Miércoles 2 de abril de 2025

Mons. Kozelinski encabezó el domingo del perdón de la comunidad ucraniana

  • 4 de marzo, 2025
  • Buenos Aires (AICA)
Rumbo al inicio de la Cuaresma, el obispo de la eparquía ucraniana de Santa María del Patrocinio en Buenos Aires invitó a vivir este tiempo de purificación, "contemplando el infinito amor de Dios".
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El obispo de la eparquía ucraniana de Santa María del Patrocinio en Buenos Aires, monseñor Daniel Kozelinski, encabezó el 2 de marzo el domingo del perdón en la parroquia Greco-Católica Ucraniana, Santa Olga, en Villa Adelina. El rito se celebró seguido de la misa presidida por el párroco Nazariy Kaschak.

En la homilía ante fieles de esa comunidad, recordó que la tradición de la Iglesia aconsejaba celebrar este tiempo mediante una abstinencia de lácteos, y aseguró que "este día está destinado a expresar la esperanza de que Dios perdone la desobediencia, el 'heredado pecado de Adán'. Se pide que Dios perdone también los pecados actuales por los que la humanidad, siguiendo sus deseos, actualmente desobedece a Dios: y se ofrece el perdón porque se quiere recibir el perdón para volver a la comunión, a la gracia del paraíso, a la inmortalidad y a todos los dones preternaturales".

Monseñor Kozelinski insistió en que "pedir perdón y escuchar el pedido de perdón, sana. Perdonar y recibir el perdón permite volver a Dios. La Iglesia invita a entrar en el Gran Ayuno en comunión, para rezar, ayunar y vivir libres de la carga de ofensas y pecados". 

También instó una vez más en "ofrecer el perdón, a pedir perdón, porque entonces también se puede pedir y recibir el perdón de Dios y ser deificado. Así en paz, es posible vivir una Cuaresma o Gran Ayuno contemplando profundamente el infinito amor de Dios".


En tanto, aseguró que la Cuaresma "es el tiempo en que la gracia de Dios que se manifiesta con mayor intensidad ante nuestros ojos, una vez que la vida litúrgica, las oraciones, los ayunos y la penitencia contribuyen mucho para que sintamos en nuestras vidas la importancia de, con humildad, reconocer la misericordia de Dios, que nos invita a la conversión continua en la vida, porque creemos que Dios es justo con todos". 

"Cuaresma es el tiempo de la espera, de la meditación, de la contemplación, del silencio. Es un tiempo donde el exterior se vuelve secundario ante la realidad que se descubre cuando nos adentramos en el interior de nuestra alma. Es tiempo de parar, de reflexionar, de meditar, de hacer silencio ante las preocupaciones del día a día, para escuchar atentamente lo que el Señor quiere transmitirnos", señaló. 

Monseñor Kozelinski finalizó: "La Cuaresma es el tiempo del desierto y de la ausencia. Experimentamos el vacío, la soledad, el abandono de las cosas mundanas, experimentamos la ausencia del ruido y de las preocupaciones que asuelan nuestra vida, para encontrarnos con nosotros mismos. Es el retiro tan necesario para la edificación de nuestra vida espiritual".+