Miércoles 29 de junio de 2022

Mons. Braida: Con Cristo podemos enfrentar juntos los males de este tiempo

  • 24 de mayo, 2022
  • Chilecito (La Rioja) (AICA)
El obispo de La Rioja, monseñor Dante Gustavo Braida, presidió el 22 de mayo la misa en honor de Santa Rita, en el santuario de Chilecito.
Doná a AICA.org

Con una misa en la iglesia Sagrado Corazón y santuario Santa Rita, en Chilecito, la comunidad celebró el 22 de mayo a su santa patrona.

La Eucaristía estuvo presidida por el obispo de La Rioja, monseñor Dante Gustavo Braida, quien resaltó la alegría de estar celebrando la fiesta de manera presencial, luego de dos años de hacerlo desde los hogares. “Para mí es una alegría especial porque es la primera vez que puedo venir a compartir este momento de gracia y a recibir la ayuda e intercesión de Santa Rita”, reconoció.

En referencia al Evangelio, consideró que “Jesús nos hace una promesa que la cumplirá cuando nos envíe al Espíritu Santo y, a través de él, habite en nosotros la Santísima Trinidad. Desde que fuimos bautizados Dios vive y habita en nosotros, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”.

“Lo más grande, lo mejor, el todopoderoso, el Dios humilde y lleno de amor vive en cada uno de nosotros. Con él podemos contar a toda hora y en todo lugar, en las alegrías y en las tristezas, en los momentos de bonanza y en las dificultades”, valoró, al tiempo que aclaró que “para que Él nos guíe en todo momento hace falta que lo invoquemos constantemente y de modo particular cuando rezamos, leemos su Palabra, cuando lo buscamos en la intimidad de nuestro ser”.  

Santa Rita, recordó el prelado, “fue una mujer de oración, caminó con Jesús toda su vida y con Él iba descubriendo el camino a seguir cada día. Como ella, también nosotros estamos llamados a perseverar en una vida orante que nos lleva a dejar de lado todo egoísmo y autorreferencialidad para que solo en el Señor podamos abandonarnos con entera confianza”, aseguró.

Siguiendo con el Evangelio, destacó que necesitamos paz interior y un ambiente de paz. “Para eso hace falta tener todo lo que necesitamos para crecer como seres humanos: el alimento cotidiano, el vestido, techo, educación, un trabajo, los afectos, una sana integración social, vida espiritual activa”, enumeró. “Habitualmente hay muchas situaciones que nos perturban en la vida y de muchas de ellas nos cuesta salir, y la paz se nos hace costosa. Por eso necesitamos suplicarla y pedirla a aquel que nos la da en plenitud y que además nos anima e invita a confiar totalmente en Él al decirnos: ‘¡No se inquieten ni teman!’”, exhortó.

Retomando el testimonio de Santa Rita, el obispo recordó que en su vida también hubo problemas: “Problemas con su esposo, con sus hijos, problemas que ponían en peligro la salvación de ellos”, pero “Rita tenía una visión muy amplia de la vida. Tenía bien presente que Dios nos creó para el cielo y Jesucristo nos vino a rescatar del mal para que llevemos una vida digna aquí y nos encaminemos a la plenitud el día que tengamos que partir. Por eso vivió muy comprometida con la conversión de su esposo y de sus hijos que, finalmente, se dan luego de un proceso difícil pero fructífero. Ella confió en el Señor aun cuando las situaciones eran difíciles. Porque confió no fue defraudada”, destacó.

“También en nuestras vidas hay dificultades y, a veces, situaciones de difícil resolución. Por eso también nosotros estamos llamados a confiar en el Señor y a poner todo de nuestra parte. “El Señor nos da su Paz, nosotros tenemos que recibirla y compartirla de modo concreto. Por eso ante dificultades en la familia necesitamos escucharnos mucho, dialogar, darnos tiempo para realizar procesos de cambio. Necesitamos animarnos al perdón, a soñar juntos, a concretar proyectos, a luchar juntos en los problemas que se presentan. También necesitamos orar personalmente y en familia”, consideró.

También ante los problemas que surgen en la Iglesia, el obispo instó a superarlos “con oración, mucha escucha, diálogo y con un discernimiento comunitario”, como en las primeras comunidades, que “juntos llegaron a descubrir la voluntad de Dios y desprenderse de lo que limitaba la vida de fe y asumir con mayor libertar la vida y la misión de la Iglesia”.

En ese sentido, llamó a vivir fuertemente la sinodalidad, poniendo de manifiesto “que en la Iglesia todos tenemos un lugar propio y mucho que aportar caminando junto con los demás”.

“Guiados por el Espíritu Santo, necesitamos renovarnos y actualizarnos en cada grupo de catequesis, en los movimientos eclesiales, en las áreas pastorales. Si es necesario, tenemos que crear nuevos grupos para responder a los nuevos desafíos de este tiempo. Si nos sentimos llamados a ello no miremos para otro lado”, exhortó. “Hoy, como Iglesia, tenemos que salir y estar al lado de quien lo necesita, de los más pobres y sufrientes, de quienes no han tenido o no tienen un buen ambiente familiar, de quien está preso de alguna adicción, también de quienes están absorbidos en un consumismo que siempre ahoga y aísla. Esa presencia cercana y oportuna es una señal clara de que estamos en el camino del Evangelio”, sostuvo.

Ante los males que afectan a la actualidad, el obispo llamó a “no acostumbrarnos” y enfrentarlos juntos porque “con Cristo el mal es vencido y con la fuerza de su Cruz podemos enfrentar juntos los males de este tiempo”. 

Para eso, afirmó, “es necesario salir de nosotros mismos, no quedarnos encerrados en nuestros cálculos limitados o en especulaciones egoístas. Abrámonos a Dios en primer lugar y, si reconocemos que el mal nos ha desviado, volvamos a Él inmediatamente, pidamos perdón, recurramos al sacramento de la reconciliación y sigamos adelante procurando, con su ayuda, no volver a las faltas pasadas”.

“Para enfrentar los males de nuestra sociedad es necesario que salgamos también al encuentro de otros hermanos que buscan trabajar por una sociedad más justa, libre de toda corrupción y violencia. Tejiendo redes con otras personas o entre instituciones que buscan algo nuevo y mejor para la sociedad el bien puede vencer a tantos males enquistados”, alentó.

“No vivimos tiempos fáciles. Saliendo de la pandemia la crisis económica afecta la vida de muchos ciudadanos. Sin embargo, este puede ser un tiempo donde nos animemos a algo mejor”, anheló, llamando a alimentar lo bueno, aprovechar la oportunidad y ponernos todos al servicio del bien común.

“Queridos hermanos y hermanas, este es nuestro tiempo. Tenemos que aceptarlo y amarlo. Tenemos que asumirlo y, como lo hizo santa Rita, hoy recorrer nuestro propio camino de santidad porque sí, Dios se juega por nosotros cada día y nos ayuda para que todos seamos santos en la vida cotidiana. Él vive en nosotros y a cada momento nos sigue donando su Amor y su Paz para que siempre sembremos algo bueno y bello en nuestro caminar diario y, construyendo sociedades más justas y participativas nos encaminemos juntos a la patria eterna, nuestra morada definitiva”, concluyó.+