Lunes 26 de octubre de 2020

En las fiestas patronales, Mons. Barba renovó el deseo de seguir a Cristo Rey

  • 26 de noviembre, 2019
  • Gregorio de Laferrere (Buenos Aires) (AICA)
El domingo 24 de noviembre en la catedral diocesana.

El obispo de Gregorio de Laferrere, monseñor Gabriel Barba, presidió el domingo 24 de noviembre las fiestas patronales diocesanas en la catedral Cristo Rey ante una multitud de fieles que se congregaron para celebrar.



Durante la celebración, el prelado bendijo un nuevo Cristo Crucificado que fue entronizado del lado izquierdo del atrio del templo, tallado en Salta y donado por un anónimo.



Monseñor Barba comenzó su homilía haciendo referencia a los dos ladrones que fueron crucificados junto a Jesús, pero ambos obtuvieron distinto destino. El buen ladrón “consigue la promesa de estar en poco tiempo junto a Él en el paraíso”; en cambio, para el ladrón silencioso, “no hubo respuesta”.



La diferencia entre los dos es que “el que pidió misericordia, la obtuvo inmediatamente y cambió su destino”, pero “el que solo se manejó con parámetros basados en el egoísmo, se quedó con la nada misma”.



“Reconocer a Jesús bajo el título de Rey, es reconocer sus propias palabras. Él mismo se reconoció como Rey. Sabiendo de su naturaleza humana y también divina, sabiendo de su lugar de servicio y entrega”, afirmó el obispo de Gregorio de Laferrere asumiendo que interpretar el mensaje de Jesús es una tarea difícil.



El obispo se refirió a la situación que vive Latinoamérica y mencionó “los actos vandálicos concretos contra las iglesias absolutamente reprochables y condenables, que causan mucho dolor”, y se preguntó los móviles de los causantes de tanto odio. Del mismo modo, el prelado reconoció “lo genuino de muchas de las protestas que se plantan firmemente ante una marcada injusticia y desigualdad”.



Más adelante, monseñor Barba dijo que “el Reino de Dios está ya en medio nuestro y debe seguir creciendo con nuestro compromiso. Y debemos convertirnos cada día para poder verlo y reconocerlo porque está a nuestro lado como pequeña e insignificante semilla de mostaza que hoy pasa desapercibida, pero que llegará a cobijar muchos pájaros”.



Celebrar la fiesta de Cristo Rey “debe ser una renovación de nuestro seguimiento”, aseguró y animó a la comunidad a que “no por imposición, no por fuerza. sí por atracción”, renueve su llamado a ser “Iglesia en salida, abierta y misionera. Iglesia que genere esperanza y siga siendo signo de vida. Luz en medio de la historia”.



Finalmente, dedicó unas palabras a la catedral Cristo Rey: “Es hermosamente llamativa la devoción que tiene tanta gente que entra a rezar a esta casa”, dijo y agradeció a quienes colaboraron en el último tiempo con la donación de íconos e imágenes para embellecer el templo de la catedral “no dejemos de admirarlas, disfrutarlas, cuidarlas y sobre todo que sean nuestro patrimonio común que nos permite tener un lugar digno que llame a la oración”.



Al finalizar la misa, monseñor Barba bendijo el nuevo sagrario del templo, artesanía hecha en mármol en el barrio 20 de Junio de González Catán.+



» Texto completo de la homilía