Viernes 13 de marzo de 2026

Predicación de Cuaresma: 'La fraternidad no es un ideal, sino una responsabilidad'

  • 13 de marzo, 2026
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
En su meditación ante el papa León XIV, fray Roberto Pasolini destacó que las relaciones con los demás son el lugar donde se verifica la auténtica conversión cristiana.
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El predicador de la Casa Pontificia, fray Roberto Pasolini, afirmó que la fraternidad cristiana no puede reducirse a un ideal abstracto, sino que constituye una responsabilidad concreta para los creyentes. Lo expresó durante la segunda meditación de Cuaresma que pronunció este 13 de marzo en el Aula Pablo VI, en presencia del papa León XIV.

La reflexión, titulada "Si alguno está en Cristo, es una nueva criatura. La conversión al Evangelio según san Francisco", puso en el centro la gracia y la exigencia de la comunión fraterna como camino de conversión.

Según explicó el fraile capuchino, la fraternidad no es un simple contexto favorable para la vida espiritual, sino el lugar donde se verifica realmente la transformación que el Evangelio puede obrar en la vida de una persona.

Pasolini señaló que a lo largo de la historia distintos ámbitos -desde el arte hasta los modelos económicos- han intentado imaginar una armonía universal entre los hombres. Sin embargo, la realidad contemporánea aparece marcada por divisiones y conflictos, lo que lleva a considerar esa armonía como un ideal difícil de alcanzar.

Frente a esa percepción, afirmó que la fraternidad es al mismo tiempo don y responsabilidad "seria y urgente".

En su meditación, el predicador recordó la intuición de san Francisco de Asís, quien concebía las comunidades franciscanas sin relaciones de poder ni superioridad, a semejanza de las primeras comunidades cristianas. Para el santo de Asís, explicó, la vida fraterna no debía ser un refugio cómodo, sino un espacio capaz de llevar a cada persona a confrontarse con la verdad de su propio corazón.

El hermano, un don del Señor
"El hermano es un don del Señor", afirmó Pasolini, pero añadió que precisamente por eso no está destinado solo a sostener o ayudar, sino que se convierte en una presencia confiada a cada uno para que su propia vida pueda cambiar.

Al profundizar en el significado de la palabra "hermano", recordó su raíz griega adelphós, que significa "el que viene del mismo seno". Desde esa perspectiva, explicó que los demás no sólo confirman lo que somos, sino que nos llaman a una transformación interior, incluso a través de sus límites, dificultades o diferencias.

Como ejemplo de las resistencias humanas a la fraternidad, el predicador evocó el relato bíblico de Caín y Abel. A su juicio, el drama entre ambos nace de "un problema de mirada". Mientras Abel ofrece a Dios lo mejor de su rebaño, Caín presenta simplemente algunos frutos de la tierra.

Más que la calidad de la ofrenda -explicó- lo decisivo es que el don represente verdaderamente la propia vida. En ese sentido, interpretó que Dios no rechaza la ofrenda de Caín para condenarlo, sino para provocarlo a descubrir que también su vida puede convertirse en un don.

A partir de este episodio bíblico, el predicador invitó a preguntarse "quién es Caín dentro de nosotros", es decir, cuánto espacio ocupa el resentimiento que nace al experimentar que no somos los únicos ni el centro de todo. Cuando no se logra reconciliarse con esa realidad, advirtió, la presencia del otro puede volverse insoportable.

La fraternidad, una oportunidad
En contraste, recordó que para san Francisco la fraternidad era una oportunidad para aprender la lógica de la misericordia evangélica, incluso hacia quien se equivoca. En situaciones de conflicto o ruptura de la comunión -señaló- el Evangelio no invita en primer lugar a defender los propios derechos, sino a buscar el bien mayor: reconocer en el otro a un hermano amado por Dios.

Pasolini subrayó que esta experiencia se vuelve concreta cuando las relaciones no se basan sólo en la simpatía o la afinidad, sino en la conciencia de que Dios ha llamado a los cristianos a vivir juntos como hermanos dentro de la Iglesia.

Finalmente, el predicador afirmó que la Pascua comienza a obrar en la vida de una persona cuando descubre que puede acoger a los demás incluso en medio de heridas, decepciones o conflictos. No porque se haya vuelto más fuerte o virtuosa, sino porque algo viejo ha muerto y algo nuevo ha comenzado a vivir.

En ese marco, concluyó que, en un mundo atravesado por divisiones y guerras, los cristianos están llamados a vivir la fraternidad no solo como una aspiración, sino como un don recibido y una responsabilidad urgente que brota de la fe en la resurrección de Jesucristo.+