Viernes 7 de agosto de 2020

Obispos uruguayos: La legalización de la eutanasia abre la puerta a una cadena de violaciones de la dignidad humana

  • 25 de junio, 2020
  • Montevideo (Uruguay) (AICA)
La Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU) elaboró la "Declaración sobre la Eutanasia y el Suicidio médicamente asistido. Un aporte para el debate público" para contribuir al debate público.

La Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU) elaboró la “Declaración sobre la Eutanasia y el Suicidio médicamente asistido. Un aporte para el debate público” con el objetivo de “hacer pública nuestra valoración sobre la eutanasia y el suicidio asistido, para contribuir al necesario y civilizado debate público sobre un tema tan relevante”.

La presentación del documento tuvo lugar el viernes 19 de junio, fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, al final de la Asamblea Plenaria. El obispo de Maldonado-Punta del Este-Minas y secretario general y portavoz de la CEU, monseñor Milton Tróccoli y el obispo auxiliar de Montevideo, monseñor Pablo Jourdan, quien elaboró el documento, señalaron a los periodistas presentes: “Necesitamos un Uruguay que acoja, proteja, promueva y acompañe a cada persona en toda su existencia, incluida la etapa final de su vida terrena, a través de la fundamental ayuda de la familia, la medicina paliativa y la genuina experiencia religiosa”.

Aseguraron que “no es éticamente aceptable causar la muerte de un enfermo, ni siquiera para evitarle el dolor y el sufrimiento, aunque él lo pida expresamente. Ni el paciente, ni el personal sanitario, ni los familiares tienen la facultad de decidir o provocar la muerte de una persona…esa acción constituye un género de homicidio llevado a cabo en contexto clínico” y, aclararon, que tampoco “es éticamente aceptable la obstinación terapéutica que consiste en querer prolongar la vida del paciente a toda costa, sabiendo que no se proporciona un beneficio al paciente”.

Los Pastores resaltaron que “nuestra sociedad necesita apoyar las leyes que prevengan y desestimulen cualquier género de eutanasia y suicidio asistido”. Asimismo, enfatizaron que “jurídicamente, un proyecto en favor de la eutanasia y el suicidio medicamente asistido, implica cambiar el valor absoluto de la vida humana y su carácter de derecho humano fundamental indisponible e irrenunciable, contra la Constitución y los Derechos Humanos”.

En la Declaración los obispos recuerdan que “La dignidad de la persona se fundamenta en el mismo hecho de pertenecer a la especie ‘humana’. La vida de cada persona es bella, única, irrepetible e insustituible”. Y por eso entienden que “Necesitamos un Uruguay que acoja, proteja, promueva y acompañe a cada persona en toda su existencia, incluida la etapa final de su vida terrena, a través de la fundamental ayuda de la familia, la medicina paliativa y la genuina experiencia religiosa”. 

Más adelante aseguran que “No es éticamente aceptable causar la muerte de un enfermo, ni siquiera para evitarle el dolor y el sufrimiento, aunque él lo pida expresamente. Ni el paciente, ni el personal sanitario, ni los familiares tienen la facultad de decidir o provocar la muerte de una persona”. Y agregan, “Tampoco es éticamente aceptable la obstinación terapéutica que consiste en querer prolongar la vida del paciente a toda costa, sabiendo que no se proporciona un beneficio al paciente. La aplicación de procedimientos diagnósticos y terapéuticos desproporcionados solo sirve para prolongar inútilmente la agonía”.

En otro punto, la CEU señala que “La sedación paliativa es una indicación médica científica y éticamente correcta, que se plantea cuando los pacientes padecen síntomas refractarios que le provocan un sufrimiento intolerable. Exige un control clínico permanente del efecto buscado y requiere para su inicio el consentimiento explícito o implícito del paciente, o en caso de incapacidad, delegado en un familiar directo”. 

Cuidar la dignidad humana
Para los obispos “Nuestra sociedad necesita apoyar las leyes que prevengan y desestimulen cualquier género de eutanasia y suicidio asistido. Valoramos las leyes que han permitido el acceso universal a programas de salud mental, a la medicina paliativa y al sistema nacional de cuidados, pero aún es preciso desarrollar programas que faciliten su cumplimiento y la accesibilidad real a toda la población”.

Y puntualizan que “Jurídicamente, un proyecto en favor de la eutanasia y el suicidio médicamente asistido, implica cambiar el valor absoluto de la vida humana y su carácter de derecho humano fundamental indisponible e irrenunciable, contra la Constitución y los Derechos Humanos”. 

Como asamblea de obispos advierten que “Se induce a error y se abre la puerta a una cadena de violaciones de la dignidad de la persona humana cuando se pretende legalizar la eutanasia y la asistencia al suicidio, mediante el uso de términos genéricos tales como ´sufrimientos insoportables´ y cuando se los quiere justificar con conceptos vagos como ´autonomía absoluta´, ´vida indigna de ser vivida´ y ´muerte digna´. Ninguno de estos términos tienen interpretaciones claras y unívocas. La experiencia en otros países demuestra que terminan dando lugar a diversos abusos”. 

Sobre el final del documento, los obispos expresan que “En las enfermedades graves y más aún cuando probablemente se acerca la muerte, las personas se encuentran por lo general especialmente necesitadas y deseosas de múltiples apoyos, así como de asistencia religiosa. La Iglesia, servidora de la humanidad, quiere ofrecer la luz de la vida eterna que emana de Cristo muerto y resucitado, capaz de llenar de amor, misericordia y esperanza las situaciones más complejas y, en muchas ocasiones, dolorosas de la existencia humana. Solo así podremos llegar con paz y dignidad a expresar en el momento final sentimientos confiados y palabras similares a las de Jesucristo en su agonía: ´En tus manos, Padre, encomiendo mi espíritu”. 

"Como obispos del Uruguay -concluyen los prelados- hemos querido hacer nuestro aporte en esta importante problemática moral. Invocamos la protección del Altísimo para que ilumine a los representantes del pueblo a fin de que legislen a la luz de la dignidad de la persona y los derechos humanos. Del mismo modo pedimos a Dios que oriente y fortalezca al personal de la salud, a las comunidades cristianas y a las familias, para que cuiden y respeten el valor incondicional de las personas que se acercan al final de la vida". +