Martes 26 de octubre de 2021

Mons. Mestre: "La salvación es siempre un don gratuito de Dios misericordioso"

  • 13 de octubre, 2021
  • Mar del Plata (Buenos Aires) (AICA)
El obispo de Mar del Plata llamó a reflexionar con sus tradicionales tres puntitos sobre el Evangelio de este domingo. Las palabras que resonaron son: atadura, sabiduría y amor.
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En su homilía de este domingo 28° durante el año, monseñor Gabriel Mestre, obispo de Mar del Plata, invitó a reflexionar sobre las ataduras a las riquezas como primer punto, la sabiduría como descubrimiento del "sabor a la vida según Dios" en segundo lugar, y, para concluir, llamó a "dejarnos tocar por la mirada de amor de Jesús". 

Estar atado a las riquezas
Para comenzar, monseñor Mestre mencionó el riesgo de estar atados a las posesiones, así “tengamos mucho o poco en diversos tipos de riquezas”. Y exhortó a ser libres y “no sentirnos atados a nada de lo que poseamos, tenemos o somos”. En cuanto a esto, recordó que el mal no está en la riqueza en sí misma, sino en la actitud frente a ella.

Atento a esta cuestión, invitó a preguntarse: "¿Cómo me afecta la insaciable sociedad de consumo que nos rodea? ¿Me educo y educo a los demás para ser libres?".

La gran riqueza de la sabiduría
En este aspecto, se refirió a la primera lectura que “nos da la clave de la verdadera actitud ante las riquezas”. Por eso, remarcó que esta sabiduría no es en un sentido académico, instructivo o enciclopédico y subrayó: “En clave bíblica, es el arte de vivir bien según la voluntad de Dios”. 

Y agregó que, según la etimología, está vinculada al sabor. “La sabiduría en sentido teologal es la capacidad de descubrirle el verdadero sabor a la vida según Dios”.  

“Por eso la sabiduría viene vinculada a la verdadera prudencia. El sabio es el que sabe vivir según Dios, no estando atado a las riquezas de este mundo, y aprendiendo a integrar lo bueno y lo malo, lo claro y lo oscuro, lo alegre y lo triste, lo fecundo y lo infecundo. Desde Dios, todo en la vida está llamado a ser fuente de sabiduría”, observó.

Jesús te mira con amor y te salva
Por último, remarcó como frase central del Evangelio: “Jesús lo mira con amor” y convocó: “Tenemos que dejarnos tocar por esa mirada de amor de Jesús. Él nos fortalece y da sustento real a nuestra vida por su mirada de amor”.  

Con relación a esto, añadió: “Ante la desesperación de los discípulos por la dificultad en torno a la salvación, Jesús deja en claro que siempre es don de Dios. No podemos salvarnos a nosotros mismo ni salvar a nadie: la salvación es siempre un don gratuito del Dios misericordioso. Mirada de amor y salvación eterna van de la mano”.

“Debemos superar la tentación de creer que nos salvamos en primer lugar por nuestros méritos. Es Dios el que nos salva, porque para Él todo es posible”, concluyó.+