinidad, Palabra eterna que nos revela el rostro del Padre en el Espíritu”. 

“La auténtica lectura de la Escritura, hecha en fe y en la Iglesia, nos lleva al encuentro con el Ungido del Señor, con la Palabra eterna de Dios. No somos biblicistas, ni hacemos del texto sagrado un ídolo. Somos discípulos de un Dios que es Palabra, revelación, diálogo, comunicación, encuentro”, sostuvo monseñor Mestre.

En el cuerpo todos son valorados
Por último, resaltó un aspecto de la segunda lectura: “Pablo toma la metáfora del cuerpo con sus diversos miembros y la aplica a Cristo y la comunidad cristiana. Todos los miembros son importantes y necesarios para la función que tienen que cumplir”. 

Por eso, afirmó que “se da en la comunidad una suerte de interdependencia mutua y una gran armonía entre los fuertes y los débiles, los más visibles y los menos, los más importantes y los supuestamente menos destacados. Esto se verifica cuando somos capaces de valorarnos y aceptarnos los unos a los otros, descubriendo que el mismo Dios llamó y eligió al hermano en la familia o el grupo”. 

“Esta valoración mutua es camino seguro para llegar a la cultura del encuentro y la amistad social que tanto nos insiste el Papa Francisco”, concluyó +