Lunes 29 de noviembre de 2021

Que la muerte de Angelelli sea semilla de paz para el país

  • 8 de agosto, 2018
  • Buenos Aires (AICA)
En una nota de opinión personal, el ingeniero Emilio Inzaurraga, presidente de la Comisión Nacional de Justicia y Paz, esbozó una respuesta al editorial del diario La Nación que califica de "beatificación de tono político-ideológico" el reconocimiento del martirio de monseñor Enrique Angelelli. "Que su ejemplo nos impulse a buscar siempre la verdad, apasionarnos por la justicia, trabajar por la paz y por la vida, con la certeza de que el mal y la muerte nunca tienen la última palabra", expresó.
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En una nota de opinión personal, el ingeniero Emilio Inzaurraga, presidente de la Comisión Nacional de Justicia y Paz, afirmó que los cristianos "pasamos de la consternación a la indignación" a raíz del editorial del diario La Nación en que se califica de "beatificación de tono político-ideológico" el reconocimiento del martirio de monseñor Enrique Angelelli.

"Angelelli vivió anunciando la Buena Noticia, predicando a todos y practicando la paz. Quienes quieran utilizar su figura para alimentar violencia, odio o revancha falsean su legado o falsean la memoria", advirtió el referente laico en su nota personal.

El ingeniero Inzaurraga expresó su esperanza de que "la muerte de monseñor Angelelli, los padres Carlos y Gabriel y Wenceslao, el campesino y catequista, miembro del Movimiento Rural de Acción Católica asesinado delante de su familia por trabajar por su comunidad al servicio de los más empobrecidos, sea semilla de paz para el país".

"Que su ejemplo nos impulse a buscar siempre la verdad, apasionarnos por la justicia, trabajar por la paz y por la vida, con la certeza de que el mal y la muerte nunca tienen la última palabra", concluyó.

Texto de la nota de opinión personal
Como posiblemente les sucedió a muchos cristianos y argentinos de buena voluntad, al leer la nota editorial publicada hace unos días, por el diario La Nación, pasamos de la consternación a la indignación. Allí se califica de "beatificación de tono político-ideológico" el reconocimiento como martirio en odio de la fe del asesinato de monseñor Enrique Angelelli, los padres Carlos Murias y Gabriel Longueville, y el laico Wenceslao Pedernera, aunque no se mencione a estos últimos, declarado por el Papa Francisco luego de un riguroso proceso canónico.

No es la primera ni la única vez que se difama a Angelelli. Mientras vivió y sirvió como padre y pastor en tierras riojanas, su prédica del Evangelio, su compromiso con los pobres, sus denuncias de las injusticias, su testimonio de vida, molestó a ciertos sectores que lo criticaron haciendo lo posible para acallarlo. Ello provocó una directa intervención del Papa Pablo VI quien en 1973 encomendó a Mons Vicente Faustino Zaspe la misión de visitar La Rioja e informarle directamente sobre la situación. Zaspe fue maltratado desde su llegada y al poco tiempo tuvo que dejar la ciudad casi a escondidas para evitar más agresiones, no sin antes proclamar su aprecio por la tarea pastoral de su hermano Obispo, la concordancia de lo que enseñaba con el sentir de la Iglesia y el apoyo que tenía de parte del Papa.

La muerte de Angelelli no apagó las calumnias, las maledicencias, ni evitó artimañas judiciales y legales para que la verdad permaneciera oculta. Pero en cambio avivó otra llama, mucho más potente: la devoción, la confianza y el cariño de los pobres que desde el primer día lo visitan en su tumba, para confirmar que "hay que seguir andando nomás", como repetía Angelelli y que para ellos fue y será su padrecito bueno.

Angelelli vivió anunciando la Buena Noticia, predicando a todos y practicando la paz. Quienes quieran utilizar su figura para alimentar violencia, odio o revancha falsean su legado o falsean la memoria.

Las opiniones son respetables, aún cuando no sean respetuosas. La falsificación de la verdad no es respetable y hace daño. El editorial de La Nación del 30 de julio falsifica la verdad sobre hechos y comportamientos del Obispo Angelelli mencionando parcial e intencionadamente decisiones judiciales viciadas callando otras. Produce daño; no a la figura de Mons Angelelli y sus compañeros mártires que ya no están al alcance del mal porque gozan del Bien Supremo en la Casa del Padre. Daña a la sociedad argentina que busca reconciliarse, tender puentes por encima de las numerosas brechas que los profetas del odio se empeñan en abrir y ahondar en beneficio propio.

La sangre de los mártires es consecuencia de la violencia. Pero la sangre de los mártires nunca genera violencia; es signo de salvación, de liberación, como lo fue la sangre pintada en las puertas de los Hijos de Israel cautivos en Egipto. Parece casi una contradicción, pero la sangre de los mártires anuncia la Pascua. Es la contradicción del Evangelio, la amorosa contradicción del que muere perdonando a sus asesinos y para dar vida, para que tengamos Vida en abundancia. Esa Vida de la que gozan hoy Angelelli y sus compañeros mártires.

Que la muerte de Mons Angelelli, los padres Carlos y Gabriel y Wenceslao, el campesino y catequista , miembro del Mov. Rural de Acción Católica asesinado delante de su familia por trabajar por su comunidad al servicio de los mas empobrecidos, sea semilla de paz para el país.

Que su ejemplo nos impulse a buscar siempre la verdad, apasionarnos por la justicia, trabajar por la paz y por la vida, con la certeza que el mal y la muerte nunca tienen la última palabra.
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