Viernes 2 de diciembre de 2022

Patriarca caldeo: "Sólo la reconciliación salvará al país"

  • 10 de junio, 2015
  • Bagdad (Irak) (AICA)
Hace exactamente un año, en la noche entre el 9 y el 10 de junio de 2014, los yihadistas del Estado Islámico conquistaron la segunda ciudad más grande de Irak, Mosul. Con motivo de este primer aniversario de lo que se definió como "la tragedia de Mosul", el Patriarca de Babilonia de los Caldeos, Louis Raphael I, dirigió un mensaje a los refugiados forzados a huir de su ciudad para expresarles su cercanía en la oración, junto con la esperanza de "que puedan volver pronto a casa, en la tierra de sus padres".
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Hace exactamente un año, en la noche entre el 9 y el 10 de junio de 2014, los yihadistas del Estado Islámico conquistaron la segunda ciudad más grande de Irak, Mosul. Centenares de miles de personas perdieron todos sus bienes en una sola noche y fueron obligados a escapar al extranjero o a vivir como prófugos en su propia tierra.

Con motivo de este primer aniversario de "la tragedia de Mosul", el Patriarca de Babilonia de los Caldeos, Louis Raphael I, dirigió un mensaje a los refugiados forzados a huir de su ciudad para expresarles su cercanía en la oración, junto con la esperanza de "que puedan volver pronto a casa, en la tierra de sus padres".

En su mensaje el Patriarca recuerda, una vez más, que Irak es "la tierra de nuestros padres y de nuestros abuelos, esa es parte de nuestra historia y de nuestras memorias". Al gobierno, a la comunidad internacional y a los líderes religiosos, cristianos y musulmanes, la tarea de proponer iniciativas aptas para resolver la crisis. Sin embargo, sólo gracias a una verdadera "reconciliación" de las varias almas del país "podremos decirnos que somos todos vencedores y no habrá ningún perdedor, sino el mal mismo".

Mensaje del Patriarca Sako I
"A distancia de un año de la tragedia de Mosul, nosotros dirigimos nuestra mirada en dirección de nuestra amada gente para decirles a ellos que nos unimos en la oración y en su esperanza de una salvación ya próxima y de un rápido retorno a sus casas. Porque ésta es la tierra de nuestros padres y de nuestros abuelos, esa es parte de nuestra historia y de nuestras memorias.

Renovamos una vez más nuestro pedido a la comunidad internacional y a las autoridades religiosas para que pongan en campo un compromiso decidido acto para contener la crisis, ya sea la humanitaria como la política. Si persiste la actual situación, entonces estaremos destinados a lo peor. ¡Desocupación y pobreza, evacuación, muerte y destrucción son visibles por todas partes!

Pedimos mientras tanto y con renovada urgencia a los políticos iraquíes en una real reconciliación y a una radical reforma de la política, porque gracias a la reconciliación podremos decirnos todos vencedores y no habrá ningún perdedor, sino sólo el mal mismo como se suele repetir.

La reconciliación implica también la asunción de responsabilidad desde lo profundo del corazón y en modo sabio, a través de un plan bien preciso que garantice concesiones que llevarán a la paz, estabilidad y prosperidad a la nación.

Trabajemos por la reconciliación, para por fin vencer a la muerte también de un solo ciudadano iraquí a causa de su religión o de la doctrina confesada, por la lengua o el género de pertenencia.

Trabajemos por la reconciliación, para que no deba morir ni siquiera un niño a causa del hambre, de la sed, de la falta de curaciones médicas.

Trabajemos por la reconciliación, para prevenir la evacuación y la dispersión en el futuro de también una sola familia.

Trabajemos por la reconciliación, para evitar humillaciones, violencias o reducción a la esclavitud de mujeres iraquíes.

Como Iglesia, nos comprometemos en llevar adelante nuestra misión humanitaria y espiritual al servicio de los evacuados internos y para cuántos tuvieron que escapar al extranjero, alentándolos y apoyando su espíritu y hacerlos fuertes frente a los grandes desafíos.

Ciertamente, un milagro está en las manos de Dios y sólo Él podrá hacer sí que las olas se aplaquen y la tempestad se cambie en silencio. ¡Amén!"+