Lunes 27 de junio de 2022

Mons. García Cuerva: "Los fariseos no comprenden lo que es sentirse perdonados por Dios"

  • 6 de abril, 2022
  • Río Gallegos (Santa Cruz) (AICA)
En el último domingo de Cuaresma, el obispo reflexionó sobre el hecho de experimentar el amor y perdón de Dios, y la dignidad que devuelve Jesús a la mujer adultera.
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En la homilía de este quinto domingo de Cuaresma, el obispo de Río Gallegos, monseñor Jorge García Cuerva, evocó el Evangelio del Hijo Pródigo: “Cuando volví a la casa del padre me abrazo me besó y me organizó una fiesta. Como recordábamos en la parábola del Padre Misericordioso, no puedo yo dejar de hacer lo mismo con los demás, tratarlos con la misma misericordia con la que Dios me trata a mí”.  

“Pareciera que estos fariseos y escribas siguen sin entender el mensaje de Jesús, siguen sin comprender lo que es sentirse amado y perdonado por Dios. No pueden entender que también esa misericordia es para los demás, por eso, con extrema crueldad hoy le traen a Jesús a esta mujer”, y señaló que “estos fariseos se creían dueños de la religión, aunque no habían experimentado en su propia vida el amor”.

Luego, se detuvo en el gesto de Jesús de escribir en el suelo: “Hay una buena enseñanza en esto, a veces es bueno tomarse el tiempo antes de responder. A veces es bueno hacer cierto silencio y no reaccionar de manera impulsiva”. Y entonces, al decir: "«El que esté libre de pecado que arroje la primera piedra», se desploma todo el sitema religioso de los fariseos".

Jesús le devuelve la dignidad a la mujer, “le regresa todo el protagonismo en su propia historia, liberándola de esos dedos acusadores hipócritas”. 

“Esta mujer que, quizás, en su vida, había estado buscando el amor en los brazos de distintos hombres, descubre definitivamente al amor absoluto, al amor con mayúsculas, a Jesús”, agregó.

Ya cerca de Semana Santa, el prelado animó a “experimentar el profundo amor que Dios nos tiene, que podamos, al igual que esa mujer pecadora sin vergüenza, desnudos en el corazón, en el alma, ponernos delante de Dios, y tan solo decirle: ‘Señor aquí estoy, necesito de tu amor’ y que él nos venga a decir: ‘Vete no peques más en adelante’”.+