Lunes 27 de mayo de 2024

Encuentro pastoral de la zona sur de la arquidiócesis de Bahía Blanca

  • 5 de mayo, 2023
  • Bahía Blanca (Buenos Aires) (AICA)
Participó un grupo numeroso de parroquias y capillas que conforman esa zona. Durante la jornada se compartió una carta que recoge los temas abordados en los grupos de trabajo.
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La zona sur de la arquidiócesis de Bahía Blanca llevó a cabo un encuentro pastoral el día sábado 29 de abril, en la localidad de Fortín Mercedes, del cual participaron los agentes pastorales de los distintos ámbitos de la evangelización y organización parroquial, junto con los párrocos, vicarios y diáconos que acompañan la vida de esas comunidades. También estuvo presente el arzobispo, monseñor Carlos Alfonso Azpiroz Costa OP, y el obispo auxiliar, monseñor Jorge Luis Wagner.


La jornada inició con un momento de oración, en el que se pidió la asistencia del Espíritu Santo. Luego se expusieron algunos textos que reflejaron el proceso que “estamos viviendo como Iglesia toda, especialmente tomados de la sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia de la Comisión Teológica Internacional de 2018”, explicaron desde la Pastoral.


Seguidamente, se realizaron trabajos en grupos, distribuidos por el área específica de evangelización en las cuales los asistentes se encontraban comprometidos.


“El trabajo fue arduo y se dio en un clima de sincero diálogo y escucha, en el que no faltó el espíritu crítico y las ganas de que la Buena Noticia llegue a cada habitante de las localidades de esta zona, a través de una Iglesia ‘en salida’ y de ‘puertas abiertas’”, agregaron.


Asimismo, explicaron que uno de los objetivos concretos del encuentro fue la elaboración y presentación de una Carta Pastoral regional, “que recoge y expresa algo de lo reflexionado en los grupos de trabajo”, señalaron. 



En la misiva, se mencionan algunas dimensiones de la evangelización y además se reconoce la necesidad de que “estamos llamados a crecer en la comunicación y en la comunión consciente. Reconocemos que necesitamos dar pasos adelante en la temática ambiental, el cuidado de la Casa Común, dado el perfil de nuestra zona. Necesitamos una educación basada en el amor, asumiendo el compromiso de una pastoral más integral”.


“Reconocemos también que estamos llamados a tener un corazón abierto para integrar a todos los que aún están ‘afuera’, y en ellos despertar el compromiso a crecer en el amor, en la fraternidad, revisando aquello que nos divide, aceptando la diversidad, mirando a Jesús y a María para seguir caminando y morir a uno mismo, ofreciendo nuestros servicios”, continuaron.


Y aclararon “Entre los desafíos para este tiempo, vemos la necesidad de formarnos y capacitarnos para salir de nuestra ‘zona de confort’, superando el individualismo y mirando con atención al otro para poder ver sus necesidades”.


Hacia el final de la jornada, se compartió un almuerzo y se realizó la lectura de la carta en el Santuario de María Auxiliadora, con la bendición de los sacerdotes y diáconos.



Texto de la carta
Los seguidores y seguidoras del Camino de la Zona Sur de la Arquidiócesis de Bahía Blanca los saludamos dando gracias a Dios Padre por el lugar en el que vivimos, evangelizamos y somos evangelizados. Damos gracias por la diversidad cultural en la que habitamos y nos relacionamos. Esto nos habla de la belleza que tiene Dios de crear y de recrearnos. Pedimos al Espíritu Santo el don de resistirnos a la cómoda uniformidad, y asumimos el desafío de trabajar por la unidad en la diversidad. Queremos caminar juntos, esperando los tiempos de los procesos de este cambio de época, y respetando las distintas las marchas de cada comunidad, de cada persona. ¡Somos discípulas y discípulos que vamos detrás del Maestro, con la compañía de la Virgen que nos auxilia, peregrinando en la esperanza!


Les queremos compartir algunos de los frutos cosechados en el trabajo de reflexión, diálogo y escucha de nuestro Sínodo Pastoral que tuvo lugar en Fortín Mercedes, Pedro Luro, a los pies del Santuario de María Auxiliadora. Nuestro Buen Pastor Resucitado, que nos invita a seguir conociendo su voz, nos dice: “Yo soy la puerta” (Jn 10,9). Así nos llama a encarnar el rostro de una Iglesia que “no es una aduana”, sino “la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas” (Papa Francisco, Evangelii gaudium, 47).


Desde la dimensión social de la evangelización, reconocemos humildemente como fortalezas y dones para poner al servicio, el hecho de tener nuestras puertas abiertas, la escucha, el trabajo en equipo y en red. Y ante las necesidades de nuestros hermanos y hermanas, la colaboración y la solidaridad. También reconocemos nuestra espiritualidad y devoción Mariana.


Sabemos que estamos llamados a crecer en la comunicación y en la comunión consciente. Queremos incrementar el grupo de trabajo para compartir lo vivido. Reconocemos que necesitamos dar pasos adelante en la temática ambiental, el cuidado de la Casa Común, dado el perfil de nuestra zona. Necesitamos una educación basada en el amor, asumiendo el compromiso de una pastoral más integral.


Desde la dimensión de la animación, celebrativa, de la enseñanza y orante de la evangelización, reconocemos humildemente como fortalezas y dones para poner al servicio las oportunidades de llevar el Evangelio a las familias y a los vecinos. Estamos convencidos de basar nuestro proyecto de vida en el Evangelio, con perseverancia, que nos compromete en su llamado a trabajar en actividades en común-unión con otros grupos que poseen diversidad de dones.


Reconocemos también que estamos llamados a tener un corazón abierto para integrar a todos los que aún están “afuera”, y en ellos despertar el compromiso a crecer en el amor, en la fraternidad, revisando aquello que nos divide, aceptando la diversidad, mirando a Jesús y a María para seguir caminando y morir a uno mismo, ofreciendo nuestros servicios.


Entre los desafíos para este tiempo, vemos la necesidad de formarnos y capacitarnos para salir de nuestra “zona de confort”, superando el individualismo y mirando con atención al otro para poder ver sus necesidades. Necesitamos pedir la gracia para romper con nuestros propios miedos, e ir con esperanza a los desesperanzados, a los que están solos y abandonados, llevando alegría a los tristes, escuchando a todos, contagiando el entusiasmo, comunicado nuestras tareas e inquietudes, adaptando nuestro pensar y sentir al grito de los jóvenes, integrándonos. Necesitamos dar pasos en la temática ambiental, el cuidado del medio.


 Desde la dimensión organizativa de la evangelización, reconocemos humildemente como fortalezas y dones para poner al servicio que en muchas de nuestras comunidades es muy valorable la experiencia en el trabajo que cada uno lleva a cabo, para lo que fue necesaria la perseverancia. Muchos hemos leído, estudiado y nos hemos capacitado para hacer mejor la tarea que nos fue encomendada y a la que fuimos convocados. Estamos conformados por comunidades pequeñas y podemos conocernos. Reconocemos que se lleva con transparencia el uso del dinero, generando confianza en la gente, alentando el esfuerzo para contribuir, y que luego se invierte en lo que es realmente necesario.


Para seguir creciendo, vemos que es importante volver a formar y fortalecer el Consejo de Asuntos Económico Regional y el Consejo Pastoral Regional. Es necesario salir a invitar a otros a participar, también capacitarse e informar para que más personas sepan qué significa ser corresponsables. Necesitamos, también, mejorar la comunicación entre nosotros y con otros. Nos hace bien reunirnos nuevamente para reorganizarnos como comunidades, aceptar los llamados a colaborar y promover el “Programa Fe”.


Somos conscientes que el desafío es salir y buscar a los que se han ido y sumar nuevas personas. Luego de la pandemia y de sus consecuencias, redescubrimos la importancia del contacto cara a cara entre nosotros para encontrarnos en este tiempo marcado por la indiferencia.


Los saludamos pidiendo la gracia de un nuevo pentecostés sinodal. Encomendamos esta nueva etapa del caminar juntos a la que nos llama nuestro Pastor el Papa Francisco, a la intercesión del beato Ceferino Namuncurá, cuyo corazón latía anunciando: “Quiero ser útil a mi pueblo, quiero ser útil a mi pueblo, quiero ser útil a mi pueblo”.+