Domingo 26 de mayo de 2024

Santa Fe: una multitud peregrinó al santuario de la Virgen de Guadalupe

  • 16 de abril, 2024
  • Santa Fe (AICA)
En la misa central, el arzobispo Sergio Fenoy alentó a presentarle a la Virgen el "corazón del pueblo santafesino"
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La arquidiócesis de Santa Fe celebró la 125ª edición de la peregrinación al santuario de la Virgen de Guadalupe que convocó, los días 14 y 15 de abril, a una multitud de personas que pese a las lluvias que se desataron en la región se congregaron para llevar sus agradecimientos e intenciones ante la patrona arquidiocesana.

Los peregrinos, que acompañaron esta popular manifestación de fe, caminando, en auto, corriendo y en bicicleta, participaron de la misa central que celebró el domingo 15 el arzobispo de esa jurisdicción eclesiástica, monseñor Sergio Fenoy, en la catedral metropolitana. Participaron de la celebración, el clero arquidiocesano, religiosas, religiosos, laicos, niños, jóvenes, y movimientos laicales.

Monseñor Fenoy agradeció en la homilía a quienes durante esos dos días participaron de las diversas actividades y celebraciones: “Muchas gracias a todos, a los niños, a los enfermos, a las familias que peregrinaron, a los que caminaron, a los jóvenes, a los que particparon de las misas, a los que ahora están afuera de nuestro templo y se quedaron allí participando. Gracias por esta fe de la que aprendemos tanto. La Virgen sabrá, y su Hijo más todavía, devolver en lluvia de bendiciones cada gotita que tengan que recibir, se los deseo de todo corazón”, manifestó.

Luego, el prelado recordó que “Jesús no es un sentimiento, no es una emoción, no es el final lindo de una fábula, no es un sueño; es una persona real, concreta: es Jesús de Nazaret, que murió y que después de pasar por la muerte es Él mismo, aunque en una condición nueva. Ha resucitado, pero es Él”.

“Por eso-continuó- creo que lo primero que tenemos que pedirle a la Virgen es que lo volvamos a poner a Jesús en su lugar, en el centro de nuestro corazón, a Él, real, persona, cercano, amigo. Que lo volvamos a poner en medio de nuestra familia, de nuestro trabajo, en nuestras calles, en nuestros barrios. Jesús en medio, allí tiene que estar, nada ni nadie puede ocupar su lugar. Hoy juntos queremos volver a decirle a María ‘queremos vivir de Jesús’, así como es, como lo conocemos: real, tangible”.

Por otra parte, se refirió a la imagen del Evangelio donde Jesús les pregunta a los discípulos “¿Tienen algo para comer?”, y recordó que en ese pasaje Jesús “les pide de comer y le dan un pescado, un trozo de pescado. Comer es signo de la vida, y hacerlo juntos es signo de la comunión. Jesús quiere hacer este signo, quiere remarcar esta necesidad del hombre de comer. Creo que eso también debe golpear nuestro corazón, sobre todo este año, en estos momentos que estamos viviendo”. 

“El comer es una necesidad de la vida, fundamental, y nunca puede ser una mercancía con la que podemos negociar. La alimentación es un derecho primario porque hace directa relación a la vida, y por eso nadie debería pasar hambre, nadie”, enfatizó.

Monseñor Fenoy alentó también a “mirar el gesto de dar gracias por el alimento”. “Jesús da gracias porque quiere decir que el alimento, lo que se va a comer, viene de Dios, es un don de Dios, y como es de Dios, es de todos y para todos”, subrayó. 

Y agregó: “Cuando rezamos en la mesa de casa porque tenemos para comer, tenemos que pensar: esto que estoy comiendo es para todos y de todos. Por eso damos gracias y por eso la eucaristía nos lo recuerda cada vez que la celebramos. Dar de comer es parte de los sentimientos más nobles que puede tener el hombre, cualquier hombre, no solamente el creyente, es como lo mejor de la compasión y de la humanidad”.

“Quiero agradecer en esta tarde a tantos que dan de comer, sin un motivo religioso, sino simplemente porque tienen un corazón de carne y se sienten hermanos y se conmueven ante el hambre de otros, y son muchos en esta ciudad”, exclamó. 

El arzobispo santafesino aseguró: “Hoy le presentamos (a la Virgen) nuestro corazón, nuestras comunidades, nuestras familias, el corazón del pueblo santafesino, para que ella nos enseñe a volver a balbucear este lenguaje de cuidarnos. Cuidar nuestra vida, cuidar la vida de los demás, especialmente de los que están más en peligro o en dificultad, y hacerlo a su estilo, con su ternura, con su delicadeza, con su silencio, con su anonimato. María nos cuida con ternura y está cerca de nosotros”.

Y finalizó: “Deseo de corazón que cada uno de ustedes queridos hermanos, que se han mojado, que han caminado, todos los que vinieron estos días a la basílica, sientan en su vida, en sus dolores, al compartir sus alegrías, que es cierto, María nos cuida con ternura y siempre está cerca nuestro”.+