Viernes 4 de diciembre de 2020

Los jóvenes de San Francisco participaron de la 31° "Pere" virtual

  • 7 de septiembre, 2020
  • San Francisco (Córdoba) (AICA)
Con el lema "Con María, siempre", los jóvenes de San Francisco participaron el 6 de septiembre de la 31a "Pere", que se desarrolló de forma virtual.

Los jóvenes de la diócesis de San Francisco participaron este fin de semana de las actividades propuestas en el marco de la 31a “Pere”, que se desarrolló de manera virtual. Las actividades llevaron el lema “Con María, siempre” y los peregrinos pudieron seguirlas desde sus hogares a través de las redes sociales.

La misa central estuvo presidida por el obispo diocesano, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, desde el santuario de “La Virgencita”. En su homilía, el prelado destacó que desde hace 31 años, para esta fecha, jóvenes de distintas comunidades de la diócesis se ponen en camino hacia el santuario. “Los motiva el caminar juntos, la meta a alcanzar y esta alegría de ser peregrinos”, aseguró.

El obispo destacó, sobre todo, “ese momento culminante que es entrar juntos al santuario”, e hizo hincapié en quien hace posible toda esa experiencia: “María, nuestra Virgencita”.

“Este año, la situación extraordinaria que vivimos desde marzo nos ha obligado a una peregrinación virtual. Vivámosla con una fe y una alegría también extraordinarias. Que la ausencia física no sea obstáculo, sino aliciente para una vivencia más honda de la peregrinación y el encuentro. Que la virtualidad quede transformada por nuestra fe de peregrinos y nuestro amor de devotos de la Virgencita”, animó.

Para ello, los invitó a “dejarnos evangelizar por la Palabra de Dios, especialmente por lo que Jesús nos dice en el Evangelio de este domingo”.

“Todo comienza cuando los discípulos le acercan a Jesús esta inquietud: ‘¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?’”, señaló monseñor Buenanueva. “El Señor hace y dice entonces algo fuerte: ‘Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: «Les aseguro que, si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos. Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos. El que recibe a uno de estos pequeños en mi nombre, me recibe a mí mismo’”.

En ese sentido, llamó a “estar así delante de Dios: como un niño pequeño. Llegar a ser así: como un niño pequeño. Como el mismo Jesús, pues, en el fondo, lo más importante que nos dice el Evangelio es que Jesús es y permanece, delante del Padre, como un niño pequeño”.

“Solo entonces comprendemos lo que nos dice el Evangelio de este domingo, leído bajo la atenta mirada de la Virgencita: hacernos cargo del hermano, especialmente si vemos que se lo ve extraviado por los caminos del pecado. Hacernos cargo, no dejar que nos gane la indiferencia, agotar toda instancia para recuperarlo como hermano”.

“¿Y qué hacemos si, con todo y nuestro esfuerzo, no hay cambio?”, planteó. Como respuesta, llamó a buscar especialmente a quienes no quieren escuchar, “para hablarles al corazón de la misericordia del Padre”.

“También para eso necesitamos hacernos como niños, despojados de pretensiones y vanidades, humildes y mansos… En definitiva, para dejarnos invadir por lo que siente el Padre ante un hijo o hija extraviado. Como aquel pastor del que habla Jesús y que arriesga el rebaño por buscar a la oveja perdida”.

“Esa lección la aprendemos en este santuario: aquí, María siempre recibe y acoge, sin condiciones ni reclamos. Es una madre que sencillamente ama, pues sabe que el amor es capaz, tarde o temprano, de arrancar a sus hijos de los brazos seductores del pecado”, aseguró.

“Pero, ese hacernos cargo los unos de los otros, es, ante todo, una responsabilidad de hermanos que rezan y caminan juntos. Por eso, extrañamos la Pere y anhelamos volver a peregrinar la ruta de la fe que va de El Tío a la Villa. Son apenas siete kilómetros, pero esa distancia se hace más honda en el corazón de los que peregrinamos la fe”, reconoció.

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Ese caminar juntos, una vez al año, “expresa visiblemente una realidad más profunda que vivimos cada día: estamos juntos en el camino de la vida, de la fe, del hacer más humano este mundo, tantas veces, cruel, injusto y deshumanizado”.

“Porque el Señor está en medio de quienes se reúnen ‘en su Nombre’, y así rezan, buscan y caminan”, recordó.

Finalmente, en referencia a este tiempo duro que estamos viviendo, llamó a pedirle a María “que nos vuelva a decir el Evangelio de la fraternidad, de la pequeñez, de la humildad y -como escucharemos el domingo próximo- del perdón ofrecido de corazón”.

“Queridos jóvenes, queridos hermanos y hermanas: de la mano de María, más que estar preocupados en grandezas que nos separan a unos de otros, busquemos hacernos como niños para entrar a gozar, ya desde ahora, de la vida plena del Reino de Dios”, concluyó.

» Texto completo de la homilía

En tus manos, la vida de los jóvenes
Al finalizar la peregrinación, los jóvenes encomendaron a la Virgen la Iglesia joven de San Francisco, “a los chicos y chicas de nuestros pueblos y ciudades”.

“Ponemos en tus manos la vida de cada uno de ellos, sus sueños, ilusiones y proyectos. En este tiempo de incertidumbre, te suplicamos que cuides la esperanza y la alegría en sus corazones”, suplicaron. “Que sientan así tu presencia de madre, catequista y maestra espiritual”.

“Compartí con ellos tu docilidad al Espíritu, tu confianza en el Padre y tu amor por Jesús, tu amado Hijo. Enseñales a contemplar, como vos y con vos, el Evangelio. Como a los de Caná, repetiles, una y otra vez, señalando a Jesús: ¡Hagan todo lo que Él les diga!”

“Que aprendan de vos las virtudes que hacen bella la vida; ante todo, la fe, la esperanza y la caridad; pero también la generosidad, la fortaleza interior y la capacidad de servicio. De manera especial, te pedimos para ellos, tu mismo ardor misionero, para que sean servidores de la alegría del Evangelio para los propios jóvenes”.

“Cada año, vos los esperás en esta, tu casa, cuando ellos se ponen en camino como peregrinos y devotos. Aquí los reunís y colmás sus jóvenes vidas con el gozo del Evangelio que desborda de tu propio corazón de discípula”. 

“Este año, limitados por la emergencia sanitaria, no pudieron ponerse en camino. Sin embargo, sabemos que vos estás, hoy y siempre, caminando con ellos por los senderos que transitan, incluso que sabés hacerte presente cuando sus pies los llevan por caminos de oscuridad y desesperanza. Estás especialmente allí, como madre coraje, que, porque ama, defiende, protege y pelea por la vida de sus hijos e hijas”.

“A nosotros, los adultos, danos, Madre y Virgen, tu misma pasión evangelizadora, para que seamos testigos creíbles de la verdad y de la justicia. Que podamos legarles una patria de hermanos, un mundo más humano y una casa común bella y habitable para todos. Madre dulcísima de Concepción: ¡Sé nuestro amparo y protección!”.+