Sábado 25 de septiembre de 2021

Mons. Lozano cuenta su experiencia mariana en el santuario de Guadalupe

  • 1 de agosto, 2021
  • San Juan (AICA)
"Me cautivaron una vez más esos ojos de María que, a lo largo de casi cinco siglos, contemplan el corazón de sus hijos peregrinos", reconoció el arzobispo de San Juan de Cuyo.
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El arzobispo de San Juan de Cuyo, monseñor Jorge Eduardo Lozano, detalló que por sus responsabilidades de secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) debió viajar a México y Colombia.

En relación a su escala en la capital mexicana, el arzobispo sanjuanino hizo hincapié en lo bien que le hizo estar alojado cerca de la basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, lo que le permitió visitar varias veces ese santuario, uno de los que más peregrinos recibe en el mundo.

“Eso me permitió, una vez terminadas las reuniones, pasar varias horas rezando ante la bendita imagen impresa en el poncho del indio San Juan Diego”, destacó.

“Me cautivaron una vez más esos ojos de María que, a lo largo de casi cinco siglos, contemplan el corazón de sus hijos peregrinos. Y quise quedarme en su presencia, sentado cerquita de Ella para que mire también mi interior. Pude contemplar en esas horas las miradas, las manos tendidas de muchos devotos que la contemplaban extasiados, unos cuantos con lágrimas”, describió.

Monseñor Lozano señaló que esos rostros se parecen tanto “a los que cruzamos en San Expedito, Santa Bárbara, San Cayetano, Luján… y tantos santuarios que son lugares privilegiados de encuentro de Dios con su pueblo” y detalló: “Viernes, sábado y domingo pude celebrar la misa allí con los peregrinos”.

“Le decía a una amiga que esta oportunidad la había experimentado como un mimo de la Virgen; yo venía con un cansancio grande ante las dificultades que habían surgido para poder realizar este viaje: cancelaciones de vuelos, posibilidades frustradas, trámites engorrosos, me significaron momentos de agobio”, puntualizó, y reveló: “Cuando encontré en una pared las palabras de la Virgen a San Juan Diego, sentí que me invadió la paz: ‘¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?’”.

Monseñor Lozano reiteró que en esos momentos de oración, pidió por el Seminario Nuestra Señora de Guadalupe y San José, los seminaristas y formadores, y agregó: “Por cada uno de los sacerdotes, diáconos y nuestras comunidades, dedicando unos momentos para colocarlos en las entrañas de la Madre. Quise dar gracias a Dios por la entrega generosa de la vida y pidiendo perdón a Dios por los que aún no le hemos abierto la existencia de par en par”.

“Cómo no dedicar delante de la Virgen una acción de gracias por la familia, los amigos, las vocaciones en camino, la Patria, los enfermos, los pobres… Puse bajo su amparo la Asamblea Eclesial, la Iglesia, el Papa, este nuevo servicio en el Celam. Y la historia de la vida”, concluyó.+