Jueves 11 de agosto de 2022

Un matrimonio japonés se bautizó en la Recoleta

  • 24 de enero, 2014
  • Buenos Aires (AICA)
YukioTanaka y su esposa Hiroko, ambos de 64 años, recibieron el bautismo en la basílica Nuestra Señora del Pilar, en el barrio porteño de Recoleta. Su hija Ayako, cantante lírica en Viena, conmovió a los presentes en la ceremonia al cantar el Ave María, de Schubert. Esta hija se bautizó en la parroquia del Pilar en agosto último, en cuya ocasión tomó el nombre cristiano Luz. Y en la misma iglesia contrajo matrimonio el 21 de diciembre con Pablo Boggiano, director de orquesta argentino, católico. El matrimonio Tanaka decidió seguir los pasos de su hija y pedir el bautismo.
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Un matrimonio japonés ?compuesto por YukioTanaka y su esposa Hiroko, ambos de 64 años- ingresó en la Iglesia Católica al recibir el bautismo y la confirmación en la basílica Nuestra Señora del Pilar, en el barrio porteño de Recoleta.

El lunes 6 de enero, fiesta de la Epifanía, por la tarde, les administró ambos sacramentos el presbítero brasileño Ricardo Cintra Pimentel. Yukio adoptó como nombre cristiano Renato, que quiere decir renacido, nacido de nuevo. Y su esposa adoptó el nombre cristiano Lucía.

Tras la ceremonia, su hija AyakoTanaka, de 29 años, entonó el Ave María, de Schubert. Ella es una prestigiosa soprano que canta en teatros e iglesias de Viena, donde vive desde hace diez años.

Cuando esta joven artista japonesa le cantó a la Virgen mirando hacia su imagen, conmovió a quienes estaban en el antiguo templo de Recoleta: varias personas que rezaban allí y algunos turistas. Los asistentes la escucharon embelesados y prorrumpieron en un cálido aplauso. Y más conmovidos aún se sintieron cuando se enteraron de que acababan de bautizarse dos personas mayores: el sacerdote, con afán catequético, les explicó a los presentes cómo se había dado esta conversión.

El bautismo de ambos cónyuges japoneses es el broche de una bonita historia, y es también el comienzo de su vida cristiana, que asumieron con sereno convencimiento y profunda alegría.

Su hija Ayako, la finísima cantante, les abrió el camino. En Austria, al cantar no sólo en teatros, sino en iglesias y capillas, fue conociendo y apreciando el cristianismo. Prestando atención a la letra de lo que cantaba, empezó a ir descubriendo su sentido profundo. Y hace cuatro años conoció a un joven director de orquesta argentino, Pablo Boggiano, católico, que desempeña su actividad musical en Viena desde hace catorce años.

Ambos se pusieron de novios. Ayako se acercó a la fe católica y el 24 de agosto último se bautizó en la basílica del Pilar, recibiendo el nombre cristiano Luz. En esa ocasión recibió también los otros sacramentos de la iniciación cristiana: la confirmación y la Eucaristía.

El 21 de diciembre último, Luz y Pablo se casaron en la basílica del Pilar. Previamente habían contraído matrimonio civil en Austria.

Los padres de Luz se venían preparando desde hace un año para venir a la Argentina y asistir al matrimonio religioso de su hija. Y desde Viena, donde últimamente interpretó a la reina de la noche en "La flauta mágica", de Mozart, esta hija les había ido haciendo llegar materiales sobre el cristianismo. Así fueron conociendo de a poco el catecismo.

En la Argentina visitaron varias iglesias. Les gustó ver las celebraciones navideñas, el pesebre que hace presente el nacimiento de Jesús. En Navidad estuvieron en una iglesia humilde de Ingeniero Maschwitz, compartiendo la misa celebrada al aire libre con gente común y corriente, feligreses que cantaban con sencillez acompañando la liturgia cristiana. Renato advirtió que conocía todas las músicas que oyó.

En esa y otras celebraciones, él y su esposa sentían que había algo que tenían que hacer, ser católicos, como el camino para estar más cerca de Dios.

En la fiesta de la Sagrada Familia, al explicarles las palabras del sacerdote, su hija les hizo entender que la Iglesia es una familia, la familia de los hijos de Dios.

Y ellos decidieron ingresar en esa familia en la que antes había entrado su hija. Y recibir el bautismo.

Ellos hablan japonés y apenas pocas palabras en otros idiomas. En el bautismo, lo que decía el sacerdote brasileño en castellano les era transmitido y explicado por su hija, que les traducía al japonés. Además de su lengua materna, Luz domina muy bien el alemán, habla un poco de inglés y desde que conoció a su marido fue aprendiendo español, en el que se expresa razonablemente bien.

Los bautizados y sus padrinos ?Juan María Boggiano, hermano de Pablo, y Analía Bercaitz, su madre, asistiendo en representación de su hija María- encendieron velas. El sacerdote habló de la luz, del fuego de amor traído por Cristo a la tierra. Y antes de recibir las aguas del bautismo los catecúmenos confesaron que creían en Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo.

Desde un primer banco, emocionado, seguía la ceremonia el papá de Pablo, el doctor Antonio Boggiano, especialista en derecho internacional privado, y profesor en universidades de América y Europa, que fue ministro de la Corte Suprema de la Argentina.

Renato se dedicó a la importación de maderas en su país y está actualmente retirado. Como su hija, él tiene también una veta artística, que vuelca en la escultura. Su esposa, Lucía, no le va a la zaga en cuanto a sensibilidad: pinta delicados diseños sobre seda. El matrimonio vive en Kyoto, una gran ciudad que es una especie de centro cultural del Japón.

La fecha del bautismo fue particularmente apropiada: la Epifanía (revelación) del Salvador a unos magos llegados de Oriente, que manifestaron en Jerusalén: "Porque vimos surgir su estrella hemos venido a adorarlo".

Los bautizados, venidos a Buenos Aires desde el Lejano Oriente, se manifestaron muy felices. Dijeron que pronto volverían al Japón, que está lejos, pero se sienten unidos a la Argentina, integrados a la familia de su yerno. Y estarán unidos en la misma fe católica.

En realidad, no faltaba en la familia Tanaka alguna vinculación anterior con el cristianismo. La madre de Renato era de una familia numerosa, de nueve hermanos. Y recuerda él que dos de sus tíos, hermanos de su madre, eran cristianos.

Ahora, ambos cónyuges llevarán el crucifijo sobre sus pechos. Escucharon que no pueden ocultar la fe. Esa afirmación de fe facilitará ser identificados como cristianos por otros fieles en una sociedad donde no alcanzan a ser el uno por ciento de la población. Y abrirá las puertas al apostolado, a ser preguntados por quienes se sientan intrigados por conocer el sentido de la Cruz. (Jorge Rouillon).