Jueves 18 de agosto de 2022

Mons. Buenanueva: El que cree resucita a la vida

  • 25 de febrero, 2020
  • San Francisco (Córdoba) (AICA)
El obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, dedicó su columna semanal en el periódico "La Voz de San Justo" a reflexionar sobre "Abrahám: el caminante que vive de una promesa".
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En su columna semanal en el periódico “La Voz de San Justo”, el obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, se centró en esta oportunidad en la figura de “Abrahám: el caminante que vive de una promesa”.



Retomando la meditación del domingo anterior, el obispo señaló: “El relato de Babel nos ha dejado un sabor amargo: los hombres ¿estamos condenados a no entendernos? ¿Es nuestro destino la dispersión, amargados y solitarios? Al parecer, la única forma de encuentro es el conflicto, y este hasta la muerte. O unos u otros”.



“Pero ya lo dijimos: la puerta a la esperanza está abierta. Y será el mismo Dios el que trasponga su umbral y dé inicio a una historia nueva. Y lo hace con Abram, a quién llamará: Abrahám. Ese cambio de nombre (como tantos otros en la Biblia) es una buena señal de hacia dónde va la historia”, afirmó.



Con la de Abram/Abrahám, destacó el obispo, “comienza la historia de eso que llamamos fe”. Para describirla, recomendó: “Si en esta semana tenemos tiempo y ganas (sobre todo, ganas), busquemos en el libro del Génesis el ciclo de Abrahám: Gn 12-25, 18”.



“La fe nace de una palabra que llega, de repente, trastoca todo lo que hasta ese momento da certeza y seguridad. En este caso, a un hombre anciano, sin descendencia”, describió.



“Es además una orden perentoria con una promesa incierta: ‘Deja tu tierra natal y la casa de tu padre, y ve al país que yo te mostraré.Yo haré de ti una gran nación y te bendeciré; engrandeceré tu nombre y serás una bendición’”, añadió.



“Lo decisivo no es la promesa -inmensa, por cierto- sino quien la realiza: el Dios vivo que, a partir de ahora, será el Dios de las promesas. Entregarse a Él, confiándole todo y dejándolo todo, es el núcleo ardiente de esa actitud que ha de confundirse con la misma vida”, aseguró.



“La fe es una vida que se asume como riesgo en el mismo instante en que se renuncia a ser dueño de ella, pues se le confían las riendas de la propia existencia a Aquel al que se lo reconoce como Señor”.



“La fe, a la medida de Abram, es dejar a Dios ser Dios en la propia vida. De ahí que, cuando una persona comienza a comprender lo que realmente significa ‘creer’, un vértigo cercano al pavor es una experiencia irrefrenable”, señaló.



“Pero, precisamente, si en estas circunstancias, el aprendiz de creyente se confía a la palabra que recibe y, como Abram, se pone a caminar, comienza a comprobar que esa promesa es lo más valioso de su vida. Y que posee una fuerza inaudita para vencer todos los miedos que abruman al corazón humano. El que cree, como Abram, resucita a la vida”, sostuvo.



“Los creyentes de todos los tiempos -judíos, cristianos y hasta musulmanes- nos reconocemos deudores de Abrahám, el padre de todos los creyentes. Su fe sigue moldeando la nuestra e inspirando su camino”, aseguró. “Si queremos comprender nuestra fe tendremos que seguir hablando de Abram”.+