Miércoles 25 de mayo de 2022

Más de 70 mil fieles celebraron a la Virgen y rezaron por la Patria en Concepción

  • 9 de diciembre, 2021
  • Concepción (Tucumán) (AICA)
Desde distintas partes de la diócesis, los fieles llegaron el 8 de diciembre a la ciudad tucumana de Concepción para celebrar las fiestas en honor de su patrona.
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En la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, más de 70 mil fieles llegaron hasta el santuario de la Inmaculada Concepción, en la ciudad tucumana de Concepción, cabecera de la diócesis homónima, para celebrar las fiestas patronales.

Los festejos comenzaron con las tradicionales peregrinaciones provenientes desde cientos de comunidades, con sus respectivos misachicos, que regresaron a la presencialidad luego de que en 2020, la imagen de la Virgen los visitara en caravanas.

Los primeros peregrinos llegaron desde las distintas parroquias de la ciudad de Concepción el martes por la tarde, para participar en la misa de las 20 y esperar la hora cero del miércoles 8. Varios misachicos llegaron  de los distintos barrios, portando sus imágenes de santos, advocaciones de la Virgen y también de Jesús.

Ese día peregrinaron también fieles de la zona pastoral de Monteagudo, -a unos 40 kilómetros al este de la Catedral- con la imagen de su patrona, la Virgen del Rosario. Se trata de una zona pastoral que atiende numerosas comunidades rurales, a cargo de la congregación Verbo y Víctima. 

Con el correr de las horas, fueron llegando los promesantes del sur de Concepción, desde Aguilares, que venían caminando desde temprano junto con la imagen de su patrona, la Virgen del Carmen, acompañados por su párroco, presbítero Díaz. Los acompañó también la intendenta Elia Mansilla, que desde hace muchos años participa de esta caravana. 

A la hora cero, la imagen de la Madre apareció por el portón, despertando un estallido de jubilosa fe: pañuelos, aplausos, lágrimas, emoción contenida. 

Durante toda la noche, el templo permaneció abierto, con un gran tránsito de fieles.  A las 5 se celebró la segunda misa, también con promesantes y peregrinos. 

Minutos antes de las 6 llegó la columna del sur, desde la parroquia Sagrado Corazón de Jesús e Inmaculado Corazón de María, con sede en Arcadia, con pobladores rurales de 19 comunidades dispersas en el campo y que desde las 23 del martes anterior empezaron a caminar para congregarse y participar de la peregrinación. Sus misachicos prácticamente "despertaron" a los  concepcionenses, anfitriones de la Solemnidad diocesana. 

Por su parte, los fieles del este caminaron desde la madrugada desde Medinas y Trinidad, y de las zonas urbanas y rurales de esa parroquia. Cerca de las 8 llegó otra columna del sur, de la parroquia Nuestra Señora del Valle. 

Para la misa de las 9 arribaron los fieles de la parroquia de Nuestra Señora de Fátima, al Oeste de la ciudad de Concepción. Celebró esa misa monseñor Miguel Soria. Y para la Eucaristía de las 10 llegaron desde Santa Lucia, a 40 kilómetros de la catedral. La misa de las 11 fue ofrecida por los fieles de la catedral.

Por la tarde, antes de la misa central, se llevó a cabo un “Encuentro por el Bien Común y la amistad social”, organizado por el obispado de Concepción y el Consejo Diocesano de Acción Católica Argentina.

La celebración central de la Inmaculada Concepción, patrona de la diócesis, fue en la tarde-noche del miércoles: la misa concelebrada y solemne procesión estuvieron presididas por el obispo de Concepción, monseñor José Antonio Díaz, y concelebradas por el obispo emérito, monseñor José María Rossi; el vicario diocesano y párroco de la catedral, presbítero Fabián Brito; párrocos de la diócesis, misioneros, y otros ministros del clero. La imagen casi bicentenaria de la Virgen presidió las celebraciones del día, desde un altar dispuesto al aire libre, respetando el protocolo vigente.

Se trató de la peregrinación más concurrida, superando por 25 mil personas a la de 2019.

Entre las autoridades presentes se encontraban el presidente subrogante de la Legislatura a cargo de la Gobernación, Sergio Mansilla; el diputado nacional Roberto Sánchez; el legislador provincial Raúl Albarracín; el secretario de Estado Franco Morelli; el intendente de Concepción, Alejandro Molinuevo, la intendenta de Aguilares, Elia Fernández, y otras autoridades provinciales y locales de distintos poderes.

En su homilía, monseñor Díaz destacó que la Virgen “es ante todo madre de la Iglesia porque es madre del Salvador, de quien la Iglesia es Cuerpo Místico. Es el modelo acabado de lo que Dios busca para nosotros, santa, inmaculada, en quien se restablece la gracia que perdió Eva. Es la llena de Gracia, por eso es toda santa”. 

“Pero hoy también miramos el lugar que tiene María en el corazón de sus hijos. Las múltiples manifestaciones de fe mariana que hemos visto durante estos días nos hablan de que esa preeminencia en el orden de la gracia se convierte en modelo cercano, cargado de fervor y amor. María se hace peregrina con nosotros nos precede y acompaña. Nos precede porque ella ya alcanzó aquello que anhelamos. En Ella, nuestra humanidad llegó a su plenitud”, aseguró.

Por otra parte, el prelado destacó que “en este tiempo, acompañando a la Iglesia en uno de sus momentos más difíciles de su historia, María nos enseña a ser discípulos. Como indicando el camino trazado por Benedicto XVI en su discurso a los Obispos latinoamericanos en Aparecida en mayo de 2007: ‘hay que recomenzar desde Cristo’”.

En ese sentido, consideró que “debemos poner a Jesucristo como la piedra fundamental en la construcción de un nuevo orden basado en la Conversión de vida, es decir, un volver a Dios a un orden según la voluntad de Dios”.

“Lo nuevo que Dios está por hacer con nosotros es también puro y transparente, como lo hizo con María”.

“Que nuestras fiestas en honor a nuestra Madre nos sirvan para empezar una vida nueva. Que nuestras expresiones de fe mariana sean el inicio de una sincera conversión”, anheló. Y en la culminación del Año de San José, expresó: “Como María, y como José, queremos ser peregrinos siendo una Iglesia profundamente sinodal que viva fuertemente los pilares de una solida espiritualidad de comunión, una efectiva participación de todos, sin que nadie quede afuera, y una creativa misión que sepa responder a los nuevos desafíos desafíos culturales”.

Al finalizar la procesión, y antes de la subida de la imagen, el obispo presidió una oración en la que pidió a la Virgen su intercesión por la Patria. “Necesitamos reencontrarnos como hermanos para reconstruir con grandeza lo que nuestras pobrezas humanas nos hicieron perder”, reconoció monseñor Díaz.

“Necesitamos recuperar nuestros valores humanos y cristianos. Ya ni siquiera respetamos los derechos fundamentales, como la vida humana consagrada por la Constitución Nacional desde el momento de la concepción hasta su término natural. Ayúdanos a tener la humildad para revisar nuestras decisiones equivocadas. No es posible que se siga desechando seres humanos en los tachos de basura. Y por si esto fuera poco, ahora quieren algunos introducir una ley que permita la eliminación de nuestros ancianos y enfermos, la ley de la eutanasia”, lamentó.

“No nos podemos reconstruir como Patria cargando sobre nuestras conciencias miles de crímenes de compatriotas indefensos. No se puede reconstruir la Patria mientras avanza el número de excluidos y marginados, mientras crezca sin límites el avance del narcotráfico a la vista de todos dejando regados en nuestras calles a cientos de jóvenes con su vida destruida”, advirtió. “Necesitamos construir nuestra Patria sobre los valores fundamentales que nos sirvieron de pilares”.

En ese sentido, rezó: “Ayúdanos Madre a cuidarnos entre nosotros, no solo por la emergencia sanitaria y socioeconómica, también por los procesos de disolución familiar, la dictadura del relativismo, la confusión que genera un aceitado proceso de manipulación y la construcción de una cultura sin parámetros científicos y racionales sobre la base de ideologías que no respetan el orden natural”.

“Ayúdanos Madre a construir una Patria de hermanos donde haya lugar para todos y a nadie le falte lo necesario para vivir digna y plenamente”.+