Sábado 17 de abril de 2021

Francisco: La Trinidad es el rostro con el que Dios se nos reveló

  • 27 de mayo, 2013
  • Ciudad del Vaticano
Después de la visita pastoral a la parroquia romana de los santos Isabel y Zacarías, a las 12 el santo padre Francisco se asomó a la ventana del estudio en el Palacio Apostólico Vaticano para recitar el Ángelus con los fieles y los peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro.
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Después de la visita pastoral a la parroquia romana de los santos Isabel y Zacarías, a las 12 el santo padre Francisco se asomó a la ventana del estudio en el Palacio Apostólico Vaticano para recitar el Ángelus con los fieles y los peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro.
¡Queridos hermanos y hermanas! ¡Buenos días!


Texto del Ángelus del Papa
Esta mañana hice mi primera visita en una parroquia de la diócesis de Roma. Doy gracias al Señor y les pido que recen por mi servicio pastoral en esta Iglesia de Roma, que tiene la misión de presidir en la caridad universal.

Hoy es el domingo de la Santísima Trinidad. La luz del tiempo pascual y de Pentecostés renueva cada año en nosotros la alegría y el asombro de la fe: reconozcamos que Dios no es algo vago, nuestro Dios no es un Dios "spray", es concreto, no es un abstracto, sino que tiene un nombre: "Dios es amor". No un amor sentimental, emotivo, sino el amor del Padre que está en el origen de cada vida, el amor del Hijo que muere en la cruz y se eleva, el amor del Espíritu que renueva al hombre y al mundo. Pensar que Dios es amor nos hace tanto bien, porque nos enseña a amar, a darnos a los otros como Jesús se ha dado a nosotros. Y camina con nosotros y Jesús que camina con nosotros en el camino de la vida.

La Santísima Trinidad no es el producto de razonamientos humanos, es el rostro con el que Dios mismo se ha revelado, no desde lo alto de una cátedra, sino caminando con la humanidad, y es precisamente Jesús que nos ha revelado al Padre y que nos ha prometido al Espíritu Santo. Dios ha caminado con su pueblo en la historia del pueblo de Israel. Y Jesús ha caminado siempre con nosotros. Nos ha prometido el Espíritu Santo que es el fuego y nos enseña todo eso que nosotros no sabemos, que dentro de nosotros nos guía, nos da buenas ideas y buenas inspiraciones.

Hoy alabamos a Dios no por un misterio particular, sino por Él mismo, "por su gloria inmensa", como dice el himno litúrgico. Lo alabamos y le damos gracias porque es Amor, y porque nos llamar a entrar en el abrazo de su comunión, que es vida eterna.

Confiamos nuestra alabanza a las manos de la Virgen María. Ella, la más humilde entre las criaturas, gracias a Cristo ya ha llegado a la meta del peregrinaje terreno: está ya en la gloria de la Trinidad. Por esto, María nuestra madre, la Virgen brilla para nosotros como signo de segura esperanza. Es la madre de la esperanza, en nuestro camino, en nuestra vía es la madre de la esperanza, es la madre también que nos consuela, la madre de la consolación y la madre que nos acompaña en el camino.

Ahora rezamos a la Virgen, todos juntos a nuestra madre que nos acompaña en el camino.


Beatificación de don Giuseppe Puglisi
Después de la oración mariana, el santo padre añadió:

Queridos hermanos y hermanas, ayer, en Palermo, fue proclamado beato don Giuseppe Puglisi, sacerdote y mártir, asesinado por la mafia en 1993. Don Puglisi fue un sacerdote ejemplar, dedicado especialmente a la pastoral juvenil. Educando a los jóvenes según el Evangelio sacándoles de la mala vida, y así ésta ha tratado de derrotarlo asesinándolo. En realidad, sin embargo, es él que ha vencido, con Cristo Resucitado. Pienso en el dolor de tantos hombres y mujeres, también niños que son explotados por tantas mafias, que los explotan, haciéndolos hacer un trabajo que los hace esclavos, con la prostitución, con tantas presiones sociales. Detrás de estas explotaciones, detrás de esta esclavitud, hay mafias. Recemos al Señor para que convierta el corazón de estas personas. No pueden hacer esto, no pueden hacer de nosotros hermanos, esclavos. Debemos rezar al Señor. Recemos para que estos mafiosos y mafiosas se conviertan a Dios. Te alabamos Señor por este luminoso testimonio, de don Giuseppe Puglisi. +