Miércoles 18 de mayo de 2022

Mons. Buenanueva: Descubrir que caminamos juntos es estar tocando Su costado

  • 27 de abril, 2022
  • San Francisco (Córdoba) (AICA)
El obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, compartió sus reflexiones sobre el Evangelio en el periódico "La Voz de San Justo".
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En el domingo de la Divina Misericordia, el obispo de San Francisco, monseñor Sergio Osvaldo Buenanueva, compartió sus reflexiones sobre el Evangelio en el periódico “La Voz de San Justo”.

El prelado comenzó su columna con una cita del Evangelio de Juan: “Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: «¡Hemos visto al Señor!». Él les respondió: «Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré»”.

Al respecto, consideró: “La suya es una ‘incredulidad benéfica’. Tomás experimenta la fatiga de la fe que todos los creyentes podemos reconocer en nuestros corazones: la de una fe siempre peregrina, inquieta y ansiosa. Es lo normal en la vida de cualquier creyente o comunidad cristiana”, reconoció.

“La pretensión de Tomás es legítima: experimentar personalmente a Jesús resucitado. Y lo conseguirá. Solo que no será una proeza suya, sino un regalo. Tampoco una experiencia solitaria, sino un camino compartido con otros caminantes”, señaló.

Además, observó: “El Evangelio añade este dato precioso: todo acontece el ‘primer día de la semana’. Es en la Eucaristía compartida con los hermanos, el día del Señor, que los creyentes hacemos la experiencia de ‘tocar a Jesús resucitado’. O, como le dicen los discípulos: el día en que podemos ‘ver’ al Señor que se nos muestra, nos hace oír su Palabra y nos da su Paz”. 

“Tomás no se quedó cómodo en su incredulidad. Se arriesgó a buscar. Pudo así dejarse aferrar por la certeza de la fe: «¡Señor mío y Dios mío!», exclamó tocando al Resucitado”, recordó. 

Finalmente, rezó así: “Somos como Tomás, Jesús. Queremos verte y sentir tu Presencia. Anhelamos la Paz que nos traes del corazón del Padre. Anhelamos el aliento de tu Espíritu. También nosotros somos peregrinos fatigados por el camino. Así te buscamos. Descubrir que caminamos juntos, como hermanos, es ya estar tocando tu costado abierto del que brotó Sangre y Agua. Amén”.+