Miércoles 25 de mayo de 2022

Los abuelos, transmisores de la fe

  • 30 de julio, 2012
  • Mar del Plata (Buenos Aires)
Al presidir la misa por la fiesta de Santa Ana y San Joaquín, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús, el obispo de Mar de Plata, monseñor Antonio Marino, pidió a los abuelos que "tomen conciencia de que Dios los necesita como instrumentos y que la sociedad espera, sabiéndolo o no, el aporte humano y evangelizador que ustedes pueden brindar". "Todos podemos amar y todos podemos rezar. Todos podemos ofrecer a Dios nuestro corazón y él acepta complacido lo que damos, mirando no ya la grandeza material de lo ofrecido sino la grandeza de nuestra fe y nuestra humildad. Cuántas personas ancianas nos hacen pensar sobre el gran misterio de la vida, con su sola presencia y con su ejemplo", subrayó en la celebración eucarística que presidió en la parroquia dedicada a la santa, luego de la procesión con la imagen de Santa Ana.
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Al presidir la misa por la fiesta de Santa Ana y San Joaquín, padres de la Virgen María y abuelos de Jesús, el obispo de Mar de Plata, monseñor Antonio Marino, pidió a los abuelos que "tomen conciencia de que Dios los necesita como instrumentos y que la sociedad espera, sabiéndolo o no, el aporte humano y evangelizador que ustedes pueden brindar".

"Todos podemos amar y todos podemos rezar. Todos podemos ofrecer a Dios nuestro corazón y él acepta complacido lo que damos, mirando no ya la grandeza material de lo ofrecido sino la grandeza de nuestra fe y nuestra humildad. Cuántas personas ancianas nos hacen pensar sobre el gran misterio de la vida, con su sola presencia y con su ejemplo", subrayó en la celebración eucarística que presidió en la parroquia dedicada a la santa, luego de la procesión con la imagen de Santa Ana.

El prelado recordó que el beato Juan Pablo II destacaba en su Carta a los Ancianos, del 1º de octubre de 1999, que sean muchos los que "encuentran comprensión y consuelo en las personas ancianas, solas o enfermas, pero capaces de infundir ánimo mediante el consejo afectuoso, la oración silenciosa, el testimonio del sufrimiento acogido con paciente abandono. Precisamente cuando las energías disminuyen y se reducen las capacidades operativas, estos hermanos y hermanas nuestros son más valiosos en el designio misterioso de la Providencia".

Tras pedir que "esta celebración patronal contribuya a una mayor madurez cristiana personal y comunitaria", bendijo a la comunidad parroquial de Santa Ana, y saludó en forma especial a los abuelos y ancianos de la comunidad y a las personas enfermas.

"Que Santa Ana y San Joaquín les recuerden siempre la fidelidad de Dios que se complace en cumplir sus promesas y ?hacer grandes cosas? en la aparente ineficacia e insignificancia de las cosas cotidianas y sencillas", concluyó.+

Texto completo de la homilía