Lunes 16 de mayo de 2022

Mons. Ojea: "Estar activo durante el pontificado de Francisco es un privilegio"

  • 17 de diciembre, 2021
  • Bogotá (Celam) (AICA)
En una entrevista con ADN Celam, el obispo de San Isidro y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina afirmó que, en estos tiempos, la Iglesia es desafiada a "servir a la humanidad, desde la fe"
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El obispo de San Isidro y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Oscar Vicente Ojea, destacó que  “estar activo durante el tiempo del pontificado del papa Francisco es un privilegio” y sostuvo que en un mundo que vive una situación muy dolorosa, provocada por una pandemia que nos llevó a descubrir que como humanidad somos interdependientes, la Iglesia es desafiada a “servir a la humanidad desde la fe”.

En entrevista con ADN Celam, el prelado argentino reflexionó sobre esta nueva andadura, el Sínodo sobre la Sinodalidad y todo el proceso iniciado en el Sínodo para la Amazonía, donde fue uno de los padres sinodales, que continuó con la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe.

-El papa Francisco lo confirmó como obispo de San Isidro, pese a haber cumplido la edad canónica para presentar la renuncia, y poco después, los obispos de la Argentina lo reconfirmaron como presidente de la Conferencia Episcopal. ¿Cómo se siente en un momento en que pensando en que ya sería obispo emérito va a continuar asumiendo las responsabilidades ejercidas en los últimos años?
-Me siento muy contento, muy agradecido a la confianza del Santo Padre y de mis hermanos, y dispuesto a vivir estos tres años, si Dios me los concede, como años de trabajo, años arduos. Creo que lo que sostiene en el fondo es el amor a la Iglesia, a nuestra Iglesia en la Argentina, en San Isidro, saber que, como pasa en todo el mundo, estamos en un momento muy complejo, pero al mismo tiempo de mucha esperanza. Poder trabajar y estar activo durante el pontificado del papa Francisco que, a mi modo de ver, está transformando la Iglesia, para mí es un privilegio.

-Habla de dificultades y esperanzas. La pandemia es algo que transformó la vida de la sociedad y se convirtió en una dificultad para much gente, pero también como Iglesia estamos viviendo un tiempo de esperanza con el próximo Sínodo sobre la Sinodalidad. ¿Cómo cree usted que eso va a afectar al futuro de la Iglesia?
-El documento preparatorio al Sínodo es muy claro y muy serio, a mí me gusta mucho ese documento. En primer lugar, contextualizó muy bien la situación, hablándonos de la pandemia. Nosotros no podemos medir todavía las huellas que dejó la pandemia, pero seguramente dejó tristeza, enojo, temor, no contacto, estar más alejados. Todo eso reduce en forma importante la calidad de nuestros encuentros humanos. Al mismo tiempo, los daños que va a dejar la hiperconectividad, el aislamiento que produce estar todo el día delante de una pantalla, sobre todo para los niños.

En todo este contexto difícil, al que se agregan las dificultades que plantea claramente el documento preparatorio, que en eso me pareció muy lúcido, el tema de los abusos en la Iglesia, la pérdida de credibilidad, las heridas profundas que estas situaciones dejaron, una Iglesia que sale a escuchar, que es la primera actitud misionera, que tiene que cuidar el vínculo con las personas que se encuentra en el camino de la vida, en el camino del apostolado. Lo primero que hace el misionero es escuchar, conocer lo que está pasando, cómo late el corazón en el otro lado.

Esta actitud que propone Francisco de salir a escuchar, es desafiante, porque es escuchar en un mundo donde cada uno escucha su propio discurso, no nos escuchamos unos a otros. Donde hay un importante encapsulamiento en la afirmación del buen trato con las personas con las que coincidimos en pensamiento, en sensibilidad, y cada vez más viviendo las relaciones como un refugio, como una defensa, y no como propone el capítulo tercero de Fratelli tutti, que es pensar y gestar un mundo abierto, como una relación fraterna y amorosa que va creciendo en círculos, que se va expandiendo.

Esa noción de que el amor dilata el corazón y no se convierte en un refugio que aísla de un mundo cruel del cual hay que defenderse. Salir a escuchar en una situación de crisis, es una actitud valiente, siempre que la escucha sea comprometida, porque el Papa advierte de algunos peligros de la escucha como si fuera un gatopardismo, un formalismo, un intelectualismo que nos aleja de la realidad, un hacer que algo cambie para que nada cambie. Peligros que sabemos que están y han estado presentes en muchas conferencias internacionales de una enorme importancia.

En la COP26, hemos visto a los grandes líderes hablando del peligro de la catástrofe del calentamiento global, que estamos en un tiempo límite. Discursos muy importantes ante este peligro, y después se van reduciendo las informaciones, se van bajando las expectativas, cuesta mucho hacer los consensos, y da la impresión de que se habla muy fuerte para no hacer nada, o para hacer muy poco. De eso tenemos que cuidarnos mucho, porque es un estilo que sin darnos cuenta estamos adquiriendo, una capacidad retórica para nombrar las dificultades, ponerlas delante, pero en el fondo volver a ocultarlas.

-Usted participó del Sínodo para la Amazonía y fue uno de los asambleístas en la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe. En este camino hacia el Sínodo sobre la Sinodalidad, y dentro del proceso que quiso iniciar y llevar adelante el papa Francisco, ¿qué papel puede tener la Asamblea Eclesial frente al próximo Sínodo en cuanto a la metodología para el discernimiento, el desarrollo presencial y virtual y las conclusiones alcanzadas?
-El Sínodo de la Amazonía fue un enorme paso adelante, por esa consulta a más de 80 mil personas, comunidades que verdaderamente estaban viviendo la suerte de esa región del mundo, donde nos encontramos con una hermosura desfigurada. Me pareció que el Sínodo de la Amazonía, en cuanto a la fidelidad a la consulta, tuvo dos presínodos, donde nosotros preparábamos la consulta al Pueblo de Dios y luego tratamos de responder con el Documento Preparatorio a la situación.

Ha sido un excelente inicio de proceso, que después se cristalizó en la continuidad de la Repam y en la concreción de la Ceama, ya aprobada. Esto ha sido muy, muy importante. Y la Asamblea Eclesial, yo la viví como el inicio de un proceso, como un comienzo auspicioso, que ayuda. Por supuesto hay muchas cosas que tenemos que repensar en cuanto a la metodología, pero supera mucho más el logro de haberlo intentado. Yo disfruté de un grupo muy bueno. Hubo dificultades técnicas durante algunas partes, pero le escribí a Mauricio López felicitándolo por el primer encuentro, que no se pudo concretar por fallas técnicas, y de modo admirable pudo sostener un grupo de casi 500 personas, volcando algunas cosas importantes.

Una de las cosas claves en los sínodos, y que tenemos que encontrar el modo, es hacer participar al pueblo que no está tan vinculado a las estructuras eclesiales. Cuando el Documento Preparatorio del Sínodo habla en la parte bíblica de la relación entre Jesús, la multitud y los apóstoles, me parece muy interesante el relieve que da Jesús a aquellas personas que no pertenecen al pueblo elegido. El diálogo con la samaritana, con Zaqueo, la cananea.

Me parece muy importante que podamos distinguir en nuestras comunidades eclesiales, lo que es la comunidad eucarística de la comunidad que es solo bautismal, pero que es comunidad, forma parte de la Iglesia, es la comunidad creyente. Además de todo el tema que plantea el Papa del sentido de la fe del Pueblo de Dios, en muchos casos también hay sentido común en nuestro pueblo. Me da la impresión que esa franja del laicado, tenemos que buscarla y tiene que participar más intensamente de nuestras asambleas. No solo el laicado que llamamos “comprometido”, que es el laicado que está más cerca de las estructuras, de nuestras parroquias y comunidades, sino aquel laicado que mira a la Iglesia, vive su bautismo, aunque está alejado de la práctica sacramental.

También apareció con virulencia el tema del clericalismo, algo muy importante, porque el clericalismo forma parte de una cultura autoritaria, en donde con facilidad se llega a abusos de poder. Haber percibido esta situación que trae a la Iglesia innumerables problemas, porque se crea una cierta impunidad en los sacerdotes, con respecto al trato con los fieles, esto apareció con gran virulencia y yo creo que es algo muy importante.

Estamos delante de un cambio cultural en la Iglesia, este embate ante el clericalismo se tiene que canalizar en nuestros seminarios, en la formación de nuestro clero, en la que tiene que participar el laicado de un modo mucho más intenso. Hay una orfandad en nuestra formación de presencia femenina y laical, que realmente tenemos que apurarnos a resolver, porque si no nos va colocando en una situación en la que nos vamos a sentir lejos de nuestro pueblo.

-Habla sobre los grupos de discernimiento en la Asamblea Eclesial, donde la novedad fue la presencia de todos los estratos del Pueblo de Dios, obispos, vida religiosa, sacerdotes y laicos, que era el mayor grupo. ¿Realmente el clero está preparado para hablar de igual a igual con los que tradicionalmente se los ha considerado en un escalón inferior?
-Es una pregunta difícil, pero yo creo que esto ayuda a hacer camino. El otro día estuve en Rosario, la segunda ciudad en población de la Argentina, que está viviendo una situación social tremenda con respecto al narcotráfico, con muchos delitos. Estuve reunido con una comunidad que trabaja en las zonas más carenciadas, y ya no se concibe para abordar este tipo de situaciones de un modo pastoral que no estén juntos los laicos, las religiosas, los sacerdotes.

Tuve dos reuniones con laicos, laicas, religiosas con hábito y sin hábito, para dar una idea de la diversidad, sacerdotes. Me pareció que ya estaban actuando en un nivel donde cada uno sabía cuál era su responsabilidad, y la misma circunstancia pastoral va generando la necesidad de un abordaje compartido. Eso también hay que tenerlo en cuenta, ya un sacerdote solo no puede con facilidad abordar algunas situaciones pastorales. El precio es una enorme lejanía.

Estamos haciendo camino, falta mucho, va a haber resistencias, arrastramos una formación, un modo de tomar decisiones, pero esta decisión del Papa de inter escucharnos, nos va a hacer muchísimo bien. Me parece el comienzo de un proceso.

-¿Qué podemos esperar del futuro de la Iglesia en los próximos meses y años?
-Estamos en medio de una situación muy dolorosa en el mundo. Poco a poco vamos tomando conciencia de que en el mundo se está dando una división muy profunda. Pero también vamos tomando conciencia de que la Iglesia puede iluminar, puede ayudar a que una humanidad que está desgarrada y que tampoco encuentra su destino, una humanidad que se agrieta cada vez más, que perdió el rumbo, que frente a la pandemia claramente perdió el control, que se dio cuenta de que está en un mundo interdependiente.

La distribución de las vacunas fue tan injusta que nos sorprendemos de que hoy continúe el virus porque hay una parte de la humanidad que no está vacunada. Y no está vacunada porque vive en situaciones de pobreza. Pero el no estar vacunada hace que toda la humanidad viva en peligro. Se va tomando conciencia de la interdependencia, y me da la impresión de que en estos próximos años es la Iglesia frente al mundo la que va, con los recursos que tenemos, con todos nuestros defectos, nuestros pecados, nuestras divisiones, pero tenemos el patrimonio del Evangelio en nuestra tradición.

En esto tiene su luz para ayudar al mundo, servir a la humanidad, desde la fe. Nos vamos encaminando hacia eso, encontrar en un mundo plural, no ya en un mundo católico, nuestro lugar para la construcción de una humanidad diferente.

Más información en www.prensacelam.org.+