Martes 3 de agosto de 2021

El Papa animó a la OIT a construir un nuevo futuro del trabajo, digno y humano

  • 17 de junio, 2021
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
Videomensaje de Francisco a los participantes en la 109a reunión de la conferencia de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que comienza hoy en Ginebra.
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“Construir un nuevo futuro del trabajo fundado en condiciones laborales decentes y dignas, que provenga de una negociación colectiva y que promueva el bien común”, es lo que pidió el papa Francisco en su videomensaje dirigido a los participantes de la 109ª reunión de la Conferencia Internacional del Trabajo de la OIT, para “hacer del trabajo un componente esencial de nuestro cuidado de la sociedad y de la creación".

Tras destacar la "labor encomiable" que desarrolló la OIT a través de sus informes, en los últimos meses poniendo especial atención en las personas más vulnerables, el pontífice señaló en su mensaje que, durante la persistente crisis, "deberíamos seguir ejerciendo un especial cuidado del bien común" indicando que muchos de los trastornos posibles y previstos "aún no se manifestaron, por lo tanto, se requerirán decisiones cuidadosas".

El Papa analiza el fuerte impacto causado por la disminución de las horas de trabajo en los últimos años, un hecho que se tradujo "tanto en pérdidas de empleo como en una reducción de la jornada laboral de los que conservan su trabajo", y subraya las tremendas dificultades que tuvieron las empresas para salir adelante, "algunas corriendo el riesgo de quiebra total o parcial", ya que en este 2020 se produjo "una pérdida de empleo sin precedentes".

Los riesgos del consumismo y la cultura del descarte
Por otra parte, teniendo en cuenta la prisa por volver a una mayor actividad económica al final de la pandemia del Covid-19, el Santo Padre pone en guardia sobre los riesgos de caer nuevamente "en las pasadas fijaciones del beneficio, el aislacionismo y el nacionalismo", así como en "el consumismo ciego y la negación de las claras evidencias que apuntan a la discriminación de nuestros hermanos y hermanas considerados «desechables» en nuestra sociedad".

Por ello, Francisco invita a hacer frente a este panorama global buscando soluciones que ayuden a construir un nuevo futuro del trabajo "fundado en condiciones laborales decentes y dignas, que provenga de una negociación colectiva, y que promueva el bien común, una base que hará del trabajo un componente esencial de nuestro cuidado de la sociedad y de la creación", logrando, en definitiva, que el trabajo sea verdadera y esencialmente humano.

Recordando el papel fundamental que desempeñan la Organización Internacional del Trabajo y su Conferencia como promotores del diálogo constructivo, el Papa pide que se dé prioridad, a la hora de dar respuestas concretas, "a los trabajadores que se encuentran en los márgenes del mundo del trabajo" y que todavía se ven afectados por la pandemia del Covid-19.

“Los trabajadores poco cualificados, los jornaleros, los del sector informal, los trabajadores migrantes y refugiados, los que realizan lo que se suele denominar el “trabajo de las tres dimensiones”: peligroso, sucio y degradante. Muchos migrantes y trabajadores vulnerables junto con sus familias, normalmente quedan excluidos del acceso a programas nacionales de promoción de la salud, prevención de enfermedades, tratamiento y atención, así como de los planes de protección financiera y de los servicios psicosociales”

No dejar de lado a los más vulnerables
Asimismo, el Papa hace hincapié en que la falta de medidas de protección social frente al impacto del COVID-19 "provocó un aumento de la pobreza, el desempleo, el subempleo, el incremento de la informalidad del trabajo, el retraso en la incorporación de los jóvenes al mercado laboral, el aumento del trabajo infantil", sumado a la "vulnerabilidad al tráfico de personas, la inseguridad alimentaria y una mayor exposición a la infección entre poblaciones como los enfermos y los ancianos".

Al respecto, Francisco comparte algunas preocupaciones y observaciones clave, destacando, en primer lugar, que la misión esencial de la Iglesia "es apelar a todos a trabajar conjuntamente, con los gobiernos, las organizaciones multilaterales, la sociedad civil y también las organizaciones de carácter religioso, con el fin de cuidar el bien común y garantizar la participación de todos en este empeño", sin dejar de lado a los más vulnerables "los jóvenes, los migrantes, las comunidades indígenas, los pobres".+