Lunes 14 de junio de 2021

Mons. García Cuerva: "Después de mañana, una Iglesia renovada, una caridad creativa"

  • 28 de mayo, 2020
  • Río Gallegos (Santa Cruz) (AICA)
En el marco de la pandemia, el obispo de Río Gallegos emitió una carta pastoral titulada
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En el marco de la pandemia del Covid-19, el obispo de Río Gallegos, monseñor Jorge García Cuerva, emitió una carta pastoral titulada “Después de mañana, una Iglesia renovada, una caridad creativa”.



En este tiempo de pandemia “tiempo difícil y desafiante, pero a la vez fuente de algo nuevo”, el obispo afirma que estamos “invitados a una nueva etapa, distinta… muy distinta”. En ese sentido, recuerda las palabras del Señor: “Yo hago nuevas todas las cosas”.



“Cuando esta afirmación de Dios se hace certeza en nosotros, podemos buscar con alegría, entre lo que acaba, el brote germinal de lo que comienza, aunque no tengamos al alcance grandes signos que nos indiquen los caminos y senderos por donde hay que seguir”, sostiene.



“Esta es la propuesta de la carta pastoral del año 2020, en el contexto del aislamiento social, la cuarentena por la pandemia. Tiempos complejos, donde más que nunca estamos llamados a renovar la fe y la esperanza en un Dios Padre y Madre que no nos abandona, y que con el autor del Apocalipsis nos vuelve a decir de manera contundente: ‘Esta es la morada de Dios entre los hombres; él habitará con ellos y serán su pueblo; Dios estará con ellos y será su Dios’”.



“Para todos es un tiempo difícil que exige de nosotros cambios en las costumbres, en los proyectos de vida, en lo que teníamos programado en lo personal, en lo familiar, en lo comunitario. El país y el mundo se ven desafiados. La humanidad vive una gran incertidumbre. Decía el papa Francisco en la oración que conmovió al mundo el 27 de marzo: La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades”.



“A la vez compartimos sentimientos que nos han hermanado, que nos han hecho tomar conciencia de que estamos todos en la misma barca. Nos encontramos asustados y perdidos. (…) Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente”.



En la carta pastoral, el prelado repasa la historia, centrándose en la epidemia de la fiebre amarilla de 1871, su desarrollo en la ciudad de Buenos Aires, y las diferentes actitudes que entonces suscitaba en la población. También destaca la acción de la Iglesia en aquel tiempo, y la actitud de sacerdotes que ejercieron su ministerio “con heroísmo evangélico”, según expresan los documentos de la época.



En ese sentido, considera que “las conductas se repiten”, y tanto en 1871 como hoy ante la pandemia del coronavirus, hay quienes huyen del problema o lo niegan; están los que se dejan ganar por el miedo; los que hacen negocio con la epidemia; y los que se comprometen y están a la altura de las circunstancias.



En la pandemia que nos toca vivir hoy, los templos cerraron de acuerdo con las disposiciones nacionales y provinciales, “pero a la vez, la Iglesia, Pueblo de Dios, es un ‘hospital de campaña’, cerca de los que sufren; Iglesia de puertas abiertas con los comedores, con la entrega de viandas, con la asistencia a los enfermos”.



Por otra parte, el obispo se pregunta si esta situación dará origen a un nuevo modo de ser Iglesia: "¿Será un nuevo llamado? ¿Una nueva vocación?". Y recordando las palabras de San Óscar Romero, expresa: “Dios es vida, Dios es evolución, Dios es novedad, Dios va caminando con la historia del pueblo, y el pueblo creyente en Dios no debe aferrarse a tradiciones, a costumbres, sobre todo cuando esas costumbres y esas tradiciones empañan el verdadero Evangelio de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. Tiene que estar siempre atento a la voz del Espíritu. Convertirse, ir en pos de ese Evangelio, de ese llamamiento del Señor. Todo el que se sienta seguro y que crea que no tiene necesidad de cambiar, es fariseo, es hipócrita, es sepulcro blanqueado; está muy seguro, pero sabe su conciencia qué reclamos le está haciendo”.



“Las ideas nuevas que nos exige este tiempo nos llevan a propuestas superadoras: trabajar en equipo, fortalecer los proyectos diocesanos y parroquiales; articular con los distintos estamentos del Estado; y asumir que Cáritas somos todos, porque, como dice Francisco, quien vive la misión de Caritas no es un simple agente, sino un testigo de Cristo. Una persona que busca a Cristo y se deja buscar por Cristo; una persona que ama, con el espíritu de Cristo, el espíritu de la gratuidad, de la entrega”.



En ese sentido, propone una pregunta para renovar la mirada y sumar ideas en las Cáritas parroquiales: “¿Cuáles son las nuevas pobrezas que podemos acompañar?, la pobreza de la depresión, del alcoholismo, de la soledad, de los intentos de suicidio. Podríamos decir que no son pobrezas tradicionales, pero son nuevos desafíos que se nos presentan, aun en las localidades más pequeñas de la diócesis”, advierte, sin olvidar a los “nuevos pobres”, hermanos que en otro momento no hubiesen pasado necesidades, que en otro momento no hubiesen pedido un plato de comida o una caja de mercadería".



A la par de esta nueva situación, monseñor García Cuerva destaca la aparición de nuevos voluntarios, manos solidarias y comprometidas con los demás, e invita a escuchar lo que tienen para enseñar: “La pandemia es una buena oportunidad para la revisión y conversión personal y comunitaria”, afirma.



“Que podamos aprender del tiempo de pandemia; que todos se sientan protagonistas en nuestras comunidades, en nuestros colegios, en nuestros grupos; que nadie tenga que ‘pagar derecho de piso’; que demos lugar a gente nueva, que se sientan bien recibidos; somos Iglesia, comunidad grande con lugar para todos.”, aconseja.



Además, anima a la creatividad en la transmisión de la fe, a la organización de la caridad en articulación con el Estado y otras organizaciones, y a volver a descubrir la “iglesia doméstica”. “Aunque estemos aislados, el pensamiento y el espíritu pueden llegar lejos con la creatividad del amor. Es lo que hace falta hoy: la creatividad del amor”, sostiene.



“La celebración de los 500 años de la primera misa en territorio argentino no fue como pensábamos; habíamos organizado una fiesta de tres días, con una gran participación popular, con autoridades civiles y religiosas, bajo la consigna ‘celebración y encuentro’, y ‘sólo’ pudimos compartir una misa por los medios de comunicación y las redes sociales. Y explícitamente pongo ‘sólo’ entre comillas, porque de una manera nueva, diversa, única, todos nos sentimos parte de esa celebración. El mantel del altar, con más de mil quinientas intenciones en sus flecos, la cantidad de gente que participó en vivo por los diferentes medios, la carta del Santo Padre Francisco que incluso resaltó ese signo, los mensajes de los obispos de muchas diócesis, los saludos de muchísima gente de todos los puntos del país; todos alrededor de la mesa del altar, celebrando la Eucaristía, una verdadera comida con sabor a todos”.



Monseñor García Cuerva recuerda que “Cáritas somos todos”, que es “amor en obras”, y resalta su objetivo de “que cada persona sea más humana, más digna, porque así lo quiere Dios que nos creó a su imagen y semejanza”. En ese sentido, destaca los tres aspectos fundamentales del servicio de Cáritas: la asistencia a las familias más pobres, la promoción humana, y la dimensión transformadora, modelo de una sociedad equitativa. Por eso, considera necesario que las Cáritas “trabajen muy unidas a todas las problemáticas y los desafíos que se nos presentan en la sociedad: la realidad de los migrantes, de los jóvenes adictos, de la educación, del trabajo, de las mujeres, de los pueblos originarios”.



“La Iglesia es madre de corazón abierto que sabe recibir especialmente a quien tiene necesidad de mayor cuidado, que está en mayor dificultad. Y cuánto bien podemos hacer si nos animamos a aprender este lenguaje de la hospitalidad, este lenguaje de recibir, de acoger. Cuántas heridas, cuánta desesperanza se puede curar en un hogar donde uno se pueda sentir recibido. Para eso hay que tener las puertas abiertas, sobre todo las puertas del corazón”, asegura.



Para ello, el pastor de Río Gallegos invita a “pasar de la lógica del egoísmo, de la clausura, de la lucha, de la división, de la superioridad, a la lógica de la vida, de la gratuidad, del amor. De la lógica del dominio, del aplastar, manipular, a la lógica del acoger, recibir y cuidar”.



“Ojalá podamos con este tiempo de pandemia aprovechar la oportunidad, y ser de ahora en adelante los que estemos cerca de Jesús abriendo siempre la puerta, que la puerta del Señor sea una puerta abierta a los que sufren, que la puerta del Señor no tenga patovicas ni porteros, que la puerta del Señor sea realmente la que se abre para felicidad de tantos que necesitan”.



Finalmente, destaca tres aspectos para vivir de verdad la caridad: la cercanía real y concreta; la presencia, no sólo en acciones aisladas sino con la atención puesta en el otro; y el vínculo, una estrecha relación de familiaridad, porque los pobres no son nunca objeto de nuestra caridad, son hermanos, son el mismo Señor que sale a nuestro encuentro.



Que nuestras Cáritas, que toda nuestra Iglesia, se sienta comprometida con la cercanía a los que sufren, con la presencia en sus luchas y anhelos; con el vínculo afectivo con los pobres, con los que están angustiados, con los que están solos y desesperanzados.



Como conclusión, el obispo anima a vivir este tiempo como un tiempo de oportunidades, “de un nuevo modo de ser Iglesia, de nuevas maneras de pensar, de nuevos agentes pastorales; lo que no podemos es caer en la tentación de creer que esto es un momento de transición, y que en unos meses volveremos a hacer todo como antes. Tampoco, creer que todo empieza ahora; tenemos una historia; un camino ya recorrido y la experiencia de nuestros mayores, haciéndonos cargo de las raíces, porque de ellas viene la fuerza para crecer y fructificar”.



“Los invito a consolidar esta experiencia de pandemia como un gran aprendizaje, abrirnos a la acción del Espíritu Santo, que sopla donde quiere, desinstalándonos, animándonos, renovándonos, comprometiéndonos con Cristo y los hermanos en un verdadero y nuevo Pentecostés”, exhorta.



“En esta pandemia, Cristo, a quien sacramentalmente en la Eucaristía no lo pudimos recibir, aparece crudamente en cada hermano necesitado. Templos cerrados, sagrarios cerrados y calles desiertas; pero Cristos vivientes, desnudos, sin trabajo, en las filas de los comedores, en las casas esperando mercadería, en una pensión indigna añorando su Patria, en una cama muy enfermo; en un geriátrico muy solo”. “Y en cada voluntario que animado por el Espíritu de Dios se comprometió en la caridad con los más necesitados”.



“¿Y todavía nos preguntamos dónde está Dios en tiempos de pandemia?”, concluye.



Texto completo de la Carta Pastoral.+