Miércoles 2 de diciembre de 2020

Para ver a Dios, es necesario liberar el corazón de sus engaños

  • 1 de abril, 2020
  • Ciudad del Vaticano (AICA)
Catequesis del Papa Francisco durante la audiencia general, desde la Biblioteca del Palacio Apostólico, sobre las Bienaventuranzas

“Para ver a Dios no hay necesidad de cambiar anteojos o el punto de observación, ni cambiar los autores teológicos que enseñan el camino, ¡debes liberar tu corazón de sus engaños!”, señaló esta mañana el papa Francisco durante la audiencia general, desde la Biblioteca del Palacio Apostólico, continuando con su ciclo de catequesis sobre las Bienaventuranzas, en esta ocasión la sexta bienaventuranza, “que promete la visión de Dios y que tiene como condición la pureza del corazón”.



Francisco puso en relieve “la sed de una relación personal con Dios, no mecánica, no un poco nebulosa, no, personal” que existe en la naturaleza humana y que se manifiesta en la Biblia.



Explicó que muchas veces “conocemos a Dios por lo que nos han dicho, pero con nuestra experiencia vamos adelante y al final lo conocemos directamente si somos fieles. Esta es la madurez del espíritu”.



El Papa se preguntó: “¿Cómo llegar a esa intimidad?”. Para explicarlo, se remitió al encuentro de los discípulos de Emaús con Jesús después de la Resurrección. Los discípulos caminaban junto a Jesús, explicó Francisco, pero, como se señala en el Evangelio, “sus ojos no eran capaces de reconocerlo”.



Las palabras de Jesús hacia ellos son duras: “¡Hombres duros de corazón! ¡Cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas!”.



El Santo Padre señaló que “cuando el corazón es duro, no se ven las cosas. Se ven las cosas como nubladas”. “Ese es el origen de su ceguera: su corazón era duro”.



En su catequesis, Francisco puso el acento en que “la sabiduría de esta bienaventuranza radica en que para poder contemplar es necesario entrar dentro de nosotros y hacer espacio a Dios”. “Ese es el único camino”.



“Una maduración decisiva es cuando nos damos cuenta de que nuestro peor enemigo, con frecuencia, está escondido en nuestro corazón. La batalla más noble es contra los engaños interiores que generan nuestros pecados”.



El pontífice advirtió que “los pecados cambian la visión interior. Cambian la evaluación de las cosas, te hacen ver cosas que no son verdaderas, o al menos verdaderas de ese modo”.



Por eso “es importante comprender qué es ‘la pureza del corazón’. Para hacerlo, se necesita recordar que para la Biblia el corazón no consiste sólo en sentimientos, sino que es el lugar más íntimo del ser humano, el espacio interior donde una persona es ella misma”.







Pero, ¿qué significa un corazón puro?, se pregunta el Papa. “El corazón puro vive en la presencia del Señor, conservando lo que es digno de la relación con Él; solo así posee una vida íntima, unificada, lineal, no tortuosa, sino simple”.



“El corazón purificado es, por lo tanto, el resultado de un proceso que implica una liberación y una renuncia. Un corazón puro no nace como tal, necesita una simplificación interior, aprendiendo a renegar del mal”.



Esa purificación interior “implica el reconocimiento de esa parte del corazón que se encuentra bajo influencia del mal para aprender el arte de dejarse amaestrar y conducir por el Espíritu Santo”.



Por medio de ese camino del corazón “llegaremos a ver a Dios”. “No tengamos miedo. Abramos las puertas de nuestro corazón al Espíritu Santo para que nos purifique y nos lleve adelante en este camino hacia la alegría plena”, concluyó el papa Francisco. +