Martes 29 de noviembre de 2022

La IAM Argentina unida a los niños de Ucrania "de corazón a corazón"

  • 8 de julio, 2022
  • Buenos Aires (AICA)
Con el objetivo de "tender puentes", la Infancia y Adolescencia Misionera llevó adelante una iniciativa solidaria en beneficio de los ucranianos que sufren las consecuencias de la guerra.
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En el marco de la invasión rusa a Ucrania, y por iniciativa solidaria de la Infancia y Adolescencia Misionera, fueron enviados a ese país numerosas cartas, dibujos y mensajes de paz para los niños ucranianos, y una recaudación de $900.000, llevados a Europa personalmente por el director de Obras Misionales Pontificias en la Argentina, padre Jerzy Marian Faliszek, SVD.

La iniciativa buscó “tender puentes” entre los niños argentinos y los ucranianos, víctimas de la guerra cruel que sigue generando muertes, destrucción, terror y grandes olas de migración forzada. 

En el marco de su viaje, el padre Faliszek redactó un informe donde relata sus visitas a centros de refugiados en lugares de Polonia y Ucrania, transmitiendo el agradecimiento de los destinatarios de la ayuda.

“Desde la invasión rusa, unos 6,8 millones de ucranianos huyeron de su país, junto con al menos otros 7,7 millones de desplazados internos. Muchos se fueron con lo básico en una mochila y llevaron varios días sin dormir en una cama. La mayoría son niños, mujeres y gente mayor. Las personas que huyen de la guerra desde Ucrania son, probablemente, el tercer grupo más grande de refugiados, después de los de Siria y Venezuela”, explicó el sacerdote. Hasta ahora, el mayor número de personas cruzó la frontera polaca. 

El padre Faliszek alertó sobre el problema de la educación, que en Polonia es obligatoria entre los 7 y los 18 años. Actualmente, hay cerca de doscientos mil niños que son ciudadanos ucranianos en el sistema educativo polaco, mientras que 550.000 niños de Ucrania que permanecen en Polonia utilizan el sistema educativo ucraniano de forma remota.

Las opciones para los niños que llegan de Ucrania a Polonia, explicó el sacerdote, son tres: continuar con el estudio en modo remoto, en el sistema ucraniano; inscribirse en el sistema polaco (con conocimiento básico del idioma); inscribirse en el departamento de preparación, o ser asistidos por alguien que hable su idioma de origen.

En su crónica, el sacerdote relata que muchos niños cambiaron su comportamiento en el juego, imitando a sus padres que se alistaron en la defensa territorial de sus ciudades. Asimismo, sus canciones infantiles fueron reemplazadas por patrióticas, detalló.

El director de OMP Argentina, de origen polaco, visitó centros de refugiados en un pueblo llamado Gladyszów, a pocos kilómetros de la frontera polaco-eslovaca. Es también la sede de la parroquia. 

El padre Pedro aclaró al padre Faliszek que su comunidad es muy especial, pues es la única en toda su diócesis que comparte el mismo templo con la minoría greco-católica y ortodoxa. 

En esa parroquia, la “pequeña Ucrania” según su párroco, comenzaron las visitas a los centros de refugiados. Allí había 15 personas, aunque los niños casi no salían de sus habitaciones debido a las situaciones traumáticas vividas. Pero gracias a una niña oriunda de Kiev con su guitarra, el encuentro se transformó en un festival de cantos.

En los días siguientes, el sacerdote visitó a 25 personas en el pueblo Lipinki, donde vivieron una “noche polaco-argentino-ucraniana” y los adultos le hicieron una larga lista de preguntas sobre su vida y trabajo misionero en la Argentina; el Centro Misionero de las Hermanas Siervas del Espíritu Santo, donde niños y sus mamás viven en clima familiar aunque la mayoría desean volver a su tierra; y la ciudad de Poznan, una de las más grandes de Polonia, que atrajo miles de refugiados en casas de familias, otros en las parroquias, clubes y hoteles. Allí, la visita del sacerdote coincidió con el festejo del Día del Niño, una jornada de “muchas sonrisas, palabras de agradecimiento, aplausos y, también, lágrimas”. 

“Me sentí feliz jugando el papel de ‘cartero’, regalando a los alumnos cartas y dibujos enviados por otros niños de otra parte del mundo. Mi corazón ‘grabó’ muchas dulces sonrisas”, manifestó el padre Faliszek.

Aunque su deseo era llegar a Ucrania, no pudo ser. Sin embargo, en uno de los pasos fronterizos, junto con un grupo de amigos improvisaron una celebración por la paz.

Una parte de los regalos de la IAM Argentina pudo cruzar la frontera gracias a la hermana Victoria, ucraniana, quien viajó a Polonia para acompañar a un grupo de sus compatriotas. 

El padre Jerzy destacó que detrás de las cifras y estadísticas hay “nombres, historias, sentimientos y sueños de muchas personas como nosotros”. En ese marco, compartió el testimonio de cinco niños y niñas “que hoy quieren hablarnos, como expresó el nombre de la Campaña, ‘de corazón a corazón’”. 

“Mi nombre es Michail, tengo 12 años, nací en la ciudad de Donetsk. Después del estallido de la guerra tuve que abandonar la ciudad con mi familia. Me gusta aprender idiomas extranjeros, actualmente estoy aprendiendo inglés, francés y polaco por mi cuenta. Creo en la amistad y la justicia. Sueño con viajar por el mundo, estudiar en la universidad. Un día quisiera lanzarme en paracaídas. Sin embargo, mi mayor sueño es la paz en Ucrania. Me gustaría que la gente no muriera más, sueño con volver a casa a nuestro Donetsk".

“Mi nombre es Stanislaw, estoy en sexto grado. Después de la invasión rusa tuvimos que abandonar la Región de Donbás y huir al sur del país. Debido al cambio climático mi hermano menor, que sufre de asma, tuvo un ataque grave y fue hospitalizado en cuidados intensivos. Nuestros padres se turnaron para estar con él en el hospital hasta que le dieron de alta. Un día nos llamó nuestro vecino de Donetsk para avisarnos que nuestra casa había sido alcanzada por un proyectil. Quedaron sólo las paredes. En un instante habíamos perdido todo. No sé cuándo podremos regresar a nuestra ciudad para reencontrarme con mis amigos y familiares. Tengo mucha esperanza de que vuelva la paz en todo el mundo y todos regresen a sus propios hogares”.

“Mi nombre es Anastasia (Nastia para los amigos). Tengo 16 años. Estoy en el noveno grado en la escuela en el sur de Ucrania. Mi historia comenzó en la ciudad de Makijewka. Una mañana escuché en la tele la palabra 'guerra'. De repente todo cambió. Creo que en pocos días me convertí en una persona adulta. ¿Qué se siente cuando un misil explota fuera de tu ventana? ¿O cuando la explosión te estremece por dentro? Miedo, impotencia, desesperación: así eran las interminables noches. Recuerdo el amanecer rojo y el relámpago de fuego de los misiles… Quiero volver a mi casa".

“Mi nombre es Vitaly, estoy en séptimo grado y tengo un hermano menor, Rostyslav, que está en tercer grado. Después del bombardeo de nuestra ciudad tuvimos que mudarnos a la costa del Mar Negro, donde ahora vivimos y vamos a la escuela. Fue muy difícil para mis padres porque lo perdimos todo. A mi hermano Rostik le encantan los animales, por eso mis padres le regalaron uno para su cumpleaños. Extraño a mis abuelos que se quedaron en Donetsk y me encantaría verlos lo antes posible".

"Mi nombre es María. Tengo doce años. Nací y pasé la mayor parte de mi infancia en Donetsk, pero hace unas semanas tuvimos que dejar todo y mudarnos a la zona rural, lejos de mi casa. Me gustan mucho los animales. Mi sueño es que todas las personas en la tierra vivan en paz, que nunca haya más guerra. Quiero agradecer los regalos que recibimos de diferentes partes del mundo. En algunos paquetes los niños adjuntan dibujos y poemas con los deseos de paz. Incluso tratan de escribir en ucraniano. Esto me conmueve mucho, porque cuando un niño dibuja algo, sé que habla con su corazón”.+