Sábado 27 de febrero de 2021

Mons. Han Lim Moon inició su ministerio como obispo coadjutor de Venado Tuerto

  • 15 de febrero, 2021
  • Venado Tuerto (Santa Fe) (AICA)
Con una misa presidida por el obispo de Venado Tuerto, monseñor Gustavo Help, el 14 de febrero inició su ministerio como obispo coadjutor de la diócesis monseñor Han Lim Moon.

El 14 de febrero la comunidad diocesana de Venado Tuerto dio la bienvenida al nuevo obispo coadjutor de la diócesis, monseñor Han Lim Moon, que acompañará en su ministerio al obispo diocesano, monseñor Gustavo Help.

La misa de inicio del ministerio se celebró al aire libre, en el "Prado de María", de Venado Tuerto, respetando los protocolos de seguridad e higiene dispuestos por la pandemia. Fue presidida por monseñor Help y concelebrada por el cardenal Mario Aurelio Poli, arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, y por monseñor Eduardo Eliseo Martín, arzobispo de Rosario. Contó con gran participación del clero diocesano, y el pueblo de Dios pudo compartir la celebración también a través de las redes sociales.

Antes de comenzar la celebración, el intendente de Venado Tuerto, Leonel Chiarella, hizo entrega de la declaración de visitantes ilustres de la ciudad, al embajador de la República de Corea en la Argentina, Jang Myung-soo, al cardenal Poli y a monseñor Eduardo Martín.

La celebración comenzó con la lectura de la bula de nombramiento del obispo coadjutor. Seguidamente, el vicario general, presbítero Diego Cavanagh, dirigió unas palabras de bienvenida a monseñor Moon: “Después de un largo recorrido, dejar la tierra natal, tantos rostros contemplados, desafíos, logros y pruebas, hoy llegas al lugar de la herencia”, señaló.  “Esperamos que pronto sea esta tu casa. El pueblo de Dios que peregrina en el sur santafesino te da la bienvenida con fe y alegría”.

En su homilía, monseñor Help expresó: “Con mucha alegría te recibimos, monseñor Han, junto con nuestros hermanos obispos, con tantos a quienes te unen las raíces de tu patria, Corea. Acompañado por el señor embajador, Jan Myung-soo, acompañado también por quienes has compartido el tiempo de ministerio presbiteral y episcopal. Están acá presentes también representantes de algunos de los pueblos que han querido y han podido adherirse de las intendencias, residentes comunales”.

“Alegría muy sencilla es la que nos reúne en esta celebración: queremos crecer en el acompañar esta porción de la Iglesia que Dios nos confía, y bendito sea Dios, la llegada de monseñor Han, y que su llegada sea ese crecer y ayudar a crecer, ese don que Dios nos regala de vivir, acompañar, pastorear, compartir esa presencia de Jesús en nuestra historia”, anheló.

En otro momento de su prédica, afirmó: “Dios nos abre su corazón en Jesús. En Él, sale a nuestro encuentro, porque Dios escucha y por eso nos busca. Y de donde nace la escucha, es del amor, y es ese amor,  el que recién escuchábamos en el Evangelio, que Jesús mira, ve, escucha en el corazón de la multitud que lo buscaba. Escucha el corazón, y es por eso que lo primero que va a hacer, es abrirles su corazón”, dijo, en referencia al Evangelio.

“Ese es el Jesús que hoy tiene esa mirada para con nosotros. Es en esa mirada que lo conmueve y lo primero que hace es abrirle su corazón. Simplemente con todo su ser: palabras, gestos, actitudes, silencios, el mismo hecho de multiplicar el pan habla de quién es Él”.  “Esa escucha es a la que estamos llamados a corresponder”, porque “en la reciprocidad que se da en la escucha está el alma de la vida”.

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Por eso, llamó a vivir “esa intimidad a la que nos invita” y aseguró: “Dios quiere hacer crecer, Él viene a hacernos crecer en vida, en humanidad, y ese  crecer se manifiesta, se expresa en esa comunión de vida con Jesús, que se plasma en las formas de sentir, de pensar, en el vivir con Él y como Él”.

Luego, dos cantantes interpretaron una canción representativa de la Iglesia coreana, titulada “Guíanos, nos abandonamos a ti”. Seguidamente, el embajador coreano dirigió unas palabras en nombre de la República de Corea. En ellas expresó su alegría al celebrar la llegada de monseñor Han a la diócesis. Miembros de la comunidad coreana hicieron entrega de canastas de flores a monseñor Gustavo Help y a monseñor Han Lim Moon, como también a la madre del nuevo obispo coadjutor.

Finalmente, monseñor Moon se dirigió a los presentes con un mensaje de agradecimiento, en primer lugar a Dios, “por la confianza que ha puesto en mí, a través del Santo Padre Francisco, al elegirme para este ministerio”.

Luego de dirigir un agradecimiento a las autoridades eclesiales y civiles presentes, y “a todos los que me acompañaron con cariño a lo largo de mi vida”, en especial a su familia, a los compañeros sacerdotes de la ordenación y a los fieles laicos allí presentes y los que siguieron la transmisión desde sus hogares, “a quienes vengo a servir con alegría y les digo: la razón de mi ministerio como pastor son ustedes”, expresó.

“Mi deseo es compartir la vida con todos ustedes, dándola y recibiéndola dentro de mis limitaciones. Dar lo que soy: todo lo mejor que tengo, mi tiempo, mi entusiasmo, afecto e intercesión ante el Padre. Alma, cuerpo y corazón, todo con alegría y generosidad”, aseguró. “Y por otro lado, recibir de todos ustedes: Su historia, alegría, dolor, deseos, virtudes, talentos, afecto, aceptando también sus limitaciones. En una palabra: intercambiar la vida”, anheló.

En ese sentido, aseguró que lo más valioso que tenemos para compartir es “a Jesucristo crucificado y resucitado, presente en su Palabra, en la Eucaristía, en la comunidad, en los necesitados, quien compartió con nosotros su ideal, que es nuestro Padre Dios. Compartir al Espíritu Santo, quien nos impulsará a caminar juntos hacia el Padre, y compartir a la Virgen María y a San José, que nos acompañarán siempre”.

“Compartir a Jesús no es sólo un enriquecimiento espiritual, sino también al aceptarlo nos hace hombres nuevos, y como consecuencia natural también transforma toda nuestra sociedad, ya que no hay sociedad nueva sin hombres nuevos. Por esta razón, mi misión es promover, alentar, favorecer que entre todos y para todos, Jesús nos transforme en hombres nuevos en todas las dimensiones: física, afectiva e intelectual, espiritual y social”, deseó.+