Sábado 27 de febrero de 2021

Mons. Ojea invita a entrar en contacto profundo con la realidad

  • 18 de febrero, 2021
  • San Isidro (Buenos Aires) (AICA)
El obispo de San Isidro anima a cultivar las virtudes teologales durante la Cuaresma y destaca lo que implica la caridad para "ponerse al lado de" quienes verdaderamente necesitan.

El obispo de San Isidro y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Oscar Vicente Ojea, presidió la misa del Miércoles de Ceniza en la catedral de San Isidro Labrador, donde recordó que la Cuaresma es un tiempo en el que la Iglesia invita a “entrar en un contacto profundo con la realidad, con nuestra realidad”.

“Por un lado la realidad de nuestra fragilidad, de nuestra pobreza, de nuestro pecado, de nuestros límites; esto va a estar reflejado en esa identificación con el polvo que somos; somos polvo, volvemos al polvo. Esto significa que nuestra naturaleza es frágil”, explicó.

“Es débil pero al mismo tiempo tocamos otra realidad, la realidad del Espíritu de Dios; estamos en camino hacia la Pascua, está es la Cuaresma y allí nos encontraremos con el Espíritu de Dios que con toda la potencia de su amor va a resucitar a Jesús y por esto mismo nos va a dar a nosotros una vida nueva, como si el Señor quisiera hacer de cada uno una nueva creación, ‘un corazón’ nuevo dice el Salmo, le pide al Señor un corazón nuevo y el corazón nuevo es la nueva creación”.

El prelado sanisidrense destacó que “Dios vuelve a tomar ese barro que somos como lo tomo al comienzo de la creación, sopla sobre el y le da un aliento nuevo, el aliento del Espíritu; por eso al renunciar al espíritu del mal y al hacer las promesas del bautismo en la Pascua volvemos a ser nuevos”.

“Este es un tiempo para que se acrecienten las virtudes teologales: la fe, la esperanza y la caridad. La fe nos hace entrar en contacto con la realidad pero no de cualquier manera sino mirada con los ojos de Dios, es ver la realidad, aceptarla como es, acogerla y vivir a fondo la voluntad de Dios, por eso no hay ningún contacto más realista que aquel provocado por la fe. Por la fe tocamos tanto nuestro pecado, nuestra pobreza, nuestro límite como al mismo espíritu de Dios que viene a nuestro encuentro”, detalló.

El obispo puntualizó que la Iglesia propone el ayuno como uno de los caminos de este tiempo, al afirmar: “El ayuno, en el sentido y en la medida que hacemos una privación, dejamos de consumir alguna cosa para compartir, aunque sea unos instantes, el dolor de los que sufren hambre”.

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“Es un modo delicado que tiene la Iglesia de proponernos ‘estar en contacto con la realidad’, con esta realidad que azota una parte importantísima del mundo y también de nuestro país”, sostuvo.

Monseñor Ojea aseguró que la esperanza “es el ancla donde nosotros ponemos nuestro corazón después de un camino arduo, difícil, complejo” y parafraseando el mensaje del papa Francisco para la Cuaresma, reconoció: “A veces parece una utopía hablar de esperanza en un tiempo tan difícil como el que vivimos y, sin embargo, el Señor nos propone una esperanza que no defrauda, Él no nos falla”.

“Entonces para poder vivir esa esperanza y transmitirla a los hermanos como testigos de la esperanza y animar, alentar, estimular a los hermanos -explicó- la Iglesia propone la oración, esta meditación de la Palabra de Dios que alimenta nuestro espíritu y aumenta en nosotros la esperanza y la caridad que a través del ejercicio de la limosna busca tocar la realidad del que verdaderamente necesita pero a través de nuestro corazón, de un ‘ponernos al lado de’, ‘de un aprender a dar’, de un modo generoso, desprendido que nos libre de cualquier atadura”, subrayó.

Monseñor Ojea invitó a pedirle al Señor que al comenzar este camino cuaresmal cada uno pueda crecer en estas virtudes, y que a través del ayuno, la oración y la limosna se puedan preparar, como pide la Iglesia, a “renovar la Pascua” y poner el barro delante del Señor en esta tarde de Miércoles de Ceniza.

“Nuestra cabeza humilde que se inclina a recibir la ceniza, este año con motivo de la pandemia, vamos a expandirla sobre la cabeza de cada uno de ustedes diciendo ‘conviértete y cree en el Evangelio’. Esto es lo que nos propone este tiempo para transformar este polvo que somos en un corazón nuevo”, concluyó.+