Sábado 26 de noviembre de 2022

Mons. Bokalic en la fiesta del Mailín: "Toda vida es un don del amor de Dios"

  • 14 de mayo, 2018
  • Villa Mailín (Santiago del Estero)
El obispo de Santiago del Estero, monseñor Vicente Bokalic CM, presidió el 13 de mayo la misa en honor de Nuestro Señor de los Milagros de Mailín. En su homilía, el prelado afirmó que "el Señor siempre nos espera para recrear su vida en nosotros. Sólo el Amor hace nuevas todas las cosas. Junto al Señor nada es imposible: con Él renace la esperanza de una vida más digna".
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El obispo de Santiago del Estero, monseñor Vicente Bokalic CM, presidió el 13 de mayo la celebración central en honor de Nuestro Señor de los Milagros de Mailín, celebrada ante una multitud en la histórica villa que lleva su nombre.

En su homilía, el prelado expresó: "Señor de los Milagros de Mailín, mirando tu cruz, reconocemos nuestra dignidad".

"¡El designio de Dios es salvar!", exclamó monseñor Bokalic. "Lo adoramos porque nos compró con su sangre derramada en la cruz. Lo adoramos y bendecimos porque su amor trasforma desde dentro la condición pecadora de todos nosotros. Lo adoramos porque nos amó primero, sin echarnos en cara nuestros egoísmos, infidelidades, injusticias y toda clase de maldad. Lo adoramos porque venció el mal y la muerte y vive para siempre. Este Señor que entregó su vida en la Cruz, por amor, ha vencido: ¡Resucitó y vive! Es nuestra esperanza y el camino seguro de nuestra meta", añadió.

"En un mundo que ha perdido la alegría y esperanza, esta celebración nos renueva sueños, proyectos, compromisos y luchas. Por ello venimos a Mailín: a encontrarnos con el Señor de la vida", consideró.

El prelado reconoció que "venimos cargados de preocupaciones, quebrantos, tristezas, de lágrimas, de dolor familiar y comunitario. Sentimos hondamente que el reino del mal está a un paso o estamos inmersos en él. Por momentos nos caemos, sin fuerzas, descreídos, a veces también desesperanzados como los apóstoles frente a la Pasión de su Maestro. No comprendemos la Cruz del amigo Jesús. Tampoco comprendemos las nuestras", sin embargo, destacó, "el Señor siempre nos espera para recrear su vida en nosotros. Sólo el amor hace nuevas todas las cosas. Junto al Señor nada es imposible: con Él renace la esperanza de una vida más digna".

"Aquí en Mailín nos sentimos en casa, nos reencontramos con el amor primero, renovamos nuestro bautismo, volvemos al camino... después de despreciar u olvidar el amor del Padre, nos hacemos y sentimos familia", continuó monseñor Bokalic.

"Contemplando silenciosamente al Señor forastero reconocemos y recuperamos nuestra dignidad. Es que nuestro Dios creador nos creó a su imagen y semejanza". En ese sentido, recordó que "hay algo de Dios en cada criatura que nace en nuestra tierra. ¡Toda vida es sagrada! Y hay vida desde el momento de la concepción hasta el último suspiro, pasando por todas las etapas, situaciones, condiciones sociales, de prosperidad y de pobreza y miseria".

"Toda vida es un don del amor de Dios. Y nos duele y nos rebela que se juegue tanto con la vida. Dios comparte con nosotros la responsabilidad de cuidar toda vida. Jesús, el verdadero Dios y verdadero hombre, con su entrega en la cruz y su resurrección restableció la dignidad de estos hombres", enfatizó.

"Jesús, en su infatigable peregrinar y encuentro con la gente, les devuelve la vida a los marginados y despreciados por los demás, les otorga nuevamente sus derechos, el verdadero sentido, los integra a la sociedad y, de paso, les ofrece la sanación física y espiritual. Claro está que la compasión de Jesús no discrimina: siempre mira a la persona. El interrogante para nosotros es: ¿Cómo miro a los hermanos, con ojos compasivos y misericordiosos o excluyentes?", planteó.

"Es tiempo de misión, de salir, de anunciar el Reino de la vida, es tiempo de compartir lo que recibimos gratuitamente. Es tiempo de mirar de frente, con amor afectivo y efectivo a tantos hermanos que enfrentan situaciones de vida que los dejan sumergidos en la angustia, en la desesperanza, en la soledad y abandono más cruel. Si somos verdaderos adoradores del Señor de los Milagros, no podemos quedarnos tranquilos, con los brazos cruzados o hacernos los desentendidos. No podemos olvidarnos de aquello de San Juan de la Cruz: ´En el atardecer de la vida nos juzgarán en el amor´", señaló.

Finalmente, recordó que "a este Señor que encontramos en el madero sagrado de la Villa de Mailín, lo encontramos en nuestras casas, barrios, talleres, escuelas. Es la carne de Cristo que vive y sufre en tantos pobres. Ese será nuestro examen cuando vuelva el Señor Jesús y entregue el Reino al Padre. Vayan a todos los pueblos de la tierra a proclamar las maravillas de nuestro Dios que nos creó y nos salvó. Que nos restableció en una dignidad única e incomparable. Es hora de trabajar, de luchar, de enfrentar los poderes del mal, de la violencia, de la injusticia, de la mentira, de la discriminación, con la fuerza que viene de lo alto".

"Señor Forastero, danos un corazón semejante al tuyo. Danos la valentía de aceptar nuestra cruz, que seamos capaces de asumirla y comprenderla. Danos la fuerza que necesitamos para que seamos capaces de ver a Dios en el otro y para comprometernos a cuidar la vida en todas sus formas", concluyó.+

» Texto completo de la homilía