Lunes 24 de enero de 2022

Mons. Macín y un pedido tras haber padecido Covid

  • 19 de agosto, 2021
  • Reconquista (Santa Fe) (AICA)
"La voz de la sangre de los muertos en la pandemia clama al cielo", asegura el obispo de Reconquista, y pide unidad para erradicarla y quitar la inequidad y las mentiras que se tejen en su entorno.
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El obispo de Reconquista, monseñor Ángel José Macín, escribió un nuevo capítulo de sus meditaciones pastorales en torno a la pandemia atravesando el período de aislamiento, tras haberse contagiado Covid-19, al que ya ha superado por lo que se encuentra de alta y en buen estado de salud.

El prelado comienza su reflexión compartiendo el mensaje del sacerdote formoseño Francisco Nazar, quien debe iniciar un tratamiento delicado por un problema sanitario y escribió: “Este nuevo tiempo lo vivo como un ‘viaje al país de los enfermos’, no ya visitando, sino que incorporándome a esta gran comunidad de quienes sufren en sus cuerpos y de quienes, como buenos samaritanos los cuidan y buscan sanar. En esta comunidad de iguales no estamos solos”.

“Comparto plenamente lo expresado. La enfermedad es un viaje, un viaje a lo desconocido. Cada enfermedad es así. Pero no es un viaje cualquiera. Hay que dejarse llevar por lugares desconocidos y eso cuesta bastante. Hay que estar abiertos a las sorpresas, agradables y desagradables. Aceptar los momentos más tranquilos y los momentos un poco más duros”, afirma.

“También es cierto que no estamos solos. Aunque de un modo indirecto, siempre hay gente que está velando por nosotros. Un inesperado descubrimiento es que el país de la enfermedad está poblado de rostros y de personas que sufren. Y hay una solidaridad de fondo en todo eso. También hay infinidad de rostros que te acompañan, visibles e invisibles”, agrega.

El obispo destaca que “para quien tiene fe en Dios, la presencia del Señor se experimenta de un modo particularmente intenso” y reconoce: “No es fácil describir esta vivencia. Por momentos, aparece la queja y el malestar. Pero la Palabra del mismo Señor nos ayuda en eso, cuando dice ‘el Señor está conmigo, no temo’”. 

Monseñor Macín refiere a la “mboyeré” (mezcla) de sentimientos que embargan al enfermo de Covid-19 con el correr de los días y admite: “Está muy lejos de ser una vivencia placentera”.

 “Una cosa es leer e informarse sobre la enfermedad, cosas necesarias por cierto. Otra es el respeto de las medidas de seguridad, a veces ingenua o culposamente transgredidas. También es molesto y preocupante estar aislado por contacto directo. Pero es algo totalmente nuevo cuando uno comienza a darse cuenta que el virus ha entrado en su cuerpo, que algunos síntomas coinciden, que se pierde el olfato o el gusto. Entonces sobreviene una mezcla de sensaciones: quizá la primera reacción es la negación de lo que está pasando”, cuenta.

“Por ejemplo, tomarse varias veces la temperatura para ver si se equivocó el mercurio; perplejidad ante decisiones que hay que ejecutar, es decir, a quien llamar, avisar o si conviene esperar un poco; luego sigue el tiempo ‘interminable’ entre el hisopado y la comunicación del resultado, hasta que la realidad patente se presenta de un modo implacable. Allí comienza otra historia. No la maneja uno. La conducen otros. En lo más recóndito del corazón de quien ha pasado por este momento, quedará una huella grabada de un modo indeleble”, añade. Al parecer, por ahora, esta es una particularidad del Covid–19: no se sabe a ciencia cierta cómo será la evolución de los días que siguen”, detalla.

Y agrega: “A partir de entonces todo el panorama cambia de un solo golpe. Las cosas que parecían imprescindibles y urgentes, ya no lo son. Me ha pasado de sentirme extrañamente ensimismado, con la mente en blanco o imaginando diversos escenarios. Luego logré reaccionar. Pude ordenar mínimamente los sentimientos y ‘dejarme llevar por la mano de otros’. ¡Qué difícil es esto! ¡Cómo ha calado hondo la autosuficiencia en nosotros!”.

Monseñor Macín desgrana alguna de esas sensaciones y en quiénes y en qué encontró apoyó en esos momentos de soledad y falta de certezas. También se refirió al “amor virgen”, la asociación a los sufrimientos de Cristo, la ofrenda de reparación, la salida pascual…

Tras hacer hincapié en las preocupaciones e interrogantes, reflexiona: “Humildemente pienso que no podemos resignarnos a que las cosas sigan como están hoy, especialmente los cristianos. El sufrimiento de tanta gente merece una reacción, creyente y comprometida, que contagie y proclame esperanza y fortaleza”.

“Es muy claro que la resignación y la pasividad frente a este fenómeno y sus ramificaciones no pueden constituirse en la única alternativa que nos queda. Los ciudadanos de una zona, de un país, del mundo, tenemos que despertar nuestra conciencia y la de otros, unirnos y comprometernos, buscando soluciones y caminos de salida, y exigiendo con nuestra presencia y compromiso que se tome en serio la cuestión, se clarifiquen algunas cosas, que la inmunización sea pareja para todos los que quieran sumarse. Es tiempo de coraje, audacia y valentía. Es tiempo de mayor participación, desde el diálogo y la diversidad constructiva, y desde una actitud sistemáticamente proactiva. La voz de la sangre de los muertos en la pandemia clama al cielo como la del justo Abel, y podemos oír su grito. No nos quedemos de brazos cruzados”, pide.

Monseñor Macín ponde como “ícono y síntesis de lo compartido” la elocuente imagen de María al pie de la cruz. “Sabe que ese es el camino para la redención y acepta entregar a su hijo, lo acompaña en su dolor, pero permanece de pie, expresando que la dignidad de la persona nunca se negocia”, expresa.

Y animó: “No nos dejemos arrastrar por la inercia de este río de sufrimiento. Tratemos de reaccionar, cada uno desde sus posibilidades, y adoptemos una actitud positiva y constructiva, de acción, de superación del miedo y de cualquier tipo de engaño. Dios ha confiado el cuidado de la creación a todos; este mandato no es patrimonio o propiedad de algunos”.

“Unamos nuestras fuerzas para erradicar la pandemia y todas sus consecuencias, para quitar la injusticia e inequidad, la corrupción y las mentiras que se tejen en su entorno. Es necesario ‘blanquear la pandemia’ y con un gran respeto a la creación, hacer todo lo que está a nuestro alcance para que no haya muerto tanta gente en vano”, concluyó.+

» Texto completo de la reflexión