Domingo 26 de mayo de 2024

Condolencias del Papa por la muerte del Card. Rubiano Sáenz

  • 17 de abril, 2024
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
Francisco recordó al cardenal colombiano, que fue arzobispo de Bogotá durante muchos años, como un "pastor abnegado" por el bien de la Iglesia.
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El Papa Francisco lamentó la muerte del cardenal colombiano Pedro Rubiano Sáenz, arzobispo emérito de Bogotá, fallecido a los 91 años el 15 de abril pasadoo, en un telegrama de condolencias que envió en español al actual arzobispo de la capital colombiana, el cardenal Luis José Rueda Aparicio.

En su mensaje, el Papa expresa su tristeza por el fallecimiento del difunto cardenal y ofrece su "más sentido pésame" a todos los miembros de la Iglesia local, a su familia y a todos los que participaron en el rito fúnebre.

"Mientras ofrezco sufragios por el eterno descanso de este pastor abnegado que, con su dedicación y su trabajo, dio su vida por el bien de la Iglesia", aseguró el Papa, "lo encomiendo a la intercesión materna de la Virgen de Chiquinquirá."

El Santo Padre concluyó impartiendo la bendición apostólica para el arzobispo actual y toda la feligresía, como signo de fe y esperanza en Cristo Resucitado.

Pastor en años difíciles
Con apenas 38 años, Pablo VI había nombrado a Rubiano Sáenz obispo en 1971, y la Iglesia colombiana se había enriquecido con él al contar con una nueva figura de pastor atento a los trastornos de su país, en las duras y sangrientas décadas de la guerra interna entre el gobierno y los milicianos de las FARC y el ELN, y de la lucha entre los carteles del narcotráfico.

El futuro cardenal, nacido en 1932, originario del municipio de Cartago, se había iniciado como alumno en el Seminario de Popayán y como estudiante de teología en la Universidad de Laval, en Québec (Canadá). Recorrió así el continente americano, tanto en el norte como en el sur, para especializarse en la catequesis y la Doctrina Social de la Iglesia, hasta su ordenación sacerdotal, que se produjo en Cali en 1956.

Trabajar por la paz del país
Sus primeras experiencias pastorales lo formaron en varios frentes. Fue párroco, fundó dos parroquias, fue ecónomo y vicario episcopal, hasta que llegó desde Roma su nombramiento como obispo de Cúcuta. Se convirtió luego en arzobispo en 1983 y, en febrero de 1995, fue llamado a presidir la sede primada, la arquidiócesis de Bogotá. En estos años se multiplicaron sus compromisos dentro del episcopado colombiano, del que luego fue vicepresidente y después presidente por dos períodos sucesivos, de 1990 a 1996, y luego de 2002 a 2005. 

El papa san Juan Pablo II  lo creó mientras tanto cardenal en 2001, mientras Rubiano Sáenz intensificaba su trabajo por la pacificación del país y sus preocupadas declaraciones resonaban a menudo, frente a la deriva violenta que se registraba en las noticias. “Estamos tristes y preocupados -afirmó, por ejemplo, en 2005- por los acontecimientos criminales que ocurren cada día: asesinatos, muertes violentas, asesinatos selectivos en las ciudades, jóvenes muertos en los estadios, niños inocentes golpeados y violados... todos hechos de sangre, que nos sitúan como uno de los países donde menos se respeta la vida humana".

Anteriormente, también se había ocupado del fenómeno migratorio, con su trabajo en el seno de la Comisión Católica Internacional para las Migraciones y los Refugiados, y su acción pastoral lo llevó a crear el banco de alimentos arquidiocesano, del que cada año se benefician miles de personas. Asimismo, de mayo de 2003 a julio de 2007, ocupó el cargo de presidente del Comité Económico del Celam y, en 2010, pasó a ser arzobispo emérito de Bogotá.+