Viernes 1 de julio de 2022

Mons. Conejero: "Un tiempo para acrecentar la fe, la esperanza y el amor a Jesucristo"

  • 12 de abril, 2018
  • Formosa (AICA)
En su editorial en el periódico diocesano Peregrinamos, el obispo de Formosa, monseñor José Vicente Conejero Gallego destacó que "el tiempo pascual, que culminará con la solemnidad de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo, es tiempo de gracia especial para acrecentar nuestra fe, esperanza y amor a Jesucristo y, con Él, a la Iglesia y la humanidad".
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El obispo de Formosa, monseñor José Vicente Conejero Gallego, destacó que "en el Credo, símbolo de la fe, se resume de manera sintética lo que creemos de la Persona de Jesucristo" y recordó que "el encuentro con Jesús y la adhesión por la fe a su persona es un proceso gradual que va creciendo, día a día, madurando en intensidad hasta llegar a la plenitud: nuestra configuración con Él".

El prelado indicó que los medios que la Iglesia ofrece para ello son "la escucha atenta y el cumplimiento de la Palabra de Dios, los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la Reconciliación, la oración, personal y comunitaria, la constancia en las pruebas y dificultades de la vida y la entrega sincera y solidaria a los más pobres".

"De este modo, poco a poco, acabamos pensando, sintiendo, actuando a la manera de Jesús, hasta poder afirmar como el Apóstol: ?Ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí: la vida que sigo viviendo en la carne, la vivo en la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí?", subrayó en su editorial en el periódico diocesano Peregrinamos.

Monseñor Conejero Gallego sostuvo que "el tiempo pascual, que culminará con la solemnidad de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo, es tiempo de gracia especial para acrecentar nuestra fe, esperanza y amor a Jesucristo y, con Él, a la Iglesia y la humanidad".

"La fe, que alcanza su plenitud en el amor, siendo un don de Dios, es, a la vez, una respuesta libre de gratitud y de correspondencia al infinito amor de Jesucristo, que nos amó primero. Entrar en esta dinámica de amistad y comunión con Cristo, además de encontrar el sentido a nuestra existencia y a las actividades que realizamos cada día, nos abre a la esperanza de la vida eterna, pudiendo experimentar ya desde ahora, de alguna manera, la paz y la felicidad plenas que Jesús nos tiene prometidas a quienes creamos en Él", concluyó.+

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