Las 24 horas para el Señor: sacerdotes del mundo para 'vivir el perdón'
- 29 de marzo, 2025
- Roma (Italia) (AICA)
La XII edición de esa jornada llevó por lema "Tú eres mi esperanza", y reunió a 500 sacerdotes confesores en una basílica romana. Fue en el marco del Jubileo de los Misioneros de la Misericordia.

"Eres mi esperanza": las palabras del Salmo 71 resonaron el 28 de marzo, en la basílica de San Andrea del Valle, en Roma. Un recordatorio elegido por el Papa Francisco para la XII edición de las 24 Horas para el Señor, una actividad que, en el corazón del Jubileo de los Misioneros de la Misericordia -sexta gran instancia del actual Año Santo- fue una invitación a redescubrir la belleza del perdón.
Quinientos sacerdotes venidos de los cuatro puntos cardinales del planeta traen consigo el deseo de reconciliación, testigos de una fe que se hace abrazo, de una esperanza que se renueva. Y es precisamente la esperanza la que se entrelaza con la misericordia, como recuerda el mismo pontífice en la carta apostólica Misericordia et misera, publicada al concluir el Jubileo extraordinario de 2016-2017: "La misericordia suscita alegría, porque el corazón se abre a la esperanza de una vida nueva".
Frente al altar, los misioneros se reunieron en silencio y oración. Al frente, estuvo monseñor Graham Bell, subsecretario del Dicasterio para la Evangelización, que presidió la celebración penitencial, de la que también participó monseñor Rino Fisichella, proprefecto de ese Dicasterio, sección para las Cuestiones Fundamentales de la Evangelización en el Mundo.
En los subsidios para la celebración comunitaria distribuidas con motivo de las "24 horas para el Señor" en todo el mundo, Fisichella recuerda el sentido último de ese encuentro: "Se pueden tener muchas y múltiples esperanzas, pero quien no conoce a Dios, en el fondo, está sin esperanza. El Jubileo es el anuncio inmutable de Jesucristo, 'nuestra esperanza'".
Vivir el perdón con intensidad, honestidad y sinceridad
La Palabra se hizo eco vivo en el rito, animado por el movimiento Gioventù Ardente Mariana (GAM). En la basílica, se proclamó el Evangelio de las Bienaventuranzas, en las cuales, "Dios nos habla directamente", con "inmediatez", explica monseñor Bell en su homilía.
"No hay una sola Bienaventuranza que no haya sido vivida plenamente por Jesús", reflexiona el clérigo, deteniéndose luego en el poder del sacramento de la Reconciliación.
"El perdón sólo es posible mediante la Cruz del Señor", afirma, e invita a los fieles a cruzar el umbral del confesionario con "intensidad, honestidad y sinceridad".
En el silencio envolvente de Sant'Andrea della Valle, entre los cantos del coro GAM, se expone el Santísimo Sacramento. Un aire de sacralidad impregna el ambiente, mientras pequeñas luces verdes se encienden en los confesionarios, invitando a los misioneros a acercarse.
En cada uno de ellos, un trozo de papel indica los idiomas hablados por los confesores. Tantos idiomas, casi como para decir que el perdón no conoce barreras ni fronteras.
El)padre Nazmul, que llegó de Bangladesh, fue uno de los primeros en arrodillarse para recibir la absolución. "El perdón siempre es posible", susurra en inglés, haciéndose eco de las palabras de monseñor Bell. "We have to remember that. Especially nowadays ("Tenemos que recordarlo. Sobre todo hoy en día"(.
La mirada del sacerdote es firme y su sonrisa ligera. Después de la confesión, regresa a su lugar, inmerso en la oración. Y es precisamente la sonrisa la nota constante de quienes salen del confesionario. Una expresión de alivio, de ligereza recién encontrada.
"Me he quitado un gran peso de encima", confiesa el padre Reynaldo, misionero filipino llegado a Roma con otros doce sacerdotes. Llega también para él el momento de la acción de gracias: de rodillas, en silencio, mientras el flujo de fieles a su alrededor no se detiene. Cada uno con su propia historia, cada uno en busca de una paz que allí, en el sacramento de la Reconciliación, se hace tangible.+