Martes 17 de mayo de 2022

Mons. D?Annibale: "Nuestra tarea es sembrar el Reino de Dios"

  • 17 de junio, 2015
  • Río Gallegos (Santa Cruz)
El obispo de Río Gallegos, monseñor Miguel Ángel D?Annibale, comentó el evangelio del domingo pasado, en el que se cuentan las parábolas de la semilla que se echa en tierra y crece y del grano de mostaza que se convierte en un frondoso arbusto. El prelado subrayó la importancia de sembrar primero en la propia vida a través de la lectura y meditación de la Palabra de Dios y luego "sembrar" en el prójimo. También llamó a confiar en Dios y no desesperar.
Doná a AICA.org
El obispo de Río Gallegos, monseñor Miguel Ángel D?Annibale, comentó el evangelio del domingo pasado, en el que se narran dos parábolas que Jesús utiliza para explicar el Reino de los Cielos: la semilla que se echa en tierra y germina, y el grano de mostaza que se convierte en un frondoso arbusto.

Monseñor D?Annibale explicó que el capítulo cuarto del Evangelio según san Mateo está dedicado a mostrar cómo es el Reino de Dios: "Es como una semilla que se planta y tiene fuerza para crecer, o como el grano de mostaza, que crece y llega a ser el árbol más grande entre las hortalizas".

"Hay un misterio profundo en depositar la semilla en la tierra, para que dejar que ésta muera y pueda dar fruto", indicó el prelado. "Así presenta Jesús el Reino de Dios. ¿Cuál es nuestra tarea? Sembrar. Siempre hay que sembrar. El Reino es siembra, y los frutos los da el Señor", añadió.

El obispo subrayó la importancia de sembrar primero en la propia vida a través de la lectura y meditación de la Palabra de Dios, para que anide en el corazón y ayude a crecer. Luego llega el tiempo de animarse a sembrar allí donde otros lo necesitan.

"Nuestros amigos, hermanos y compañeros necesitan de la siembra. Es importante cómo ayudamos a la siembra alrededor nuestro", resaltó el prelado.

Monseñor D?Annibale también pidió no desesperar en la espera de los frutos. "El que siembra ?dijo- espera que den sus frutos con el tiempo. Puede ser que una cosecha venga más complicada, y otra más abundante. Esa es la clave".

"Cuando uno siembra desespera, cree que puede hacerlo todo. Cuando uno siembra y espera, Dios da sus frutos. Sembrá el reino, poné la semilla y esa siembra dará su fruto. No quieras esperar sin sembrar, y no siembres y desesperes. Si sembraste, esperá. Dios dará sus frutos", concluyó el obispo.+